Prisiones del alma
Por: Alejandro Patrón | Fuente: Catholic.Net

¿No te pasa que hay días en los que parece que nada avanza? Como si estuvieras atrapado en un mismo lugar y, peor aún, sintieras que ya ni eres tú mismo. Ahora déjame preguntarte algo más fuerte: ¿qué pensarías si te dijera que puedes haber estado preso durante años… sin darte cuenta?
El Papa Francisco habló en varias ocasiones de algo muy real pero poco visible: las prisiones del alma. Sí, el alma también puede estar encarcelada. No con barrotes ni candados, sino de una forma mucho más silenciosa… y peligrosa.
LA PRISIÓN DEL EGO
El Papa afirmaba que esta es la peor de todas. El egocentrismo y la soberbia nos aíslan, nos endurecen y nos terminan torturando desde dentro. El “yo” se convierte en un verdugo silencioso que nos impide amar, escuchar y servir. Cuando todo gira en torno a mí, dejo de ver al otro… y sin darme cuenta, me quedo solo.
LOS VICIOS Y LAS PASIONES
¿Conoces a alguien que no puede dejar el casino, las apuestas o ciertos hábitos que parecen inofensivos? La avaricia, la gula, la lujuria, la envidia… no solo son “faltas” o errores momentáneos. Cuando no se enfrentan, se instalan en la vida y terminan robándonos la paz.
El pecado deja de ser algo ocasional y se vuelve una cadena que aprieta el corazón hasta quitarnos la libertad.
LAS PRISIONES PSICOLÓGICAS
Aquí entran los complejos, las heridas, los miedos, los bloqueos internos. Muchas veces los normalizamos diciendo: “así soy yo” o “a todos les pasa”, cuando en realidad son cargas que nos impiden vivir en plenitud. En lugar de buscar ayuda o acercarnos más a Dios, aprendemos a vivir con prejuicios, temores y desconfianza… como si esa fuera la única forma posible de vivir.
LOS CORAZONES CERRADOS
El Papa Francisco también insistió en que un corazón cerrado jamás podrá ser verdaderamente libre. La libertad auténtica nace de la esperanza y de la fraternidad, de abrirnos al otro y permitir que Dios sane lo que hemos endurecido.
Solo así podemos experimentar ese amor perfecto, sin miedo, que Dios tiene para nosotros… y que está hecho para ser compartido.
Ahora dime tú: ¿Crees que has estado o estas preso en alguna de estas prisiones? Lo importante es que podamos identificarlas para que, de la mano con Dios, podamos ser libres y disfrutemos plenamente ese regalo tan hermoso que nos ha dado que es la vida.


















