"La ciudad cansada"
Horas extra
Por: Rafael Moya | Fuente: Catholic.Net

Las luces de la oficina seguían encendidas aunque ya casi era medianoche. La señora del aseo barría despacio mientras los Godínez terminaban pendientes eternos. Uno cabeceaba frente a Excel; otra rehacía una presentación por quinta vez, intentando corregir detalles que parecían no tener fin.
En el piso de abajo, la señora de los tacos seguía abierta. Cuando llegó un cliente visiblemente agotado, ella preguntó con naturalidad: “¿Con copia, joven?”. Él asintió cansado. Entonces, sin decir mucho más, puso un poco más de salsa y añadió: “Pa’ que aguante”.
Y aunque era una tontería mínima, algo en ese gesto le recordó que todavía existía humanidad en la ciudad. En medio del cansancio, las prisas y las obligaciones interminables, aquel pequeño acto de generosidad tuvo un valor mucho mayor de lo que parecía.
A veces el amor al prójimo viene envuelto en papel aluminio.
Sagrado Corazón de Jesús, haz nuestro corazón semejante al tuyo: humilde, dispuesto a amar y atento a la voz de Dios. Que en medio de la rutina de cada día sepamos encontrarte en lo sencillo, permanecer fieles en la oración y vivir con caridad hacia los demás. Guíanos por el camino de tu paz y enséñanos a confiar plenamente en Ti.
Amén.














