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Jesús hace fila entre todos para ser bautizado
La humildad es una conquista, una tarea de todos los días.


Por: Pbro. Joaquín Dauzón Montero | Fuente: Semanario Alégrate



En el domingo que celebra el Bautismo del Señor, además de mencionar la frase: “Tú eres mi Hijo, el predilecto; en ti me complazco”, del final del texto evangélico, que nos ayuda a comprender el significado del bautismo de Jesús, y de darnos cuenta de la revelación de la Santísima Trinidad, cosa que notamos en otros textos como el de la anunciación, podemos reflexionar sobre algo que me ha llamado la atención. Me refiero concretamente a la frase siguiente: “Sucedió que entre la gente que se bautizaba, también Jesús fue bautizado”. Esta traducción sugiere que Jesús, no sé que dijeran los expertos, hace fila entre todos para ser bautizado. Por eso quiero pensar en quien, siendo Dios, se anonadó a sí mismo tomando nuestra condición humana y nos dio ejemplo de la más profunda humildad.

Por eso decía, con toda verdad: “Aprendan de mi que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso”. ¡Cuánta falta le hace a la humanidad y a cada uno de nosotros, adquirir la virtud de la mansedumbre y ser humilde! A propósito, anduve preguntando qué se entiende por humildad y qué podríamos aprender sobre ésta. Textualmente dicen algunos: “La humildad se manifiesta en el autoconocimiento, en saber de qué somos capaces, hasta dónde podemos llegar, y cuáles son nuestras fortalezas y debilidades... Es el conocimiento de uno mismo”.

Otros agregan: “una persona humilde es modesta, sencilla, sin complejos de inferioridad o de superioridad”. Alguien dice, además, que es una actitud del corazón. ¡Piensen ustedes lo que pudiera ser! Pero, si es cierto que Jesús, como verdadero Hijo del hombre, actuando como sólo Él podía hacerlo, se identificó, se solidarizó, con todos, especialmente con la gente pobre y sencilla que lo buscaba, para devolverles su dignidad arrebatada por lo gente altanera, soberbia, que se aprovechaban de ellos para satisfacer sus ambiciones personales o de partido, cuando se trata de servidores públicos.

Ciertamente, Jesús supo valorar a los demás, ponerse a su disposición, no para ser servido sino para servir, supo escuchar a sus hermanos, aceptó sus limitaciones, supo perdonar, levantar a los caídos, pidió ayuda, fue agradecido y, por ser quien era, nunca fue servil ni acomplejado. Jesús fue un niño necesitado en los brazos de su Padre y, por eso, pudo decirnos que la condición para gozar del reino del Padre es hacerse como uno de ellos.

Finalmente, la humildad es una conquista, una tarea de todos los días; si quieren, una batalla entre el bien y el mal, cuyas armas son la mentira en la que sucumben aquellos que se elevan y se magnifican a través de unos valores que no son aquellos que nos ha enseñado quien busca el bautismo de Juan, solidario con nosotros, porque Él no tenía necesidad de hacerlo, siendo quien es: el Señor.









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