Cuaresma en Comunidad
Por: Alejandro Patrón | Fuente: Catholic.net

La Cuaresma no se vive en solitario. Es un camino que la Iglesia recorre en comunidad. Sin embargo, a veces, con el pretexto de “ayudar” o de “corregir fraternalmente”, caemos en una trampa muy común: comparar y criticar cómo están viviendo la Cuaresma los demás.
Lo que comienza como un “simple comentario” termina convirtiéndose en juicio, y el juicio (aunque se disfrace de buena intención) nos lleva directamente al pecado.
Curiosamente, si revisamos los Evangelios, en ningún momento vemos a Cristo diciéndole a los fariseos algo como: “Ustedes dicen que ayunan, pero yo estuve cuarenta días en el desierto y no digo nada”. Sin embargo, hoy no es raro escuchar: “Yo no comí carne el viernes y tú sí, así que eres un mal católico”. Pero eso no fue nunca el estilo de Jesús.
Lo que sí nos muestran los Evangelios es a un Cristo que se acercaba a quienes no eran “tan practicantes”, a los que eran señalados, juzgados o llamados paganos. Jesús no los corrigió desde la superioridad moral, sino desde el encuentro, la cercanía y el amor. Enseñaba con su propio testimonio.
Claro que el ayuno, la penitencia y los sacrificios son importantes en la Cuaresma. Nos ayudan a ordenar el corazón y a crecer espiritualmente. Pero de nada sirve dejar de comer carne si seguimos “devorando” a nuestro hermano con críticas, chismes y juicios.
La Cuaresma se vive en comunidad, sí… pero también se vive en caridad.
Solo desde la caridad podemos ayudar a otros a encontrarse con Dios. Solo desde la caridad podemos acompañarnos, levantarnos cuando alguno cae, apoyar cuando alguien va más lento o está luchando.
Esta preparación que nos propone la Cuaresma no es solo externa. También implica dejar que Dios moldee nuestro corazón, lo llene de amor y arranque de raíz todo prejuicio, toda soberbia y toda dureza.
Porque en comunidad crecemos.
Y en la división, nos perdemos.















