Cristo entre las personas
El conductor del autobús
Por: Rafael Moya | Fuente: Cristo en la Ciudad

Cada mañana toma el mismo recorrido. Conoce las avenidas, los semáforos y hasta los baches del camino. Sabe dónde suben los estudiantes, en qué parada espera siempre la misma señora y a qué hora comienza el tráfico más pesado.
Para muchos es apenas el conductor del autobús. Una persona más entre tantas. Pocas veces alguien le da los buenos días o le agradece el viaje.
Sin embargo, mientras conduce, lleva sobre sus hombros la responsabilidad de decenas de vidas. Su trabajo exige paciencia, prudencia y serenidad, incluso cuando recibe una mala respuesta o enfrenta el estrés de la ciudad.
Jesús también conoció el valor del servicio silencioso. Durante años trabajó en el taller de Nazaret sin aplausos ni reconocimientos. Antes de predicar, aprendió el valor de las tareas sencillas hechas con amor.
Quizá hoy Cristo viaje sentado en uno de esos asientos. O quizá conduzca el autobús que te lleva al trabajo.
Porque Dios suele esconder su grandeza en quienes sirven todos los días sin hacer ruido.
Nunca subestimes el valor de un servicio realizado con amor.
Oración a la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo
Señor Jesús, que por amor derramaste tu Preciosísima Sangre para la redención del mundo, te adoramos y te damos gracias por el inmenso don de tu misericordia.
Purifica nuestro corazón, fortalece nuestra fe, renueva nuestra esperanza y haz que vivamos siempre unidos a Ti. Que tu Sangre preciosa nos proteja del mal, nos conceda la gracia de la conversión y nos impulse a ser testigos fieles de tu Evangelio. Te ofrecemos nuestras alegrías, trabajos y sufrimientos, para que, unidos a tu sacrificio, den fruto de santidad y amor.
María, Madre de la Iglesia, acompáñanos en nuestro camino hacia Cristo.
Amén.

















