Una banca en el parque
Por: Rafael Moya | Fuente: Cristo en la Ciudad

En medio de una ciudad que nunca parece detenerse, todavía existen lugares donde el tiempo transcurre de otra manera. Una banca bajo un árbol, un abuelo mirando jugar a sus nietos, una madre leyendo un cuento o alguien que simplemente contempla el cielo.
Son escenas sencillas, casi invisibles. Sin embargo, allí sucede algo que con frecuencia olvidamos: la vida también necesita pausas.
Jesús nunca tuvo prisa para encontrarse con las personas. Se detenía a escuchar, a preguntar, a compartir la mesa y a mirar a los ojos.
Quizá Dios nos espera precisamente donde dejamos de correr.
No todo silencio está vacío. Hay silencios que curan, que ordenan el corazón y nos permiten escuchar aquello que el ruido nos impide descubrir.
Quien aprende a detenerse también aprende a escuchar a Dios.
Oración a la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo
Señor Jesús, que por amor derramaste tu Preciosísima Sangre para la redención del mundo, te adoramos y te damos gracias por el inmenso don de tu misericordia.
Purifica nuestro corazón, fortalece nuestra fe, renueva nuestra esperanza y haz que vivamos siempre unidos a Ti. Que tu Sangre preciosa nos proteja del mal, nos conceda la gracia de la conversión y nos impulse a ser testigos fieles de tu Evangelio.
Te ofrecemos nuestras alegrías, trabajos y sufrimientos, para que, unidos a tu sacrificio, den fruto de santidad y amor.
María, Madre de la Iglesia, acompáñanos en nuestro camino hacia Cristo.
Amén.















