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Ayudando refugiados ucranianos
Hablan las Hermanas Nadia y Joanna de la Congregación de las Siervas de la Beata Virgen María Inmaculada.


Por: Ana Paula Morales | Fuente: Catholic.net



En una entrevista realizada con la Hermana Superiora Nadia, S.A.M.I., y la Hermana Joanna, S.A.M.I., de la Congregación de las Siervas de la Beata Virgen María Inmaculada – congregación religiosa femenina de la Iglesia greco-católica ucraniana de rito bizantino y de derecho pontificio, fundada en 1892 por el monje basiliano ucraniano Jeremiah Lomnytsky y por la monja Josafata Hordashevska – hablaron acerca del apostolado que están realizando para la atención de los refugiados de la guerra entre Rusia y Ucrania. Esto conforme al término de sus actividades pertenecientes a la Congregación y su labor en la Nunciatura Apostólica de Bélgica, por lo que el apoyo a los refugiados lo hacen fuera del tiempo de sus labores cotidianas. También explicaron los carismas de la congregación, la acción de Dios en las personas que van tratando a lo largo de su ministerio y se dio un mensaje para la construcción de la paz.

En un primer momento, expresaron que la ayuda que proporciona las Siervas de María Inmaculada a los refugiados es principalmente el acompañamiento espiritual y el proporcionar los medios para mantenerlos a salvo y tengan esperanza para un futuro mejor. Los carismas de la congregación son tres: los niños, los enfermos y los ornamentos litúrgicos; por lo que la mayor labor para los ucranianos desemboca en los niños y en los enfermos.

Las Hermanas comentaron que cuando las familias llegan a Bélgica las ayudan en buscarles un hogar dónde quedarse a vivir, si tienen problemas para el idioma les traducen, cuando alguien está enfermo lo llevan al médico; pero si es una enfermedad de gravedad llevan al hospital al enfermo junto con su familia, ya estando en la clínica se quedan acompañándolos y les traen comida a los familiares que esperan al paciente. También llevan consigo a un sacerdote para que pueda administrarles los sacramentos, especialmente la penitencia, la Unción y la Eucaristía. En pocas palabras, la ayuda que ellas proporcionan versa principalmente en realizar las conexiones necesarias para su estancia.

La estancia de los ucranianos refugiados dentro de la congregación puede durar entre 3 o 4 días antes de ser acomodados en una casa y habiéndoseles buscado una forma de sustento para poder ganar dinero honestamente.

Al comentar sobre las ayudas espirituales, las Hermanas resaltaron que se busca efectivamente que se les evangelice, que vuelvan a tener fe, que asistan a la Iglesia, especialmente a la Celebración Eucarística, en miras a hacer ver que toda la ayuda proporcionada viene de Dios, que da los medios a la Congregación para poder ayudar a otros, para que pueda estar presente el agradecimiento y la alabanza a Dios en los corazones de los refugiados.



Las Hermanas mencionaron con tristeza que la situación de los ucranianos es difícil, puesto que sus casas han quedado destruidas, sus fuentes de trabajo y de bienestar económico se ha esfumado, por lo que tratan de animarlos a aprender, a pensar en que todo puede tener solución, pero sobre todo a creer y tener esperanza. Por otro lado, las ayudas que se dan a los refugiados también provienen de las personas que asisten a la Parroquia y que están en contacto con las Hermanas, debido a que juntas despensas y rezan por ellos.

Al hablar de que la Congregación se encuentra en varios países de Europa, como son Italia, Francia, Alemania, Eslovaquia, y en países de América, Brasil y Argentina, hicieron mención de cómo fueron surgiendo los carismas de la comunidad, haciendo alusión a que la Co-fundadora, Josafata Hordashevska, al conocer la situación de los niños que se quedaban solos en casa, debido a que sus padres se iban a trabajar en los campos, la Madre adquirió instrumentos musicales para enseñar a los niños a cantar y tocar. En cuanto al carisma de auxilio a los enfermos, la Hermana Nadia. comentó: “Después ella vio que había muchos enfermos y eran gente pobre, por lo cual no podían ir al médico a curarse. Así que ella adquirió un libro sobre medicina y comenzó a aprender sobre las medicinas que se necesitaban para curar varias enfermedades y con ello poder ayudar a los pobres en sus dolencias. De ahí que esto se implementó en nuestro carisma”. Al formar parte del carisma de la comunidad la atención a los enfermos, hay por ello Hermanas que son doctoras o enfermeras y apoyan laborando en hospitales, esto especialmente en Polonia y Brasil.

Finalmente, las Hermanas hablaron sobre la acción de Dios. La Hermana Nadia mencionó con convencimiento que “Dios actúa en la vida de las personas, de alguna u otra forma, Dios participa en sus corazones, en sus trabajos, en su salud”. Sin embargo, donde más ven la acción de Dios y de su misericordia es cuando se proclama el mensaje de Cristo y de su Evangelio de Salvación, ya sea dentro de la Celebración Eucarística o en la evangelización cotidiana, porque algo se mueve en el corazón de los interlocutores, por lo que la gracia actúa en ellos haciendo que cambie su forma de pensar y de vivir, adquiriendo nuevos hábitos y renunciando a aquello que los aleja de Dios. La acción de Dios en el momento oportuno hace que sucedan milagros todos los días en las cosas cotidianas, pero que pueden producir grandes frutos de salvación. Por su parte, la Hermana Johanna dijo que “para empezar la paz hay que construirla primero cada uno desde su paz interior, si la paz viene desde uno mismo, puede estar en paz con su familia y con los otros y con ello llegar a la armonía del mundo; por lo tanto, hay que rezar mucho por la paz interior”.







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