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La clonación
En el fondo de todo late la consideración de la dignidad de la vida humana y por tanto de la aceptación o no de los derechos inherentes.


Por: Jose Luis Velayos. Caterático de Embriología, Anatomía y Neuroanatomía | Fuente: catholic.net



El principio y el fin de la vida humana son dos momentos espectaculares de la biografía de todo individuo, y como son instantáneos, no pueden ser mensurables; escapan a la determinación meramente empírica, temporal. Hablamos en términos biológicos. No consideramos el asunto de la trascendencia de la vida humana más allá de la muerte biológica. Es un tema que pueden tratarlo mejor otros.

El comienzo de la vida de toda persona es en el momento de la fecundación, es decir, cuando el espermatozoide se une al óvulo. Entonces se da una auténtica explosión vital, un "big bang", por el cual, de dos células al borde de la muerte (la célula paterna y la materna) surge una nueva célula, un nuevo ser, con unas potencialidades que enseguida se empiezan a actualizar; inmediatamente después de la fecundación se produce una gran cantidad de energía, de movimientos moleculares, metabólicos, etc., procesos biológicos que irán disminuyendo en intensidad con el tiempo, de forma que la vitalidad de ese ser que llega a la existencia irá decreciendo hasta el momento de la muerte.

Autonomía del ser vivo

Los seres vivos son los que tienen tal capacidad de pasar de la potencialidad al acto desde sí mismos, por sí mismos, gracias a una fuerza, a un "algo" interno que les da ese dinamismo. Es lo que explica la autonomía de todo ser vivo, por la cual puede tomar del medio en que se encuentra todo lo que necesita para vivir, con cierta independencia del medio y con cierto grado de control sobre él. Pero en el caso que nos ocupa, ese ser vivo es un ser humano, una persona, que todavía no puede pensar, no puede reflexionar, no puede modificar el mundo. Sus características biológicas son humanas (dotación cromosómica, estructuración fisicoquímica, etc.); y no importa la forma corporal que tenga, pues, desde el principio, siempre es hombre o mujer. Y por ser persona humana tiene la dignidad que le corresponde, es decir, ha de ser respetada como fin en sí mismo; no es un medio, no es un instrumento para algo, no es una cosa, no ha de ser rebajada de categoría.

Hoy día se habla de una propiedad muy importante de los seres vivos: la autorregulación. Es la capacidad de coordinar todas las funciones vitales para permanecer con vida, como un todo. La muerte biológica es el cese del funcionamiento del organismo como un todo: no pueden funcionar al unísono los órganos, las células. Capacidad autorreguladora que tiene el ser vivo desde el comienzo de su existencia, que va trasladándose al sistema nervioso central, al cerebro, suavemente, gradualmente, a lo largo del desarrollo. Juntamente con esta propiedad esencial, hay otra propiedad que tiene el ser vivo, y por tanto también el hombre: la continuidad en los procesos biológicos. No hay saltos, no hay fronteras entre unas etapas y otras del devenir biológico. Todo va sucediendo de forma gradual.

Se ha dicho que la fecundación es la cabecera de la cascada de la vida, disminuyendo su fuerza según va pasando el tiempo.

Clonación natural

La vida humana comienza con la unión del espermatozoide y del óvulo. Pero puede darse un fenómeno, la gemelación (en dos de cada mil embarazos), que consiste en la separación de una porción de células del embrión, que pueden desarrollarse constituyendo un nuevo embrión, que originará un adulto. El momento o instante de la segregación de esas células corresponde al inicio de la vida del hermano gemelo. Y la vida de este ser tiene las mismas propiedades que hemos dicho antes (autorregulación, autonomía, continuidad en los proceso vitales, etc.). Se trata de los gemelos monocigóticos, hermanos que se parecen mucho, porque tienen la misma dotación cromosómica, con parecidas disposiciones y tendencias, con análogas disposiciones para enfermar, etc.

Personas distintas

Pero aunque genéticamente sean idénticos (constituyen un ejemplo de clonación natural), son dos personas distintas, cada una con su libertad, que hace que se distingan uno del otro. Por otra parte, la educación, las circunstancias, etc. harán lo demás: se acusarán aún más las diferencias. Por eso, es una falacia la idea tan extendida de que los individuos clónicos serán copias exactas no sólo en cuanto a lo orgánico sino también en lo psíquico, en lo racional. No podemos olvidarnos de la libertad del hombre, que es la gran modeladora de la personalidad. La libertad está por encima de la identidad genética.

Formación de individuos idénticos

La clonación no es más que la formación de individuos idénticos, bien de modo natural o artificial. El modo natural es el mencionado arriba, que viene a ser al fin y al cabo resultado de la unión de un hombre y una mujer, y en consecuencia de sus gametos. Pero podría lograrse la formación de gemelos, o sea, de individuos clónicos, por escisión artificial de un embrión humano: la manipulación de un embrión puede llevar consigo la segregación de células del mismo (no hay que olvidar que hoy día la manipulación embrionaria conlleva grandes riesgos: un 90% de los embriones fuera de su ambiente natural mueren). Precisamente, Hall y Stillman, en 1993, a partir de 17 embriones humanos poliploides (resultado de la fecundación de óvulos por parte de más de un espermatozoide cada uno de ellos) formaron 48 embriones, que no se les dejó seguir viviendo. La consecución de embriones gemelos es relativamente fácil en el laboratorio. De hecho, desde los años 80 se vienen consiguiendo terneras clónicas.

Clonación de mamíferos

La otra forma de clonación es la que consiguió el equipo de Wilmut en el Instituto Roslin de Edimburgo. Nos estamos refiriendo a la famosa oveja Dolly, obtenida en 1997. El método fue más sofisticado. Hace tiempo se intentaron estas técnicas en animales inferiores, por ejemplo en sapos, obteniendo buenos resultados. En mamíferos nunca fue posible, hasta que el equipo escocés lo logró, en la oveja. Se trata de la clonación por transplante nuclear. Se extrae de un óvulo (ovocito) el núcleo.

En esta situación, el óvulo queda como una bolsa o receptáculo capaz de recibir el núcleo de una célula adulta, que actuaría como el espermatozoide. Para ello, estos investigadores, según han explicado, usaron células de glándula mamaria, en estado quiescente, es decir, en estado de reposo, sin actividad proliferativa.

Las células mamarias se unen a los óvulos enucleados mediante pulsos eléctricos, con lo que se consigue que sus núcleos entren en los óvulos "vaciados" que se encuentran en el cultivo.

Parece ser que lograron 277 fusiones, de las cuales sólo ocho tuvieron éxito; y sólo llegó a nacer una oveja, Dolly. Parece por tanto que los núcleos de células adultas serían capaces de obrar de tal modo que es como si sufriesen un retroceso biológico repentino, para formarse rápidamente un embrión; y ello gracias a la influencia bioquímica del correspondiente citoplasma ovular sobre el núcleo transplantado. Dolly tendría la misma dotación genética que las células adultas de la oveja que donó los núcleos de las células de la glándula mamaria.

Inconvenientes y ventajas de la clonación

¿Qué inconvenientes biológicos tiene la clonación a gran escala? Entre otros, la disminución de la biodiversidad, la posible transmisión en serie de mutaciones y anomalías, la susceptibilidad común de los seres clónicos a determinadas enfermedades, etc., etc. Ventajas: si es a nivel ganadero, muchas, como tener vacas productoras de abundante leche, obtención importante de carne, etc. La investigación en animales en este sentido, si se hace salvaguardando las debidas garantías y reglas éticas, es buena, no tiene inconvenientes, y sobre todo si es para el beneficio del hombre.

La clonación de humanos

Y en cuanto al hombre, se dijo que la clonación humana no tendría utilidad clínica, que el sentir general rechazaría estas técnicas, que el número de óvulos que se requeriría sería muy elevado para obtener buenos resultados (y por tanto, tendrían que ser donantes varias mujeres para un mismo experimento). Wilmut declaró (y sigue diciendo lo mismo) que es una aberración pensar en la clonación humana.

En su momento, la Comisión Europea rechazó la clonación en humanos, así como numerosos países europeos y USA. La Santa Sede salió al paso en tal sentido. Y hoy tenemos de actualidad la clonación en humanos, conseguida en laboratorio, según se ha publicado recientemente en la revista Journal of Regenerative Medicine; clonación que ha sido reprobada por el Papa, e incluso por el Presidente Bush. No se debe manipular la vida humana con fines terapéuticos ni en base a otro fin, por muy laudable que sea.

Pero lo más grave de la técnica aplicada a la reproducción humana es, no ya la concepción de la vida humana en el laboratorio, como si se tratase de un producto experimental o industrial (y no dentro de la unión amorosa de un hombre y una mujer, en que el ser humano recibe la vida como resultado de la donación íntima de dos personas), sino la trivialización de la vida humana. Queda ésta cosificada. Y la vida humana no es cualquier cosa. Es precisamente lo más digno que tenemos a mano. Es el mayor don que recibimos, sin pedirlo. No se pueden utilizar vidas humanas, aunque sea por un fin bueno y útil. Se juega con la dignidad de la persona. El fin nunca puede justificar los medios, aunque ese fin sea óptimo.

El ser humano no puede ser manipulado

El hombre no puede ser usado como un medio. El ser humano engendrado no es una cosa, no es propiedad de nadie, no puede ser manipulado (aunque, desde luego, ese ser humano "conseguido" sea tan digno como cualquier otro). Los embriones, por tanto, no deben ser material de laboratorio. Por otra parte, la clonación, más que otras técnicas (como la fecundación in vitro, la inyección intracitoplásmica, la inyección subzonal, la inseminación artificial, etc.), rompe totalmente la vinculación natural de la filiación y de la maternidad y paternidad.

Por otro lado, la mujer, el hombre, serían como máquinas biológicas, que proporcionan óvulos, o células maduras.

En el fondo de todo late la consideración de la dignidad de la vida humana y por tanto de la aceptación o no de los derechos inherentes.

 

 

 

 



 

 

 





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