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Introducción - Parte I

Entrar en la propia pasión
Espiritualidad de la Cruz, reflexiones para la cuaresma.


Por: René Allande Sánchez. Misionero del Espíritu Santo | Fuente: Catholic.net



  1. Si el tema se expone en el tiempo litúrgico de Cuaresma, se ingresa automáticamente en la acción del Espíritu santo en la que está actuando en el hombre, lo que se va proclamando día a día en la palabra de Dios.
  2. El oyente, en este caso, ha de abrirse a la escucha de su propia pasión y sus formas de ir sufriendo la muerte, porque Cristo, al hacer camino de obediencia hasta la muerte y muerte de cruz, nos incluyó en su ser víctima y sacerdote, pensó en cada uno y nos pensó luchando por ser fieles, libremente fieles, a la capacidad de amor que nos participó.
  3. Guardemos un momento de silencio y pensemos en nuestros sufrimientos, en nuestras penas, en nuestros abandonos que necesariamente vamos experimentando y preguntémonos en presencia de Dios, si somos libres en ir aceptando nuestra cruz, si vamos uniendo nuestra pasión a la pasión de Jesús.

 

Hacer camino de la proclamación de la pasión y muerte de Cristo desde la propia pasión y muerte. Cristo ya no muere, ya no padece, ya no sufre. Somos nosotros prolongación de su morir y de su padecer, somos nosotros el proceso de su Luz definitiva, Él continúa sufriendo en sus miembros. Su cuerpo glorioso está a la expectativa de nuestro propio resplandor. Somos atracción del Verbo crucificado, estamos siendo atraídos por sus llagas.

 

  1. habitual en nuestro caminar cuaresmal es internarnos en el misterio del Dios crucificado-glorificado, hacer camino con El, padecer con Él, orar de forma contemplativa su camino de la cruz. La palabra, en este tiempo de gracia, nos irá llevando, por obra del mismo Espíritu santo, a la experiencia de nuestra propia pasión, de nuestro propio ir muriendo. De pronto nos encontraremos que no le somos indiferentes, que en su sufrimiento incluyó nuestro sufrir, que no hay muerte de hombre que no la haya hecho suya. Celebraremos el memorial de su pasión y muerte en la que está incluida mi propia pasión, y la pasión de todos, la comunidad Iglesia se reúne en fuerza de la atracción de su morir de amor, la liturgia de estos día nos irá llevando a conocernos y reconocernos como sus miembros. Consolar de alguna forma a Cristo es unirnos a Él sufriendo lo que tenemos que sufrir, cargar nuestra cruz unida a la de Él, no pretender estar en su lugar, sino unirnos a su pasión y muerte sabiendo que es así como tomaremos parte en ese mandato que nos hace: “Sean memorial mío”. Se nos sugiere mirar nuestras formas de ir padeciendo y muriendo a la luz de su padecer y morir, se trata de descubrirnos a la luz de su opción de seguir padeciendo y muriendo en favor del hombre, pero desde nosotros, no sin nosotros, somos su Cuerpo místico, desde nuestros miembros, desde nuestra libertad en ir dando la vida, por amor.
 

“Completo en mí lo que falta a la pasión y muerte de Cristo”

Cada uno ha recibido de Dios un nombre único, ese nombre es: Amor participado. Ser fieles al Amor, es hacer de nuestra vida un don de amor, hacer de nuestra vida, una recepción de amor. Tanto el amar como el ser amados es don y recepción entrañables, que incluye la renuncia a nosotros mismos. Nuestra pasión y muerte de cada día, corresponde a la capacidad de amor que hemos recibido de Dios.



“Cuando sea levantado en lo alto lo atraeré todo hacia mí”







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