Cristo sigue caminando
Por: Rafael Moya | Fuente: Catholic.net

Hace treinta días comenzamos este recorrido observando una ciudad que despertaba entre el ruido, las prisas y las preocupaciones de cada jornada.
Desde entonces descubrimos que Cristo estaba en el autobús, en el mercado, en el hospital, en la escuela y en la parroquia. Lo encontramos en la paciencia de una fila, en la serenidad de un parque, en el cansancio de un trabajador y también en los silencios de nuestro propio corazón.
La ciudad sigue siendo la misma.
Las calles no cambiaron.
Los semáforos continúan marcando el ritmo de la vida y las personas siguen caminando con sus alegrías y sus heridas.
Lo que ha cambiado es nuestra mirada.
Ahora sabemos que Dios nunca estuvo ausente.
Era nosotros quienes, muchas veces, caminábamos sin reconocerlo.
Como aquellos discípulos de Emaús, descubrimos que Cristo había recorrido el camino a nuestro lado desde el principio.
Y comprendimos que no hace falta abandonar la ciudad para encontrar a Dios.
Basta caminar con los ojos abiertos y el corazón dispuesto.
Mañana comenzará un nuevo mes.
La ciudad despertará otra vez.
Y Cristo volverá a salir a nuestro encuentro.
Porque Él nunca ha dejado de caminar por nuestras calles.
La verdadera peregrinación comienza cuando aprendemos a descubrir a Cristo en la vida de cada día.
Oración a la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo
Señor Jesús, que por amor derramaste tu Preciosísima Sangre para la redención del mundo, te adoramos y te damos gracias por el inmenso don de tu misericordia.
Purifica nuestro corazón, fortalece nuestra fe, renueva nuestra esperanza y haz que vivamos siempre unidos a Ti. Que tu Sangre preciosa nos proteja del mal, nos conceda la gracia de la conversión y nos impulse a ser testigos fieles de tu Evangelio. Te ofrecemos nuestras alegrías, trabajos y sufrimientos, para que, unidos a tu sacrificio, den fruto de santidad y amor.
María, Madre de la Iglesia, acompáñanos en nuestro camino hacia Cristo.
Amén.
















