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Con el Señor, mi pastor y Rey, nada me falta
Celebrar a Cristo Rey del Universo es celebrar al Buen Pastor.


Por: Pbro. Francisco Ontiveros | Fuente: Semanario Alégrate



El salmo del Buen Pastor

El salmo 23 es, sin lugar a dudas, una expresión formidable del poeta, ligado de manera unívoca e inequívoca con su contexto, corresponde al conjunto de salmos comprendidos del 15 al 54. Donde a este grupo se le asocia con los cánticos de confianza. Se trata, también, de uno de los favoritos del Salterio. A su favor se conjugan razones teológicas y culturales. Y es que, en el AT arranca quizá la popularidad de la imagen de la figura de David, el rey pastor; el NT lo canoniza y sublima en la imagen del buen pastor. También en el ámbito cultural hay que recordar el recurrente e idealizado tema pastoril. Desde Grecia y Roma.

Yahvé como pastor (Sal 23, 1-4)

Muchas expresiones muy familiares de Dios, rayaban incluso en una relación vulgar con Él. No resultó fácil hablar del Ser por excelencia, con categorías tan corrientes, tan cercanas y familiares. Es es el caso de este salmo que expresa a Dios como un pastor generoso sobre manera, a tal grado que con este pastor no hay preocupación alguna porque nada falta. Concede descanso y reposo en lugares pródigos de pastos y aguas. Con Él el cansancio se restaura porque cuida que las fuerzas sean recuperadas. Y estando bajo su cuidado se vencen todos los miedos, incluso el temor paralizante de pasar por el valle tenebroso no hay temor porque conduce con su cayado y defiende con su vara.

Yahvé como anfitrión (Sal 23, 5)



Es un anfitrión generoso, a tal grado que, a la vista de los enemigos, el prodiga una mesa abundante, también en este caso el individuo experimenta la ausencia de preocupación alguna. La mesa es la expresión de cortesía y hospitalidad, tan valorada en Oriente. Y conforme con esta costumbre de hospitalidad, perfuma la cabeza significando el agrado por la visita. Y como un signo espléndido de generosidad ofrece una copa rebosante, llena hasta los bordes. Recuerda al anfitrión entrañable que recibe a su hijo que vuelve después de haber malgastados los bienes del padre. Toda la Escritura da prueba de la exagerada generosidad de Dios.

Misericordia de Yahvé

La última parte es un encomio a la misericordia de Yahvé, porque tanto la primera como la segunda son odas a su misericordia. A sus indecibles e incontenibles entrañas. Manifestada su misericordia con términos como bondad y amor. Que acompañan de manera permanente al individuo al que el salmista le presta su voz. Una misericordia que es eterna, permanente, incólume e impertérrita. Válida todos los días de la vida. Es, precisamente, esa misericordia la que permite estar en presencia del Señor, habitar en su Casa, donde se hacen válidas las bellas metáforas de este salmo que está plagado de imágenes que hablan de la ternura de Dios con sus hijos. Así pues, celebrar a Cristo Rey del Universo es celebrar al Buen Pastor que no deja de cuidar de sus ovejas con un amor especial, dulce, tierno y delicado que lo hace dar la cara en defensa de los suyos.







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