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"Tus hijos no estarán mejor que tú"; Expertos analizan decisiones que podrían revertir esta crisis
Hoy, 50 de cada 100 personas que nacen en la parte baja de la escalera económica en México no logran superar esa condición.


Por: Felipe Monroy | Fuente: Catholic.Net



Ciudad de México.— En general, cada madre y padre de familia siente el deseo y la ilusión de que sus hijos alcancen condiciones de bienestar mejores que las que ellos han tenido; y, de hecho, durante un breve periodo en México, así fue. En la sociedad mexicana existía una especie de pacto social hacia la movilidad social: estudiar, esforzarse y trabajar duro abría un futuro mejor para los hijos. Sin embargo, la evidencia académica reciente ha destrozado esa promesa.

 

El diagnóstico es crudo. Según el Centro de Estudios Espinosa Yglesias, 50 de cada 100 personas que nacen en la parte baja de la escalera económica en México no logran superar esa condición en la edad adulta. Para las nuevas generaciones, la movilidad social ascendente se ha convertido en una ilusión. Estudiar, por ejemplo, ya no es sinónimo de prosperidad; la precarización laboral alcanza al 56% de los trabajadores en la informalidad, lo que anula cualquier posibilidad de crédito, vivienda o pensión digna. El sueño de la generación que vivió el desarrollo estabilizador se estrella ahora contra una realidad de bajo crecimiento y crisis sucesivas que han dejado a la generación millennial y Z con menos patrimonio y más incertidumbre sobre su futuro.

 

 



¿Mejorará el panorama laboral?

Durante la presentación del ‘Panorama Laboral 2026’, Rogelio Gómez Hermosillo, presidente ejecutivo de Acción Ciudadana Frente a la Pobreza, reveló que en México “más de la mitad de las personas ocupadas tienen trabajos precarios”. Los datos son alarmantes pues el 61% de los empleados carecen de afiliación al seguro social; la cuarta parte de los trabajadores tienen jornadas excesivas de más de 48 horas semanales y hasta 6% de trabajadores no tienen remuneración salarial. Esas condiciones revelan que, incluso contando con una actividad laboral, es muy difícil que sea moderadamente satisfactoria para el pleno desarrollo del trabajador.

 

Para el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (España), sólo en cortos momentos históricos convergen las condiciones socioeconómicas y políticas necesarias para favorecer un “ascensor social” moderadamente parejo para todos lo estratos de la población; sin embargo, lo más común es que la movilidad social sólo sea una realidad para una pequeña minoría y, en periodos de crisis, el origen social determina casi en absoluto el desarrollo de las nuevas generaciones. La meritocracia, en esas condiciones, es un mero espejismo.

 



Por ejemplo, en un estudio realizado por la Universidad de Chicago, sobre los mecanismos sociológicos que subyacen en las brechas de clase y su reducción, se asegura que las condiciones del vecindario y el empleo de los padres en la comunidad son predictores más fuertes del éxito futuro de los hijos que su talento o esfuerzo individual. Esto, a gran escala, genera una percepción singular: las personas mayores de 65 años sienten que viven mejor que sus padres; pero la mayoría de las personas menores de 35 años perciben que su bienestar ha empeorado. En México, esto se traduce en familias donde los hijos, a pesar de tener más educación, trabajar más horas y acumular más experiencia laboral, no pueden acceder a una vivienda digna.

 

 

¿Qué pueden hacer los padres hoy?

Si la escalera de la movilidad social ya no tiene peldaños en este siglo XXI es momento de construir nuevos escalones, sugieren los especialistas. El panorama no es alentador, pero por fortuna existen rutas de acción que se traducen en decisiones concretas para que, desde la familia, la comunidad y el gobierno se pueda reescribir el futuro de la clase trabajadora.

 

 

1. Desde la familia: La recomendación es la “inversión silenciosa” en la primera infancia, lo cual no se traduce necesariamente en inversión financiera: “las familias deben entender que la herencia más valiosa no es el dinero, sino un entorno estable” revela el estudio UNAB de Movilidad Social Multidimensional. Son la estructura familiar y el capital social (redes de apoyo, confianza, seguridad en el barrio) las condiciones determinantes para que los hijos superen el origen de sus padres. La recomendación es práctica: priorizar la estabilidad emocional y educativa en los primeros años, proveer tiempo, cuidado y convivencia mientras se fomenta el hábito del ahorro informal comunitario como semilla de la cultura financiera formal.

 

2. Desde las instituciones: Es urgente el regreso de la escuela como principal niveladora social. Los datos del Centro Espinosa Yglesias advierten que la movilidad educativa por sí sola no ha garantizado empleos de calidad en México; pero, la mayoría de los estudios revelan que, para los sectores desfavorecidos, la universidad sigue siendo la ruta dominante hacia mejores ingresos. Las familias deben evitar la deserción escolar a toda costa, incluso si el retorno económico no es inmediato.

 

3. Desde el gobierno: El Estado mexicano tiene la responsabilidad de atacar el núcleo del problema: la informalidad laboral. No puede haber movilidad sin empleo formal que otorgue acceso a crédito a la vivienda y a pensiones dignas. El estudio del Census Bureau sugiere que las políticas deben enfocarse en comunidades enteras, no solo en individuos: donde aumentan las tasas de empleo parental, mejoran los resultados de todos los niños de esa comunidad. Se requieren programas de vivienda que no expulsen a las familias a la periferia, sino que generen entornos con servicios y seguridad, ya que el déficit de 6.6 millones de casas en México es una bomba de tiempo para la desigualdad patrimonial.

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