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La radicalidad de la vida cristiana
Quien ha dejado todo para seguir a Jesús no puede vivir añorando lo que ha dejado atrás.


Por: Pbro. Francisco Ontiveros Gutiérrez | Fuente: Semanario Alégrate



Cristo ha sido un hombre radical

Al contemplar el modo en que Jesús hacía las cosas, la manera en que se conducía, la forma tan determinante de sus posturas e intervenciones. La manera como se relacionaba con los demás: con sus discípulos, con los niños y mujeres, con los poderosos. Incluso con el mismo Dios, su Padre, reconocemos en Él un hombre valiente, decidido. Un hombre radical. Su visión de las cosas, la jerarquización de los valores con los que se conducía, dejan al descubierto un hombre que, evidentemente, resultaba inusual, distinto, atrayente. Deslumbraba con la manera de responder, con el modo de enfrentar, con sus silencios, con sus analogías. Jesús es el ejemplo más claro de equilibrio entre espontaneidad, libertad y radicalidad.

Una radicalidad contagiosa

Es sorprendente, a su vez, que la invitación que Jesús hace ha de acogerse con libertad, con profunda liberalidad. Ligeros de equipaje. No se puede seguir al Señor cargados de tanto, con la ebullición de apegos por todos lados. Y es que no es que Jesús sea un dios trascendentalmente celoso. Aventurarse a seguirlo exige decisión, tozudez, valentía, donación constante. Por eso, ha de entenderse como una oferta que hace el Señor, sólo para el que quiera “si alguno quiere acompañarme” (Lc 9,23). Por ser tan grande y delicada, la ofrece sólo para el que quiera. Sin embargo, seguirlo con ese empuje es un don. Necesitamos de su gracia, nuestras fuerzas humanas son muy limitadas y tímidas a este respecto.

Una firme determinación



Muchas veces cuando alguien toma una firme determinación de hacer algo, recibe rechazo, alrededor hay voces que se pronuncian en contra de lo que uno ha decidido. Esa fue la experiencia de Jesús y es la constante experiencia de los discípulos, el mundo rechaza las decisiones firmes, determinantes. Jesús muestra que ante el rechazo lo menos que se debe hacer es actuar con violencia, es preferible ser benevolentes, orar por los que nos persiguen y maldicen, perdonar y vencer el mal con la fuerza del bien. Cuando los discípulos han entendido las condiciones que destaca Jesús para el seguimiento ellos decidirán si tienen las fortalezas y oportunidades suficientes para seguirlo en un estilo de vida itinerante y pobre, con un anuncio gozoso, amando al prójimo sin distinciones, escuchando la Palabra y poniéndola en práctica, orando sin desfallecer, siendo luz y sal con tal de vivir en la dinámica de Reino y extendiendo este estilo de vida.

Inseguros e inmediatos

Unas condiciones más del seguimiento de Jesús, en las que se descubre la radicalidad de la vida cristiana son la renuncia a las seguridades de este mundo y la presteza de la respuesta. Quien se decida seguir a Jesús deberá tener claro que no hay comodidades y seguridades de las que afianzarse. “El Hijo del hombre no tiene donde recostar la cabeza” (cfr. Lc 9,58). Seguirlo no admite postergaciones, la respuesta ha de ser inmediata, dejando todo incluso las relaciones familiares (cfr. Lc 9,60). Quien ha dejado todo para seguir a Jesús no puede vivir añorando lo que ha dejado atrás, su tesoro es Dios y el Reino. (Cfr. Lc 9,62).







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