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La ventana encendida
Cristo sigue llamando discretamente a la puerta de cada hogar, esperando ser recibido en la sencillez de la vida cotidiana.


Por: Rafael Moya | Fuente: Catholic.net



Cuando cae la noche y la ciudad comienza a guardar silencio, basta mirar los edificios para descubrir pequeñas luces detrás de cada ventana.

Cada una ilumina una historia distinta. Hay familias reunidas alrededor de la mesa, alguien que estudia hasta tarde, una madre que vela el sueño de sus hijos, un anciano que reza antes de dormir o una persona que enfrenta sola una noche difícil.

Desde la calle solo vemos una luz.

Dios conoce el corazón de quienes viven detrás de ella.

Ninguna casa es demasiado humilde para su presencia.



Ninguna vida es demasiado pequeña para su amor.

Cristo sigue llamando discretamente a la puerta de cada hogar, esperando ser recibido en la sencillez de la vida cotidiana.

Porque el Evangelio comenzó en una casa de Nazaret y continúa escribiéndose en miles de hogares que intentan vivir con fe, esperanza y amor.

Donde una familia abre espacio para Dios, siempre hay una luz que vence la oscuridad.

Oración a la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo



Señor Jesús, que por amor derramaste tu Preciosísima Sangre para la redención del mundo, te adoramos y te damos gracias por el inmenso don de tu misericordia.

Purifica nuestro corazón, fortalece nuestra fe, renueva nuestra esperanza y haz que vivamos siempre unidos a Ti. Que tu Sangre preciosa nos proteja del mal, nos conceda la gracia de la conversión y nos impulse a ser testigos fieles de tu Evangelio. Te ofrecemos nuestras alegrías, trabajos y sufrimientos, para que, unidos a tu sacrificio, den fruto de santidad y amor.

María, Madre de la Iglesia, acompáñanos en nuestro camino hacia Cristo.

Amén.







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