¿DESDE CUÁNDO ES VIDA?
Por: Antoine Abraham | Fuente: Catholic.net

Vivimos en una época donde pocas preguntas generan tanta discusión como esta: ¿Cuándo comienza realmente una vida humana? Algunos responden que cuando aparece el corazón. Otros cuando existe actividad cerebral. Otros cuando el bebé puede sobrevivir fuera del útero. Sin embargo, antes de entrar en debates filosóficos o religiosos, conviene observar primero lo que ocurre desde la biología. Todo ser humano comenzó su existencia como una sola célula. Cuando el espermatozoide aporta 23 cromosomas y el óvulo aporta otros 23, se forma una nueva realidad biológica llamada cigoto. En ese instante aparece un ADN único e irrepetible.¹
No es el ADN del padre. No es el ADN de la madre. Es el ADN de un nuevo individuo de la especie humana. Desde ese momento existe una identidad genética propia que permanecerá durante toda la vida. La pregunta entonces es importante: Si ese organismo ya posee una identidad biológica distinta de la de sus padres, ¿qué tendría que ocurrir después para que se convierta en humano, si ya pertenece a la especie humana desde el inicio? Aquí aparece un concepto fundamental de la embriología moderna: la continuidad biológica. El embrión de una semana, el feto de tres meses, el recién nacido, el adolescente y el adulto no son seres distintos. Son etapas diferentes de desarrollo del mismo individuo.
No existe un salto biológico que transforme algo que no era humano en algo humano. Existe crecimiento. Maduración. Desarrollo. Pero el sujeto sigue siendo el mismo. Por eso el genetista francés Jérôme Lejeune afirmaba que aceptar que la vida humana comienza después de la fecundación implica señalar arbitrariamente un momento posterior que la biología no puede identificar con precisión. La discusión, en realidad, no suele ser biológica. Suele ser filosófica. Porque la verdadera pregunta es otra: ¿La dignidad humana aparece gradualmente o pertenece a la persona desde el comienzo de su existencia?
La postura de la Iglesia Católica sostiene que la dignidad no surge cuando aparecen determinadas capacidades, ni cuando existe conciencia, ni cuando alguien puede ejercer autonomía. La dignidad pertenece al ser humano por lo que es, no por lo que puede hacer.² Por eso la instrucción Donum Vitae afirma que el ser humano debe ser respetado y tratado como persona desde el primer instante de su existencia.³ Esta afirmación no nace únicamente de la fe. También surge de una reflexión antropológica profunda.
Porque si el valor de una vida dependiera de ciertas capacidades, siempre existiría el riesgo de considerar que algunas vidas valen más que otras. Y la historia ha demostrado muchas veces el peligro de recorrer ese camino. La pregunta, entonces, permanece abierta: Si la dignidad humana no depende de la fuerza, la inteligencia, la salud o la autonomía... ¿por qué habría de depender de la edad que tiene un ser humano?
Bibliografía
¹ Moore, K., Persaud, T. y Torchia, M. Embriología clínica. Elsevier.
² Robert Spaemann, Personas. Acerca de la distinción entre algo y alguien.
³ Donum Vitae, I,1.
? Evangelium Vitae, n. 60
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