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Hablemos un poco de tolerancia
Vivir sin límites, no es vivir en libertad, es vivir en libertinaje con todas sus consecuencias para toda la familia.


Por: Francisco Mario Morales | Fuente: Catholic.net



Uno de los principales conflictos de parejas, o como padres, es en lo referente al concepto, formas y diferencias en la formación de los hijos, y de la tolerancia, un factor muy importante y que es el punto o línea que señala el fin o término de una cosa no material, pero que suele indicar que no debe o no puede sobrepasarse por el bien inmediato y futuro del educado y no sólo por la complacencia del padre o de la madre.

Desafortunadamente y por falta de una debida formación se da por hecho que la tolerancia (paciencia) debe ser ilimitada y el amor a los hijos se viva distorsionadamente afirmando que los hijos deben vivir ilimitadamente, que todo está permitido para no frustrarlos y además proporcionarles lo que soliciten para no evitarles traumas posteriores. Establecer límites no será lo mismo a interferir en la independencia.

Cuando el padre y la madre difieren sobre los límites en la tolerancia a los hijos, es porque el concepto de formación es opuesto. Los hijos estarán siempre a favor del que sea más tolerante, consentidor y sobre protector. En este caso el amor a los hijos se vive distorcionadamente, y cuando se confunde el amor con el exceso de consentimiento como si esto fuera amor, y la cartera es la que define el tamaño del afecto, el futuro de los hijos se vuelve incierto y la desdicha se aproxima a pasos agigantados cada vez más con el paso de los años para los hijos y para los padres,

Es importante evitar en la formación, los excesos y abusos de corrección como único medio al alcance, y por el propio bien de los hijos, desde los primeros años conducirlos al punto de que no es posible vivir una vida sin límites por el bien inmediato y futuro y que es importante ser responsables y enfrentar continuamente las satisfacciones y consecuencias de los actos positivos o negativos.

Los padres deberán, a pesar de sus diferencias en el concepto de formación, deberán conciliar ideas y formar un solo frente para no confundir a los hijos, esto en ningún momento será fácil, pero deberá hacer lo imposible por el verdadero bien de los niños, adolescentes y jóvenes.



Los padres de familia tenemos que romper el paradigma, evitar los sentimientos de humillación a los hijos, gritos, amenazas y golpes, porque todo esto no es formar…es ¡violencia! Educar es formar

Toda actitud negativa o rebelión, de nuestros niños y adolescentes, es una forma de llamar la atención, es un grito de auxilio, es manifestación de que algo anda mal, es una forma de manifestar falta de atención, falta de tiempo de calidad, de escuchar y no solo oír, de falta de comunicación y de sentirse desprotegidos y desatendidos.

Todo efecto, tiene una causa.

Muchos padres de familia buscamos corregir los efectos y actitudes de forma inmediata y violenta, sin analizar las causas…el origen.

FORMACIÓN ES ENSEÑAR EL CAMINO, ENSEÑAR A VIVIR. Debemos formar con el ejemplo, congruencia y amor. Los golpes y amenazas solo hacen personas violentas, agresivas y resentidas no solo con los padres y hermanos sino con toda la sociedad. Es importante evitar las preferencias por algunos hijos, lo recomendable es compartir con hijos e hijas los mismos derechos y los mismos deberes, así como las mismas manifestaciones de afecto.



Las correcciones, el respeto a las normas, son imprescindibles y necesarias en toda familia. Pero es importante establecer normas y límites con tolerancia, prudencia y evitando en todo momento los excesos y extremos nocivos. Para ayudar, para enseñar a vivir, para que todo lo surja en el camino lo podamos resolver en forma positiva. siempre, hay que ir a las raíces, siempre con respeto a la dignidad humana.

La violencia física o psicológica en niños y adolescentes impacta de manera negativa en la identidad de cada persona durante toda la vida.

Es necesario, no “formar” recurriendo a recursos como el miedo y el temor, provocando ansiedades e impotencia, así como sentimientos reprimidos, por el bien de las nuevas generaciones debemos evitar todo tipo de estrategia ofensivas.

Quien recurre a medios intolerantes refleja una personalidad resentida, insegura e inmadura, sin control de sus propias emociones. Es una persona autoritaria, solo ella tiene la razón y recurre a la imposición sin importar los puntos de vista de los demás. 

Conocer el origen de toda actitud, platicar, saber escuchar, poner mucha atención y corregir fallas con amor, estimulo, siendo congruentes y con cambio de actitud y mentalidad, aprendiendo a dar la atención y la preocupación que solo queremos para nosotros, eso logrará una correcta formación.

Tenemos que evolucionar como seres humanos, como personas y como padres, junto a nuestros hijos. Y no solo perpetuar lo negativo de nuestra niñez y adolescencia. Evitemos herir, no digamos cosas que no debemos y de las que después nos arrepintamos.

Como padres, debemos transmitir, confianza, seguridad, paz y mucho amor. Debemos transmitir con nuestro ejemplo, paz y unión. Hay dejar de estar enojados con la vida y de desquitar las frustraciones que tenemos en el pasado.

Disfrutar a los hijos, gozar todos los momentos, vivir en paz con nosotros mismos e irradiar paz a todos los que nos rodean es enseñar a vivir y compartir la paz. 

Hay que disfrutar a cada uno de los hijos, infundiéndoles respeto para sí mismos como para los demás. Recordemos que miedo no es sinónimo de respeto. Los momentos gratos con los hijos no volverán. El mejor recuerdo de nosotros que se les deja para siempre, es la forma en que con el ejemplo y la congruencia se les enseñó el amor, el respeto, la paz, la unidad, la libertad y la responsabilidad. 

Vivir sin límites, no es vivir en libertad, es vivir en libertinaje con todas sus consecuencias para toda la familia.







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