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Y ahora, ¿qué sigue?
Otro año más.


Por: Alejandro Patrón | Fuente: Catholic.Net



Antes de iniciar, quiero decirte algo:

¡Felicidades!

Estás llegando al final de otro ciclo escolar. Quizá fue un año complicado, lleno de tareas, exámenes, trabajos en equipo donde tú hiciste todo y los demás solo pusieron su nombre. O tal vez fue un gran año y te lo pasaste increíble.

Sea como sea, aquí estás.

Y eso significa algo importante: sigues avanzando.



Aunque también hay una realidad que suele aparecer cada vez que avanzamos: tenemos que tomar decisiones. Y si estás por terminar la preparatoria, seguramente ya escuchaste la pregunta que parece perseguirte a todas partes:

"¿Y qué vas a estudiar?"

La escuchas en las comidas familiares, en las reuniones, en la iglesia, con los vecinos y hasta con la señora que te vende los tacos.

Y conforme más se repite la pregunta, más presión parece existir para encontrar la respuesta.

Probablemente tus papás ya te recomendaron alguna carrera. Quizá existe un negocio familiar que esperan que continúes. Tal vez ya elegiste una licenciatura, aunque no te convence del todo. O a lo mejor todavía no tienes idea de qué quieres estudiar y eso te preocupa más de lo que te gustaría admitir.



Pero hay algo interesante cuando vemos la historia de muchas personas que aparecen en la Biblia:

-Mateo pensaba que sería recaudador de impuestos toda su vida.

-Pedro seguramente imaginaba que seguiría siendo pescador.

-David cuidaba ovejas en el campo.

Y aun así, Dios tenía planes mucho más grandes para ellos.

¿A qué voy con esto?

A que muchas veces vivimos tan apresurados por decidir que olvidamos preguntarle a Dios qué piensa Él. No porque Dios vaya a elegir por ti, aclaro, ¡no funciona así! después de todo, Él mismo te regaló el libre albedrío.

Pero sí quiere caminar contigo mientras decides.

Porque una cosa es tomar decisiones solo y otra muy distinta es tomarlas acompañado por Aquel que conoce tu corazón mejor que nadie.

A veces creemos que incluir a Dios en nuestros planes significa esperar una señal espectacular: un ángel bajando del cielo, una voz misteriosa o que aparezca el nombre de nuestra carrera escrito entre las nubes.

Normalmente no sucede así.

Lo que sí sucede es que Dios va hablando poco a poco en la oración, en los talentos que te regaló, en los deseos profundos de tu corazón y en las oportunidades que pone frente a ti.

Hay un pasaje que me gusta mucho. En Jeremías 29,11 Dios dice:

"Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes; planes de bienestar y no de desgracia, para darles un futuro lleno de esperanza."

Entonces surge una pregunta:

Si Dios quiere darnos un futuro lleno de esperanza, ¿por qué nos cuesta tanto decidir?

1.- Porque muchas veces dudamos.

2.- Dudamos de nosotros mismos.

3.- Dudamos de nuestras capacidades.

Y en ocasiones también dudamos de que Dios realmente está acompañándonos.

Por eso, antes de elegir una carrera, vale la pena hacer una oración sencilla:

"Señor, ¿este camino me ayudará a acercarme más a Ti? ¿Podré servirte también desde aquí?"

Porque la vocación no se limita al sacerdocio o a la vida religiosa.

También hay vocación:

-En un médico que pone sus talentos al servicio de los enfermos.

-En un maestro que educa con paciencia y amor.

-En un arquitecto que construye pensando en el bienestar de las personas.

-En un músico que utiliza su arte para inspirar.

-En un abogado que busca la justicia.

-En un emprendedor que genera trabajo y oportunidades para otros.

Dios puede ser glorificado desde cualquier profesión cuando se vive con amor, honestidad y servicio.

Así que si todavía no tienes todas las respuestas, ¡tranquilo! la mayoría tampoco las teníamos a tu edad.

Y si ya elegiste una carrera pero aún tienes dudas, ¡también es normal!

Lo importante es recordar que tu valor no depende del nombre de una licenciatura, sino de quién eres: un hijo de Dios.

Haz planes. Sueña en grande. Prepárate. Estudia.

Pero no olvides invitar a Dios a caminar contigo.

Porque cuando Él forma parte del camino, incluso los momentos de incertidumbre terminan convirtiéndose en oportunidades para descubrir algo mucho más grande de lo que habíamos imaginado.

Y quién sabe...

Tal vez dentro de algunos años mires hacia atrás y te des cuenta de que Dios también te estaba llevando por un camino que jamás habrías elegido por tu cuenta, pero que terminó siendo exactamente donde necesitabas estar.

 







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