La fila
Por: Rafael Moya | Fuente: Cristo en la Ciudad

Todos hacemos filas. En el banco, en la farmacia, en el supermercado o para abordar un autobús. Casi nadie disfruta esperar y, sin embargo, todos compartimos ese mismo espacio por unos minutos.
Mientras miramos el teléfono o revisamos el reloj, a nuestro lado hay personas con historias que desconocemos. Cada una carga alegrías, preocupaciones, pérdidas o sueños.
Jesús nunca vio una multitud como un conjunto anónimo. Siempre descubrió personas.
Tal vez la fila no sea una pérdida de tiempo, sino una oportunidad para aprender a mirar.
Una sonrisa, una palabra amable o un gesto de cortesía pueden cambiar el día de alguien sin que lleguemos a saberlo.
La paciencia también puede convertirse en un acto de caridad.
Oración a la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo
Señor Jesús, que por amor derramaste tu Preciosísima Sangre para la redención del mundo, te adoramos y te damos gracias por el inmenso don de tu misericordia.
Purifica nuestro corazón, fortalece nuestra fe, renueva nuestra esperanza y haz que vivamos siempre unidos a Ti. Que tu Sangre preciosa nos proteja del mal, nos conceda la gracia de la conversión y nos impulse a ser testigos fieles de tu Evangelio.
Te ofrecemos nuestras alegrías, trabajos y sufrimientos, para que, unidos a tu sacrificio, den fruto de santidad y amor.
María, Madre de la Iglesia, acompáñanos en nuestro camino hacia Cristo.
Amén.













