El hambre en el mundo
Por: Llucià Pou Sabaté | Fuente: Catholic.net

En el mundo, hay casi mil millones de personas condenadas al hambre; y esto es responsabilidad de todos, instituciones y ciudadanos, puesto que la tierra es un don para toda la familia humana. Hay demasiadas personas, especialmente niños, que mueren de hambre, de aquí la necesidad de eliminar las causas estructurales atadas al sistema de gobierno de la economía mundial, que destina la mayor parte de los recursos del planeta a una minoría de la población. El que nosotros vivamos más o menos cómodamente es una llamada a la solidaridad para los que sufren pobreza. La primera actitud para vivir esta responsabilidad –a nivel personal y de cada familia, de cada Estado- de cara a una acción para aligerar el hambre en el mundo, es conocer la situación, y como consecuencia adoptar un estilo de vida y de consumo compatible con la salvaguarda de la Tierra, y con criterios de justicia hacia quien habita en cada parte de esta Tierra que quizá podamos ayudar, y lograr así una promoción en todo el mundo de la solidaridad. En el Padrenuestro Jesús nos invita a pedir al Padre celestial no “mi” pan de cada día sino el “nuestro”, de modo que nos sintamos responsables de los demás, a los que sintamos como hermanos, de modo que a nadie falte lo necesario para vivir.
“Lo que mata, hoy, es la carencia social, es decir, la injusta distribución de los medios disponibles. Millones de seres humanos mueren de hambre cada año, porque no tienen unos medios financieros (o de otra clase) para acceder a una alimentación suficiente” (Jean Ziegler). Los alimentos existen, los hay suficientes para alimentar el doble de la población actual del mundo, el problema no es que sobren comensales sino que no distribuimos bien el dinero en la mesa.
El problema real es nuestro egoísmo: “Un mito obsesiona muchos hombres en Occidente: el de la selección natural. ¡Es un mito perverso! Cualquier hombre sensato reconoce que la destrucción debido a la desnutrición y el hambre de una sexta parte de la humanidad es un escándalo inaceptable. Pero muchos ven en esto ventajas”. Los ricos saben que no morirán de hambre, y se inventan mitos de que la superpoblación del planeta es peligrosa, que de esto resulta la fatalidad del hambre. “El hambre sería como un instrumento de regulación de los nacimientos: los más fuertes sobreviven, los débiles mueren. Es la selección natural. Esta idea implica un racismo inconsciente”. Como sabemos, esta idea estúpida la escribió el pastor anglicano Thomas Malthus a finales del XVIII en el libro “Ensayo sobre el principio de la población”: dice que “la población de la Tierra crece en progresión geométrica y se dobla cada 25 años. Los bienes de subsistencia, en cambio, sólo aumentan de manera aritmética”. El problema es de los que la han tomado en serio, ya que funciona psicológicamente para justificar la visión de rostros muertos de hambre, de niños agonizantes tirados por tierra en un dispensario...
Mientras tanto, “los países ricos siempre están obligados, si quieren garantizar un precio mínimo a sus agricultores, a destruir de una manera masiva los alimentos o a limitar severamente, por ley y con medidas de coacción, la producción... la Unión Europea hace quemar o destruir por medios químicos, periódicamente, montañas de carne y miles de toneladas de productos agrícolas de todo tipo... (el encargado) distribuye, más o menos, trescientos mil millones de francos franceses de subvenciones a los labradores, ganaderos y hortelanos de Europa. Esto, esencialmente, para garantizar el nivel elevado de los precios de los productos agrícolas... paga estas cantidades enormes para que los productores europeos renuncien a aumentar su producción...”
Cuando vemos esto, pensamos que en el transcurso de la historia, hasta hoy, el mundo se ha convertido en un juego de apropiación de la alimentación por parte de los poderosos. ¿Por qué tantas pilas de cadáveres debido al hambre? ¿Por qué este martirio cotidiano, interminable, para centenares de millones de seres humanos? Los ricos son más ricos muy rápidamente, y los pobres más miserables. “El problema del hambre en el mundo es un problema social. La multitud de personas que mueren cada año de desnutrición aguda mueren debido a la distribución injusta de los alimentos disponibles en el planeta”. El que no tiene dinero, muerte de gana lentamente; el que tiene dinero, come. No podemos dejarlo todo en manos del mercado libre, la economía es una ciencia humana, que ha de estar al servicio del hombre, no somos esclavos de sus leyes: se deben someter al servicio del hombre todos los mecanismos de la economía mundial que hemos puesto nosotros. Para vencer el hambre, se ha de promover una estructura jurídica internacional y normas para someter este egoísmo, protegido por estúpidas teorías. Y así habrá verdadera paz, cuando de verdad se promueva la solidaridad, una conciencia de que todos somos hermanos, hijos de Dios.


















