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La clonación humana, el alma y el pecado original
El hecho de que el inicio de la vida humana sea el resultado de una violación, o de una técnica de reproducción artificial, o de la clonación, no quita en nada la dignidad de cada individuo humano ni el amor que recibe por parte de Dios


Por: P. Clemente González | Fuente: catholic.net




Algunos textos de la Iglesia católica para la reflexión

Las técnicas de reproducción artificial parece que se encuentran en grado de poder clonar seres humanos. Los individuos que sean resultado de una técnica de clonación, por ser seres humanos, merecen el respeto que es inherente a todo individuo de nuestra especie.

Desde el punto de vista filosófico, existe ser humano allí donde se da esa maravillosa unidad que existe entre el alma y el cuerpo. Todo hombre, como recuerda el Concilio Vaticano II, es una unidad de alma y cuerpo (Gaudium et spes n. 14). Esta explicación del Vaticano es recogida por Juan Pablo en un texto suficientemente claro: “El alma espiritual e inmortal es el principio de unidad del ser humano, es aquello por lo cual éste existe como un todo - ‘corpore et anima unus’- en cuanto persona” (Juan Pablo II,Veritatis splendorn. 48). Si descubrimos, con la ayuda de la biología, que tal unidad inicia con la concepción entonces podemos, con bastante seguridad, suponer que ya desde ese momento nos encontramos ante un ser con alma y cuerpo. Otro texto de Juan Pablo II nos ayuda a comprender mejor cuándo inicia el momento de la animación de un nuevo ser humano: “Aunque la presencia de un alma espiritual no puede deducirse de la observación de ningún dato experimental, las mismas conclusiones de la ciencia sobre el embrión humano ofrecen «una indicación preciosa para discernir racionalmente una presencia personal desde este primer surgir de la vida humana: ¿cómo un individuo humano podría no ser persona humana?»“ (Juan Pablo II, Evangelium vitaen. 60).

Desde el punto de vista cristiano, este respeto se funda en la espiritualidad del alma, pues todo individuo humano recibe de Dios un alma espiritual y está destinado a la visión divina desde el momento en el que inicia su existencia (cf. Catecismo de la Iglesia Católica nn. 1711, 2270, 2274, 2319, 2322-2323, 2378). El hecho de que el inicio de la vida humana sea el resultado de una violación, o de una técnica de reproducción artificial, o de la clonación, no quita en nada la dignidad de cada individuo humano ni el amor que recibe por parte de Dios y que debemos ofrecerle los demás seres humanos.
Por lo mismo, se aplica a todo ser humano obtenido por medio de la clonación la doctrina del pecado original. Por ser miembro de la especie humana, la persona nacida por clonación queda bajo ese misterio de la transmisión del pecado que nos afecta a todos en cuanto miembros y partícipes de la misma naturaleza humana que recibimos de Adán.

Conviene recordar que es erróneo querer encontrar el pecado original en la corporeidad solamente, o incluso en los genes. El pecado original toca al ser humano en cuanto hombre, dotado de alma y cuerpo, y los efectos del pecado repercuten en la vida humana en sus dos dimensiones, pero no pueden reducirse a una de ellas. El tema fue claramente expuesto en el concilio de Trento, y es recogido en el Catecismo de la Iglesia católica (nn. 400-409, especialmente el n. 404, que habla de una transmisión del pecado original por propagación).

La Pontificia Academia por la vida, en sus Reflexiones sobre la clonación
no ha manifestado la más mínima duda sobre el carácter personal de los individuos humanos que nazcan por el recurso a las técnicas de clonación (cf. especialmente el punto 3: problemas éticos relacionados con la clonación humana). Condenar la gravedad moral de la clonación humana es posible sólo si se reconoce que todo individuo humano clonado es persona. De lo contrario, tal condena pierde mucho de su sentido. Poner en duda que tengan alma los individuos humanos originados a través de la clonación es, simplemente, negarles su condición humana y colocarlos en una situación de inferioridad que no responde a la verdad.

La posición más reciente de la Santa Sede sobre el tema ha sido recogida en un documento de trabajo de las Naciones Unidas que puede leerse en Convención internacional contra la clonación de seres humanos, y que muestra que todo embrión obtenido por clonación es un individuo humano que merece el respeto debido a todo ser humano. Pueden verse, también, estas intervenciones de la Santa Sede en las Naciones Unidasdel 23 de septiembre de 2002 y del 30 de septiembre de 2003

 





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