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Células madre en los ojos y los dientes de leche
. Los ojos y los dientes de leche han demostrado ser una buena fuente de obtención de células estaminales susceptibles de transformarse en multipotenciales o pluripotenciales con capacidad para regenerar y curar


Por: Josu de la Varga | Fuente: catholic.net




Dos recientes investigaciones ratifican, una vez más, que la utilización de células madre adultas con fines terapéuticos es la vía correcta. Los ojos y los dientes de leche han demostrado ser una buena fuente de obtención de células estaminales susceptibles de transformarse en multipotenciales o pluripotenciales con capacidad para regenerar y curar. Dos nuevos ejemplos de que se puede ofrecer una relativa esperanza a pacientes con enfermedades degenerativas de gran incidencia sin provocar el debate ético que suscitan los trabajos con células madre embrionarias.

Un estudio realizado en la Lund University (Suecia) ha confirmado que el trasplante de células madre epiteliales de córnea tiende a mejorar la supervivencia del injerto corneal. La investigación, dirigida por el doctor Ulf Stenevi, ha sido presentada en la reunión anual de la European Society of Cataract and Refractive Surgery celebrada en Suecia, según publicaba OCULAR WEB el 8 de mayo de 2003. El Dr. Stenevi informó en esa reunión de que, normalmente, los injertos en casos de quemaduras químicas graves no suelen sobrevivir. Sin embargo, seis pacientes a los que se les trasplantaron células madre epiteliales de córnea mostraron buenos resultados, con un alto índice de supervivencia del injerto. Se emplearon células seleccionadas de donantes del sexo opuesto al de la persona trasplantada, lo que permitía hacer una comprobación en el futuro acerca de la capacidad de supervivencia de las células epiteliales del injerto si se detectaban cromosomas del sexo contrario. Para diferenciar las células del trasplante, los investigadores utilizaron la técnica de teñir los cromosomas X e Y.

Esta noticia se ha visto reafirmada posteriormente con la que apareció en la misma publicación del 14 de mayo. Una investigación difundida por la revista CORNEA y coordinada por Richard Fisher, director del Programa de Enfermedades de la Córnea del Instituto Nacional Oftalmológico de Bethesda (Estados Unidos), ha confirmado que el trasplante de células madre puede ayudar a recuperar la visión en pacientes que han sufrido quemaduras químicas o térmicas en la córnea. Fisher afirma que el procedimiento se ha mostrado eficaz en un 50 por ciento de los casos y es efectivo sobre todo en personas afectadas por los efectos del gas mostaza. Las células utilizadas proceden del limbo corneal y, según Fisher, forman parte del grupo de células madre adultas que son ´´las que normalmente se utilizan para la reparación de tejidos´´. El injerto de estas células favorece el crecimiento del epitelio ocular dañado y permite que se mantengan las córneas trasplantadas en perfecto estado. Los resultados son aún más espectaculares, hasta un 90 por ciento, cuando se trata de sanar un solo ojo, ya que las células trasplantadas proceden del otro ojo del mismo paciente y se evitan los habituales problemas de rechazo.

Un regalo muy especial

Los dientes de leche del ser humano, esos que los niños guardan debajo de la almohada al caérseles para obtener así un regalo al despertar el día siguiente, han resultado ser portadores de otro regalo muy especial.

Un curioso estudio ha revelado que los primeros dientes de las personas, los llamados dientes de leche, pueden ser una rica fuente de células madre para usos terapéuticos. El doctor Songtao Shi, de los National Institutes of Health, descubrió de forma casual las ventajas que puede ofrecer esta nueva línea de investigación, al atender a su hija de seis años de edad cuando ésta perdió su primer diente. Al observar detenidamente la parte interior del dientecito se dio cuenta de la existencia de un tejido susceptible de contener células estaminales, en las que él centra sus investigaciones. De inmediato comenzó sus trabajos, que le han llevado a la conclusión de que las células extraídas podrían ser usadas para curar enfermedades, dado que los resultados obtenidos hasta ahora, ´´realmente, son mejor de lo que esperábamos´´. Las primeras investigaciones indican que este tipo de células madre tienen una especial capacidad para convertirse en huesos y células nerviosas.

Estas dos nuevas vías de investigación para la obtención de células estaminales de uso terapéutico, al igual que sucede con otras que ya hemos publicado en nuestra revista, son una respuesta clara y contundente a todos aquéllos que se empeñan en defender la manipulación de embriones para la obtención de células madre. Una respuesta, además, libre de cualquier controversia ética. Las células embrionarias, hasta la fecha, no han dado ningún resultado positivo en la curación de enfermedades degenerativas y las adultas sí. Y eso es un hecho. Además, éstas últimas se pueden extraer de todo tipo de tejidos, aunque las más efectivas hasta ahora son las denominadas mesenquimales, que proceden de la médula ósea. A partir de ellas se han desarrollado todo tipo de tejidos. Estaríamos hablando de células madre pluripotenciales, o sea, con capacidad para transformarse en cualquier tipo de tejido u órgano, pero no en un ser humano completo. Cuando las células extraídas pueden regenerar algunos tejidos concretos y otros no, nos estamos refiriendo a las multipotenciales. Y, por último, las que son capaces de generar células de todo tipo de tejidos, e incluso a un embrión completo, son las denominadas totipotenciales.

Los resultados obtenidos hasta ahora con ambas líneas de investigación, la que utiliza células adultas y la que lo hace con embriones, están empezando a generar dudas en cuanto a las inversiones que hasta ahora se hacían en trabajos sobre clonación terapéutica. Los inversores se muestran cada vez más escépticos ante las esperanzas de determinados científicos de conseguir una aplicación terapéutica con el uso de células estaminales embrionarias. Las probabilidades de éxito no están nada claras, hasta el punto de que las inversiones privadas en empresas dedicadas a este tipo de investigaciones han bajado en un 50 por ciento en los últimos tres años. Desde 1997, fecha en que se produjo el ´´boom´´ de inversiones privadas en empresas de biotecnología, los inversores no han percibido ningún tipo de beneficio.

Un debate innecesario

La situación que atraviesan los 350 millones de enfermos de diabetes en todo el mundo, o las 500.000 personas afectadas de Alzheimer en España, por poner dos ejemplos, además de los pacientes con Parkinson o hepatitis, ha sido utilizada y, en ocasiones, manipulada por los partidarios de la llamada clonación terapéutica para generar un debate que debería considerarse innecesario. Los pros y contras de ambas opciones, células madre adultas o embrionarias, inclinan la balanza de forma inequívoca hacia la opción éticamente menos reprobable.

Tal como manifiesta la doctora Natalia López Moratalla, catedrática de Bioquímica y Biología molecular de la Facultad de Bioquímica de la Universidad de Navarra, en una entrevista publicada por TELVA, en la comunidad científica no existe ninguna duda sobre cuándo comienza una nueva vida, porque es obvio que el embrión de pocos días está vivo y es, por tanto, un ser humano. ´´El problema nace de la consideración acerca de si el desarrollo de un ser humano en esta fase tan precoz es suficiente para poder reconocerle el respeto que merece una persona´´, afirma la doctora. También la revista NATURE, en noviembre de 2001, ya publicaba un artículo en el que demostraba que la reprogramación del genoma que da lugar a un nuevo ser humano empieza en el mismo momento de la fecundación.

Efectivamente, con la unión del espermatozoide y el óvulo se inicia la fecundación. Desde ese mismo instante, la fusión de los genes de ambos da inicio a la formación de un nuevo ser humano que comparte las características hereditarias de los progenitores, pero que empieza a desarrollar las suyas propias e inimitables. Los dos gametos, el masculino y el femenino, conforman ahora un embrión bicelular llamado cigoto en el que cada una de las dos células tiene características bien diferenciadas. En su viaje por la trompa de Falopio hacia el expectante útero, el cigoto sigue dividiéndose y experimentando grandes transformaciones. Una de las dos células originales se encargará de reproducir las células y las condiciones adecuadas para permitir la anidación en el útero. La otra, con un contenido genético e instrucciones precisas para llegar a convertirse en un ser humano, habrá producido en un embrión de cinco días de vida ese paquete de células madre que son ´´perseguidas´´ por los investigadores en clonación terapéutica, las mismas que poseen el potencial de transformarse en células diferentes y especializadas. Es incorrecto afirmar, pues, que un embrión de un día tiene menos condición cualitativa, como ser humano, que uno de cinco días, o un feto de seis meses. Existe, eso sí, una diferenciación cuantitativa y de especialización celular, pero de lo que no hay ninguna duda es de que nos estamos refiriendo a un ser humano en su fase inicial.

En cuanto al aspecto estrictamente médico, es evidente que la clonación terapéutica dista mucho de estar controlada y de dar resultados positivos. Tan sólo un pequeño porcentaje de los embriones reconstruidos logran dividirse más allá del estado inicial conseguido con las dos células básicas de las que hablábamos. Además, tampoco se ha conseguido una garantía de que, una vez obtenidas las células madre, éstas se comporten de forma ordenada como células especializadas que puedan ser empleadas en tratamientos terapéuticos concretos de enfermedades degenerativas. O sea, que pueden evolucionar hacia formas de crecimiento incontrolado y cancerígeno. Y hay que añadir un tercer elemento cuando se utilizan embriones congelados: el sistema inmunitario activa todas las alertas en cuanto un elemento extraño invade nuestro organismo. En este caso, al detectar células que no le pertenecen, envía a sus ´´tropas´´ para acabar con el problema. Es lo que se suele llamar rechazo.

Otro aspecto del debate hace referencia a la relación entre los dos tipos de clonación, la terapéutica y la reproductiva. Que la segunda opción, rechazada de forma tajante en todo el mundo, pueda llegar a realizarse depende de la viabilidad de la primera. Es un paso necesario. Si se impide la clonación terapéutica se cierra el paso de forma inequívoca a la reproductiva; y si se autoriza, los intereses y la presión económica para conseguir crear clones pueden llegar a ser más importantes que los actuales. Con todo este ´´tira y afloja´´, se está posicionando al embrión, única fuente de materia prima, en una situación de valor de mercado, como un producto comercial más. Y, por último, dado lo costoso de las investigaciones, estaríamos hablando de un producto accesible sólo a aquellas personas con fuertes recursos económicos, lo que generaría una clara discriminación social.

Así las cosas, la respuesta deseable por parte de la sociedad, pero sobre todo por parte de las administraciones y los científicos, debería ir encaminada a dirigir sus esfuerzos y medios económicos a la línea de investigación con resultados más positivos desde el punto de vista ético y médico: la obtención de células madre adultas para uso terapéutico, y no a las embrionarias.

 

 

 





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