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¡Ay de aquel por quien el Hijo del hombre va a ser entregado!
Meditación al Evangelio 27 de marzo de 2024 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



“¿Acaso soy yo, Maestro?”.  Retomamos hoy acontecimientos de la última cena que ayer nos narraba Juan pero ahora narrados por Mateo. Se hace más evidente la traición de Judas pero también la inseguridad de todos los discípulos. ¿A qué le temían que les hace preguntar  si cada uno de ellos serán los traidores? ¿No estaban seguros de su amistad o no estaban firmes en el seguimiento de Jesús?

Quizás San Mateo nos insiste en esta posibilidad para hacernos entender que cada discípulo no puede estar seguro y que cada uno de nosotros estamos en posibilidad de caer en la traición. Dolorosamente comprobamos que personas muy respetables, aparentemente seguras en su fe y su compromiso, tienen penosas caídas.

Nadie estamos exentos de cometer la traición porque todo pecado es traición a Cristo. Nuestras discriminaciones contra los hermanos son traiciones a Jesús. Nuestras injusticias, nuestras omisiones e indiferencias ante el que sufre son también traiciones a Jesús. Nadie puede decir que no está expuesto a cometer el pecado.

Este miércoles santo nos hace reflexionar en la grandeza del amor de Jesús y en la fragilidad de cada uno de nosotros. Estamos constantemente siendo tentados por las argucias del maligno para hacernos caer. En toda comunidad puede haber un mentiroso, un ambicioso o un traidor, pero no acusemos a los demás, nosotros podemos ser quien cometa la fechoría. Bien dice el refrán que en casa del jabonero el que no cae ,resbala.

Es grave la traición a Jesús cuando es cometida por uno de los suyos, por uno de sus predilectos, por uno de sus discípulos. Acerquémonos a Jesús y pidamos su luz y su fortaleza para acompañarlo en estos días de la pasión, para compartir su dolor y sufrimiento, para unirnos a sus pasos hacia el Calvario, para tomar con él la cruz. Que no entren en nuestro corazón las traiciones que acechan y obstaculizan su seguimiento.



¿Qué nos responde Jesús cuando al igual que  los discípulos nosotros también decimos: “¿Acaso soy yo, Maestro?”?







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