Un café compartido
Por: Rafael Moya | Fuente: Cristo en la Ciudad

Muchas conversaciones importantes comienzan con una frase sencilla: "¿Tomamos un café?"
Alrededor de una mesa se reconstruyen amistades, se ofrecen disculpas, nacen proyectos y se alivian preocupaciones. Compartir el pan o una taza de café siempre ha sido mucho más que un acto cotidiano.
No es casualidad que Jesús eligiera tantas veces la mesa para encontrarse con las personas.
Dios también se sienta donde hay espacio para escuchar.
Quizá el milagro no esté en la bebida que compartimos, sino en el tiempo que decidimos regalarle al otro.
Porque hay personas que recuperan la esperanza simplemente al descubrir que alguien tuvo tiempo para ellas.
Toda mesa puede convertirse en un lugar de encuentro con Dios.
Oración a la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo
Señor Jesús, que por amor derramaste tu Preciosísima Sangre para la redención del mundo, te adoramos y te damos gracias por el inmenso don de tu misericordia.
Purifica nuestro corazón, fortalece nuestra fe, renueva nuestra esperanza y haz que vivamos siempre unidos a Ti. Que tu Sangre preciosa nos proteja del mal, nos conceda la gracia de la conversión y nos impulse a ser testigos fieles de tu Evangelio.
Te ofrecemos nuestras alegrías, trabajos y sufrimientos, para que, unidos a tu sacrificio, den fruto de santidad y amor.
María, Madre de la Iglesia, acompáñanos en nuestro camino hacia Cristo.
Amén.














