Comportarse mal o comportarse bien
Por: P. Fernando Pascual | Fuente: Catholic.Net

Estamos seguros de que hay personas que se comportan mal. Algunos, por desgracia, muy mal, lo cual provoca daños enormes para otros. También estamos seguros de que hay personas que se comportan bien, y producen beneficios que agradecemos de corazón.
En ocasiones, estamos seguros de que nosotros mismos nos comportamos bien: al ayudar a un vecino, al perdonar una injuria, al hacer voluntariado. También pensamos que nos hemos portado mal: porque fuimos egoístas, porque nos dejamos llevar por la cobardía, porque permitimos crecer pasiones innobles que nos hicieron pecar.
Vemos, así, que continuamente distinguimos entre lo que significa comportarse bien y comportarse mal. Al mismo tiempo, acusamos a unos, y a nosotros mismos, de malos comportamientos, y alabamos a otros por su buen comportamiento. ¿De dónde salen esos juicios? Ha habido y hay muchas teorías. Pero en el fondo de todo juicio que implique distinguir entre buenos y malos comportamientos hay una idea irrenunciable en la existencia humana: no todo lo que hacemos tiene el mismo valor.
Así, una misma persona puede actuar según lo correcto, y luego dejarse vencer por deseos deshonestos y ceder a malas acciones. En ocasiones, esa persona se arrepiente por haberse comportado mal, y suele alegrarse cuando reconoce que se comportó bien (y otros, gracias a Dios, lo aplauden por sus buenas acciones). Resulta triste, en cambio, encontrarnos con una persona que se comporta mal y no lo reconoce, o incluso llega a pensar que sus acciones pecaminosas serían correctas. Como también causa algo de pena ver a alguien que tiene una vida éticamente bella y piensa, erróneamente, que sería una mala persona.
Comportarse mal o comportarse bien. Según lo que cada uno decida, el mundo empeora y sufren víctimas inocentes; o el mundo mejora, y entonces algunos seres humanos sienten un gran alivio y se animan a vivir honestamente.
Este día, ¿hacia dónde dirigiré mi mirada y mis acciones? ¿Qué comportamientos voy a llevar a cabo? Si me dejo ayudar por Dios, rechazaré todo aquello que me arrastra al pecado, y me abriré a todo aquello que me permita acoger la salvación: “por cuanto nos ha elegido en Él antes de la fundación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor” (Ef1,4).



















