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Cuestión de vida o muerte
Los mártires creyeron en Jesucristo resucitado. Es la misma fe que la Iglesia se ha gloriado de profesar a través de los siglos y que los mártires certificaron, firmándola con su sangre


Por: Miguel Esponda, LC | Fuente: mesponda@legionaries.org



 

 

Las verdades que afirmamos acreditan su autenticidad cuando nos enfrentamos a situaciones culminantes, cuando está en juego algo valioso, tan valioso como la vida misma. Así lo juzgó C.S. Lewis con exactitud: ´´Jamás sabrás qué tanto crees en realidad en algo hasta que su verdad o falsedad se vuelva cuestión de vida o muerte para ti´´.

En este sentido, el testimonio de los mártires no puede ser más elocuente. En cada siglo, desde los inicios del cristianismo, la sangre de miles de hombres y mujeres ha sido regada fecundamente por el hecho de estar convencidos de una Verdad, de una Persona viva. Morían -muchas veces con las más crueles torturas- no por una opinión o idea, sino por una certeza, por una fe firme en Jesucristo. De este milagro –afortunadamente- no nos hemos visto libres en el siglo XXI. Ya lo había predicho San Agustín: ´´Todos los tiempos son de martirio. No se diga que los cristianos no sufren persecución; no puede fallar la sentencia del Apóstol: Todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecen persecución´´.

El último caso sucedió en Egipto a mediados de octubre de 2011. En ese país se habían ido intensificando las persecuciones a los cristianos por parte de los musulmanes, hasta llegar a los colegios, donde estudian juntos niños de ambas religiones. Fue el caso de Ayman Nabil Labib, joven egipcio de 17 años, que fue asesinado en su salón de clases ´´porque se negó a quitarse el crucifijo´´, como lo afirmaron sus mismos padres. En este sentido, los padres confirmaron la versión de varios alumnos que vieron en directo el asesinato. Ayman estaba en clase cuando el profesor le exigió que cubriera la cruz tatuada en su muñeca. Pero el estudiante cristiano se negó e incluso mostró el crucifijo que llevaba bajo su camisa. Fue en ese momento cuando el mismo maestro se lanzó a por él con la ayuda de otros estudiantes propinándole una brutal paliza. Tras ser llevado al hospital falleció sin que los médicos pudieran hacer nada por su vida.

A pesar de los problemas políticos en torno al tema de la discriminación de los cristianos coptos en Egipto, este incidente se levanta como un estandarte para la Iglesia. Los mártires son su gloria más preciada y la prueba más infalible de su fe en Dios. Gritaba -al respecto- San Cipriano, que también moriría mártir:´´¡Dichosa Iglesia nuestra, a la que Dios se digna honrar con semejante esplendor!´´.

Los mártires creyeron en Jesucristo resucitado. Es la misma fe que la Iglesia se ha gloriado de profesar a través de los siglos y que los mártires certificaron, firmándola con su sangre. Fue esa misma fe la que les llevó no a la muerte sino a la vida. A Ayman se le ordenó cubrirse la cruz, él se rehusó y lo mataron. Fue como si le increparan:´´la fe o la vida´´. Él respondió: ´´las dos´´.

 

 



 

 

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