Defensa de la auténtica tradición en la iglesia
Por: Salvador I. Reding Vidaña | Fuente: Catholic.Net

El caso actual de la Sociedad Sacerdotal San Pío X (SSSPX) también conocida como Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX), ha más que reavivado las críticas y los ataques a los Papas tras el Concilio Vaticano II, con diferentes alegatos según de donde provengan.
PREDOMINA LA EMOCIONALIDAD
Y las declaraciones en contra de lo que llaman modernidad de la iglesia son en su gran mayoría de índole emocional, visceral, más que malas interpretaciones, hechas principalmente por laicos desinformados, y en los casos de alegaciones de sacerdotes, religiosos y de algunos teólogos, de pretendido fondo teológico, bíblico o hasta canónico, la emotividad sigue apareciendo de manera más o menos evidente.
Esto del fondo emocional, afectivo, es más evidente entre el laicado que reclama lo que no conoce de su propia doctrina, del Evangelio y de su iglesia. Y esto no es nada nuevo, ni propio del medio religioso, es parte del ser humano en general. La sobrevaloración de lo emocional sobre lo razonado se da en las relaciones humanas, en la interpretación de la realidad y de las conductas humanas, de las ideas y de los principios. Y sucede en general de manera inconsciente. Las personas toman posiciones a favor o en contra más por emotividad que por real análisis.
BENEDICTO XVI RENUNCIA
Cuando Benedicto XVI presentó su renuncia, quienes alegaron con gran escándalo a veces que en realidad el Papa Ratzinger había sido presionado, que su renuncia era consecuencia de un complot vaticano, de traiciones, alegaron en estos sentidos verdaderas bobadas. Para comenzar, la renuncia fue presentada y leída ¡en latín!, y se dice que entre los cardenales y obispos presentes algunos de ellos, fallos en el conocimiento de ese idioma, no entendieron bien lo que decía Benedicto XVI, hasta que lo leyeron después. Dentro de las agresiones al nuevo Papa, Francisco, no faltaron quienes decían que ese texto era falso, o ilegal, inválido o que en realidad el Papa Ratzinger había renunciado a ser obispo de Roma ¡pero no al papado! Ello demostraba la absoluta ignorancia de lo que hablaban o escribían.
EL EJE: LA MISA TRIDENTINA
El eje central y a veces casi único en contra del Vaticano II por los escandalizados y convertidos en enemigos directa o inconscientemente de la propia iglesia fue y sigue siendo la llamada misa tradicional o tridentina. A ese nivel de simpleza se ha llegado. Y ello les lleva a la defensa de los seguidores del obispo Marcel Lefebvre y otros más, considerando que los papas desde Juan XXIII hasta León XIV son falsamente cabezas de la iglesia. Hasta algunos hablan de “sede vacante” de la silla petrina. Claro, sin pruebas, o con intentos banales de prueba, la mayoría simplemente como afirmaciones absolutas.
Pero los alegatos en contra del “Novus Ordo Missae” para la santa misa giran sobre el idioma y generalizan que hasta las “nuevas misas” en lenguas vernáculas son inválidas. Pero olvidan la esencia del sacrificio. Confunden pequeñas diferencias rituales con lo que es realmente: la celebración del sacrificio de Cristo, con la consagración de las especies como el centro de toda la ceremonia.
Para quienes alegan que al suplir la misa tridentina por la del Nuevo Orden, la iglesia tiró a la basura 400 años de tradición podríamos decirles que con esa mentalidad en Trento se tiraron a la basura 1,500 años de tradición. ¿Sin sentido, verdad, ambas cosas?
LA MISA ES LA MISA
La misa, en el idioma que sea es exactamente la misma, ni el cambio de idioma (que luego no entienden el latín) ni el sacerdote no dando la espalda al laicado, y la mayor presencia de mujeres, ni el desuso de velos en las mismas, ni la comunión de pie, y los demás detalles secundarios que quieran, dejan de ser la autenticidad de la celebración tal como Jesús pidió a sus apóstoles en la última cena: “haced esto en memoria mía”, orden y poder que ellos pasaron adelante a obispos y presbíteros a través de los siglos.
LA IGLESIA NO CAMBIA
Así, la defensa de una iglesia preconciliar al Vaticano II es increíblemente desde ingenua, ignorante, hasta de torcidas interpretaciones de lo que es el Evangelio, la verdadera tradición y el Derecho canónico. La iglesia católica no ha cambiado, no ha desbaratado o rehecho la doctrina. Y eso se le puede demostrar a quien tenga el deseo de entender, pero para lo cual se requieren al menos los conocimientos necesarios para entender lo que se discute.
Pero la mayoría de quienes se aferran a la misa tridentina y centran toda la doctrina y la verdadera tradición en ella, atacan a la iglesia, a los Santos Padres, a la jerarquía en general y defienden las posiciones lefebvristas ciegamente, o a veces creyendo que saben lo que están diciendo pero sin saberlo realmente.
LAS ORDENACIONES CISMÁTICAS
Tras las advertencias papales de León XIV (las mismas de sus antecesores) a la FSSPX de que no tenían derecho a ordenar nuevos obispos sin la autorización expresa del Papa, y mucho menos cuando se les había prohibido, y tras la declaración del Vaticano de que habían caído en excomunión automática, “latae sentenciae”, los defensores de dicha organización han intentado con argumentos más que torcidos, que no habían violado el Derecho canónico y que por tanto no habían caído en excomunión ni son cismáticos. He leído algunos con asombro. PD: hay que dejar bien claro que el Papa NO excomulgó a esos obispos, sino que el Vaticano declaró que habían caído en excomunión, pues muchos alegan que fueron excomulgados, y no es lo mismo.
CRISIS DE LARGO PLAZO
Tristemente va para muy largo esta crisis de la presunta defensa de la tradición en contra de los Papas postconciliares del Vaticano II, acusándolos de destruir la tradición, centrando casi todo en el cambio ceremonial de la misa de la tridentina a la del nuevo orden. Quienes como dice el Evangelio no quieren ver u oír, no lo harán. La cerrazón va a continuar, la desobediencia al Sumo Pontífice también.
Pero lo más grave de todo, es que quienes atacan a la iglesia y en especial a los Papas, acusándolos de desvíos doctrinales y alegando en contra de su legitimidad, simplemente ignoran gravemente al Espíritu Santo, que inspira y guía a la iglesia a través de los siglos como Jesús los prometió. Atacar a la iglesia es, por decir lo menos, hacer mofa del espíritu Santo, pensar y actuar como si no existiera.
¿Qué nos queda? Orar para que el Espíritu Santo abra los corazones y las mentes de los acusadores e ignorantes, de los malintencionados y hasta de algunos perversos para que vuelvan al cuerpo místico de Cristo. Que haya arrepentimientos y nuevos propósitos de estar en comunión con el Papa y no en rebeldía. Hay que ser hábiles y prudentes al hablar con los disidentes cercanos a nosotros, ser estudiados de la Verdad e insistir “oportuna e importunamente” en la Verdad de la doctrina, de las enseñanzas y de la autoridad de los sucesores de Pedro. Que el Espíritu Santo está en la iglesia y la guía siempre.















