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Medicina reparadora
Los tejidos humanos son capaces de autorepararse o incluso regenerarse. El debate ético consiste en el medio usado para la obtención de células que favorezcan esta regeneración: utilización de embriones o uso de células adultas.


Por: Dr. Justo Aznar | Fuente: catholic.net



Conceptos Generales

Desde hace tiempo es conocido que diversos tejidos y órganos humanos son capaces de autorrepararse o incluso de regenerarse. En efecto, hasta muy recientemente se habían clasificado los tejidos en aquellos que no tienen capacidad de regenerarse por sí mismos, como el tejido nervioso, los que poseen escasa capacidad regeneradora, como el óseo, los que no tienen capacidad de regenerarse, pero están dotados de una cierta capacidad de autorreparación, como el músculo esquelético, y, en fin, otros como la piel que puede regenerarse completamente (J Clin Invest 105; 1489, 2000). Emulando a esta capacidad biológica autorreparadora de los tejidos, se ha desarrollado la medicina regenerativa que busca reparar los tejidos u órganos que fallan e incluso reconstruirlos como si fueran nuevos. Ampliando el concepto de medicina regenerativa se llega a la medicina reparadora, la cual, además de utilizar todas las modernas tecnologías de trasplantes por donación de órganos de donantes, se propone reparar los tejidos dañados utilizando mecanismos similares a los que de forma natural usa el organismo para este fin.

Sin duda, la medicina reparadora marcará las pautas terapéuticas de muchas enfermedades, especialmente degenerativas y traumáticas, abriendo posibilidades insospechadas a la mejora de la calidad de vida de los seres humanos. De ahí la importancia que va a tener en los próximos años y de ahí también el interés de analizarla, aunque sea de forma suscinta, como aquí se hace.

La medicina reparadora se basa, en gran medida, en la utilización de células madres (células stem) que tienen la posibilidad de desarrollarse hacia células de su mismo tejido o de otros. Tradicionalmente se han denominado células madre a células indiferenciadas con una variada capacidad de potencia, entendiendo por tal la posibilidad de desarrollar tipos de células distintas a su línea celular original. También se han definido como células con capacidad ilimitada de perpetuarse y que pueden producir al menos un tipo de células adultas altamente diferenciadas (Science 287; 1427, 2000). El representante típico de las células madre son las células embrionarias primitivas, que son aquellas que se generan tras las primeras divisiones del cigoto (embrión humano en sus primeros momentos de vida). Después de las primeras divisiones del embrión desaparece de sus células esta capacidad de ser células madre, capacidad que vuelve a recuperar cuando se forman las células de la granulosa interna del blastocisto (células que aparecen en una etapa de desarrollo embrionario más tardía, pero antes de que el embrión se implante en el útero) que son capaces de generar también células de cualquier tipo de tejido, pero que no son ya capaces de generar un organismo vivo completo. Estas serían células madre pluripotentes. Como se comprueba existen, por tanto, distintos tipos de células madres, que pueden ser: células madre totipotentes, capaces de generar células de cualquier tejido del organismo y también un individuo completo; únicamente tienen esta capacidad las células embrionarias primarias y las células germinales. Células pluripotentes, proceden de la masa celular interna del blastocisto, que posteriormente dará lugar a la placenta y otros tejidos necesarios para el desarrollo fetal; pueden dar lugar a cualquier tipo de célula del organismo, pero no pueden generar un embrión completo, y finalmente células multipotentes, que son células madre que se encuentran en los tejidos adultos; pueden dar lugar a distintas estirpes celulares de su propio tejido y también a células de otros tejidos distintos al suyo.

Tres recientes descubrimientos han marcado el desarrollo sobre el conocimiento y utilización de las células madre, y han abierto el camino para su uso potencial en un amplio abanico de enfermedades. El primero fue comprobar que las células madre de algunos órganos adultos mostraban mucha más plasticidad de lo que en principio se creía, pudiendo incluso transformarse en células madre multipotentes (Proc Natl Acad Sci USA 94; 4080, 1997/Science 279; 1528, 1998). El segundo fue poder aislar y cultivar células madre embrionarias hasta diferenciarse en células de una gran variedad de tejidos (Science 282; 1145, 1998/Proc Natl Acad Sci USA 95; 13726, 1998). El tercero fue que las células madre se detectaron también en órganos tales como cerebro y músculo (Cell 96; 25, 1999, Cell 96; 737, 1999, Cell 97; 703, 1999), que previamente se creía que carecían de ellas y que por tanto no podían regenerarse.
Otro paso fundamental para poner en marcha la medicina reparadora fue el desarrollo de las técnicas de clonación, especialmente de la clonación de mamíferos. En efecto, aunque la clonación de animales inferiores, como ranas (Proc Natl Acad Sci USA 38; 455; 1952/J Hered 53; 199, 1962) y ratones (Science 220; 1300, 1983/Nature 394; 369, 1997) ya se había conseguido hacía tiempo, el hecho experimental que marcó el inicio del desarrollo de la medicina reparadora se produjo en 1997 al conseguir la clonación de un mamífero superior, la oveja Dolly, (Nature 385;810,1997) por transferencia de material nuclear de células somáticas adultas. Después de la oveja Dolly se clonaron también monos (Biol Reprod 57; 454, 1997), terneras (Science 280; 1256, 1998) y cabras (Nat Biotechnol 17; 456, 1999). En los meses siguientes al nacimiento de Dolly, se comunicó el nacimiento de 19 terneras clonadas a partir de material genético obtenido de células adultas de ganado vacuno. En este sentido, Tsunada publica que obtuvieron 8 terneras a partir de 10 implantes (Science 282; 2095, 1998). A principios de 1999 en Japón habían nacido ya alrededor de 400 terneras clónicas.

El gran avance conseguido al clonar la oveja Dolly, fue que el material genético utilizado se obtuvo a partir de una célula adulta, en este caso de ubre de oveja, consiguiendo reprogramar su núcleo, hasta desdiferenciarlo y hacerlo útil para ser transferido a un ovocito de otra oveja y, tras un estímulo adecuado, conseguir su fecundación. Esta técnica abría la posibilidad de crear embriones de mamíferos, y en su caso humanos, con el material genético obtenido de una célula adulta de un mamífero y de desarrollar, a partir de los embriones generados, la posibilidad de cultivar células o tejidos que pudieran ser posteriormente utilizados para trasplantarlos al donante del material genético. Con ello se posibilitaba la denominada clonación terapéutica, es decir, aquella clonación encaminada a crear embriones para ser utilizados con fines terapéuticos, y como consecuencia se posibilitaba también desarrollar la medicina reparadora.

Un aspecto que caracteriza a la medicina reparadora es el amplio debate ético que suscita, por utilizar embriones para la obtención de las células madre necesarias para el desarrollo de nuevos tejidos. Por ello, uno de los aspectos más interesantes en relación con la medicina reparadora ha sido la búsqueda, en los dos últimos años, de procedimientos alternativos que no requirieran la utilización de embriones, para así soslayar las dificultades éticas derivadas de su uso. Esto se ha conseguido al demostrar la existencia de células madre en diversos tipos de tejidos adultos o al comprobar que determinadas células adultas pueden desdiferenciarse a células madre, que posteriormente pueden cultivarse para la obtención de diversos tipos de células.

 





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