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Mentalidad anticonceptiva y mentalidad abortista
Dice SS Juan Pablo II que la cultura abortista está particularmente desarrollada justo en los ambientes que rechazan la enseñanza de la Iglesia sobre la anticoncepción


Por: Miguel Angel Fuentes. | Fuente: catholic.net



Un último tema relacionado con la realidad de la anticoncepción y que nos revela su esencia íntima es la relación que guarda con el aborto. “Se afirma con frecuencia -ha escrito Juan Pablo II en la Evangelium vitae- que la anticoncepción, segura y asequible a todos, es el remedio más eficaz contra el aborto. Se acusa además a la Iglesia católica de favorecer de hecho el aborto al continuar obstinadamente enseñando la ilicitud moral de la anticoncepción”37. Se presenta así una disyuntiva entre aborto y anticoncepción: una buena divulgación de los métodos anticonceptivos conllevaría menos embarazos no deseados y, consecuentemente, disminuiría el número de abortos que asume, en nuestros días, proporciones alarmantes.

Este, que es el núcleo de gran parte de las campañas de difusión de anticonceptivos, es un sofisma. Por eso sigue diciendo el Papa: “Puede ser que muchos recurran a los anticonceptivos incluso para evitar después la tentación del aborto. Pero los contravalores inherentes a la ‘mentalidad anticonceptiva’ -bien diversa del ejercicio responsable de la paternidad y maternidad, respetando el significado pleno del acto conyugal- son tales que hacen precisamente más fuerte esta tentación, ante la eventual concepción de una vida no deseada. De hecho, la cultura abortista está particularmente desarrollada justo en los ambientes que rechazan la enseñanza de la Iglesia sobre la anticoncepción. Es cierto que anticoncepción y aborto, desde el punto de vista moral, son males específicamente distintos: la primera contradice la verdad plena del acto sexual como expresión propia del amor conyugal, el segundo destruye la vida de un ser humano; la anticoncepción se opone a la virtud de la castidad matrimonial, el aborto se opone a la virtud de la justicia y viola directamente el precepto divino ‘no matarás’. A pesar de su diversa naturaleza y peso moral, muy a menudo están íntimamente relacionados, como frutos de una misma planta. Es cierto que no faltan casos en los que se llega a la anticoncepción y al mismo aborto bajo la presión de múltiples dificultades existenciales, que sin embargo nunca pueden eximir del esfuerzo por observar plenamente la Ley de Dios. Pero en muchísimos otros casos estas prácticas tienen sus raíces en una mentalidad hedonista e irresponsable respecto a la sexualidad y presuponen un concepto egoísta de libertad que ve en la procreación un obstáculo al desarrollo de la propia personalidad. Así, la vida que podría brotar del encuentro sexual se convierte en enemigo a evitar absolutamente, y el aborto en la única respuesta posible frente a una anticoncepción frustrada. Lamentablemente la estrecha conexión que, como mentalidad, existe entre la práctica de la anticoncepción y la del aborto se manifiesta cada vez más y lo demuestra de modo alarmante también la preparación de productos químicos, dispositivos intrauterinos y ‘vacunas’ que, distribuidos con la misma facilidad que los anticonceptivos, actúan en realidad como abortivos en las primerísimas fases de desarrollo de la vida del nuevo ser humano” 38.

En síntesis: son dos fenómenos distintos pero relacionados entre sí como dos variantes de una misma mentalidad; la mentalidad anti-vida está presente en ambos fenómenos y por eso, la anticoncepción prepara el terreno psicológico y moral y a la vez empuja al fenómeno abortista.

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37 Juan Pablo II, Evangelium vitae, 13.
38 Ibid.





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