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Vivir como ángeles
una auténtica devoción hacia los santos ángeles exige, no sólo la fe en su existencia y auxilio, sino la imitación de su servicio a Dios y al prójimo a través de nuestras acciones y palabras.


Por: Diego Calderón, L.C. | Fuente: Virtudes y Valores





En nuestros días existen muchas concepciones y teorías, ambiguas y en clave esotérica, acerca del mundo de los ángeles, sus nombres, grupos y funciones. De esta forma, nos encontramos ante unas “devociones angélicas” que causan confusión y que son extrañas a la Sagrada Escritura y a la tradición de la Iglesia católica.

En ciertos espacios publicitarios se anuncian “el horóscopo de los ángeles”, “los ángeles de la buena suerte”, “ángeles y amuletos”, “comunícate directamente con tu ángel”, etc.

Algunas reflexiones sobre la existencia, finalidad y relación de los ángeles con Cristo y con la Iglesia, nos pueden ayudar a considerar, rectamente, nuestra relación con esos “enviados de Dios”. En este contexto, podemos afirmar que vivir como ángeles significa imitarles con nuestras palabras y acciones.

La existencia de los ángeles, seres espirituales y enviados de Dios, es una verdad de fe que tiene su base en la Sagrada Escritura y en la tradición de la Iglesia (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 328). Dios creó a los ángeles y les confirió la misión de ser sus servidores y mensajeros. Desde esta perspectiva, las creaturas angélicas ayudan a los hombres, dentro del plan de salvación, sugiriéndoles palabras buenas, sentimientos santos, acciones misericordiosas, comportamientos caritativos y relaciones edificantes (cf. «La asociación Opus Sanctorum Angelorum», L’Osservatore romano, edición española, 20 de marzo de 2011, p. 4).

La vida de Jesucristo, desde la Encarnación hasta su ascensión al cielo, está rodeada de la adoración y del servicio que los ángeles le daban. De este modo, los ángeles pertenecen a Cristo porque fueron creados por Él y para Él (cf. Col 1,16). Además, esas creaturas espirituales son mensajeras del designio de salvación. Por ejemplo, el anuncio del Arcángel Gabriel a la Virgen María (Lc 1, 26-27), el canto de los ángeles dando gloria a Dios (Lc 2,14), y es un ángel quien anuncia a las santas mujeres la dicha de la Resurrección (Mt 28,5-6).

La Iglesia, que es el Cuerpo de Cristo, se beneficia de la ayuda misteriosa y poderosa de los ángeles. De esta forma, la Esposa de Cristo se une a los ángeles para adorar a Dios en el “Sanctus”, invoca su asistencia y celebra más particularmente la memoria de ciertos ángeles como San Miguel, San Gabriel, San Rafael y los ángeles custodios. San Basilio solía decir que “cada fiel tiene a su lado un ángel como protector y pastor para conducirlo a la vida” y sabemos que la vida es Jesucristo (Jn 14,6).

En conclusión, una auténtica devoción hacia los santos ángeles exige, no sólo la fe en su existencia y auxilio, sino la imitación de su servicio a Dios y al prójimo a través de nuestras acciones y palabras. Los ángeles nos ayudan a vivir mejor nuestra fe, a dar gloria a Dios y a ser anunciadores del amor de Cristo con nuestras obras y palabras.



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