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Cuando el alma se cansa
Porque a veces el milagro no es que la respuesta llegue pronto, sino que Dios sostenga el alma mientras llega.
Por: Rafael Moya | Fuente: Cristo en la Ciudad
Por: Rafael Moya | Fuente: Cristo en la Ciudad

Hay días en que la fe no desaparece… simplemente se queda sin fuerza para sostenernos.
Días en que uno no reniega de Dios, pero sí le dice con honestidad:
“Señor… estoy cansado de esperar.”
En esta ciudad que nunca se detiene, donde todos parecen avanzar mientras uno pelea por no caer, Cristo no se escandaliza por nuestro cansancio.
Él lo conoce.
Él lo entiende.
Él también caminó hasta agotarse.
Y en medio del ruido, del tráfico, de la prisa ajena, Cristo se acerca sin exigir nada. No pide entusiasmo, ni sonrisa, ni fervor.
Solo nos susurra:
“Descansa en mí. Yo no te apuro.”
Porque a veces el milagro no es que la respuesta llegue pronto,
sino que Dios sostenga el alma mientras llega.
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