Refugio
Por: Rafael Moya | Fuente: Cristo en la Ciudad

La lluvia cayó como si quisiera lavar toda la ciudad. Los que pudieron corrieron. Los demás se quedaron debajo de puentes, puestos cerrados o estaciones del Metrobús. En una cafetería pequeña de la Doctores, la muchacha del turno nocturno vio entrar a una mujer empapada con una niña dormida en brazos. No pidió nada. Solo preguntó: “¿Podemos quedarnos tantito?”. La muchacha miró el reloj. Faltaba media hora para cerrar.
Luego sirvió dos panes dulces y un chocolate caliente. Afuera seguían las sirenas. Adentro, por un momento, el miedo no entró. Eco. No todos los refugios tienen paredes gruesas. Algunos solo tienen humanidad.
Sagrado Corazón de Jesús, haz nuestro corazón semejante al tuyo: humilde, dispuesto a amar y atento a la voz de Dios. Que en medio de la rutina de cada día sepamos encontrarte en lo sencillo, permanecer fieles en la oración y vivir con caridad hacia los demás. Guíanos por el camino de tu paz y enséñanos a confiar plenamente en Ti. Amén.


















