La mejor herencia para nuestros hijos
Por: Francisco Mario Morales | Fuente: Catholic.Net

Una de las buenas cosas que podemos dejar en herencia a nuestros hijos… y quizás de las más importantes, son los más sólidos valores éticos, morales y religiosos, que en toda su vida les servirán como defensa ante las adversidades. Dejemos que nuestros hijos y los jóvenes en general se vayan responsabilizando, poco a poco, de sus propios actos, pero con las bases de los valores familiares con que los hemos formado. Entre más responsables sean, más satisfechos y seguros se sentirán de sí mismos. El sentido de la responsabilidad se va adquiriendo a medida que se observa la responsabilidad de los padres; se va aprendiendo cuando los papás asignan a cada uno las primeras tareas domésticas. Por medio de nuestro apoyo, ejemplo y participación, les estaremos enseñando a nuestros hijos el orden y la organización (trabajar con ellos). A medida que su edad avance, es nuestra responsabilidad enseñarles teórica y prácticamente a administrar su dinero. Es necesario estimularles su creatividad y su energía. A no dilapidar y mucho menos a dejarse llevar por el consumismo. Debemos ayudarles a ser responsables para poder ser libres. En su momento debemos enseñarles a ser adultos maduros y con la capacidad para compartir con los demás, para pensar en los demás y para hacer de los valores de amistad y de respeto mutuo un modo de vida.
Para que los jóvenes sean íntegros, debemos enseñarles a ser agradecidos, a interesarse por el prójimo (amigos, compañeros, vecinos, hermanos, padres, abuelos, etc.) y a respetar los límites de la libertad de ellos y de los demás. Enseñémosles que la verdadera recompensa de la vida radica en la vocación de servicio, en esfuerzo y en la calidad de actos humanitarios. Enseñémosles a tratar a los demás como a todos nos gusta que nos traten, es una excelente en forma de crear el sentido de la justicia.
Lograr la integridad que queremos de nuestros hijos, es indispensable inculcarles que tienen derechos. Que gozan de derechos como todo ser humano, como hijos, como estudiantes, etc. Tales derechos no existen sin sus deberes y responsabilidades. Ambas cosas se dan juntas. O bien una da la existencia de la otra. Es importante señalar que solo los derechos, sin el correspondiente deber, pueden convertir al adolescente, joven y al adulto (de ambos sexos) en: AUTORITARIO, PREPOTENTE, AVARO, EGOISTA, ENVIDIOSO, SOBERBIO, INGRATO E IRRESPONSABLE.
Pensemos responsablemente en el deterioro que a diario sufre nuestro mundo contemporáneo y de que es necesario hacer un alto en el camino, ubicar nuestra vida en los valores auténticos y demostrar a nuestros hijos la importancia que representa para el individuo el ser íntegro, tener bases sólidas para poder adaptarse y hacer frente con dignidad, honradez, amor, honestidad, prudencia, servicio, respeto y conciencia a nuestro mundo de hoy. Los peligros que siempre han acechado al ser humano y que cada vez se agudizan más por diferentes factores, nos deben impulsar a los papás a estar alerta, a ser más precavidos, responsables, prudentes y conscientes. Es necesario informar, mantener un diálogo permanente, orientar y educar a nuestros hijos, principalmente con el ejemplo, para que estén preparados, espiritual y moralmente contra el cúmulo de situaciones negativas que van a encontrar a través de su vida. No podemos, ni debemos, recluir a nuestros hijos en el hogar para evitar que las personas o el ambiente social puedan hacerles daño. Pero sí debemos y podemos, en principio, prepararlos responsable y debidamente para prevenirlos y evitar exponerlos (por excesiva tolerancia, permisividad y egoísmo o por apatía, indiferencia y comodismo de nuestra parte) a los peligros, ya no solo corporales, sino los daños psicológicos y morales que lesionan, ultrajan, degradan y destruyen lo más preciado del ser humano, SU DIGNIDAD, el respeto así mismo.
Iniciemos y mantengamos una continua comunicación, formemos la conciencia, formemos seres responsables consigo mismos y con los demás; seres libres y maduros, seres humanos. Si existe comunicación y verdadero diálogo entre padres e hijos no habrá dudas ni temores. La drogadicción, el alcoholismo, el libertinaje, la prostitución, etc., no penetrarán en nuestro ambiente familiar si nos concientizamos y nos comprometemos a dar un buen ejemplo. Si somos verdaderos maestros en la formación del respeto pleno y de la fraternidad. Somos los únicos responsables de guiar, de orientar y no dar cabida a la falsa “orientación” de la calle. Porque esa es la oportunidad que aprovechan ciertas ideologías y sectas para sembrar en el corazón de los jóvenes EL MATERIALISMO. Las consecuencias de una buena o mala formación son determinantes en la felicidad o el sufrimiento de una persona a lo largo de su vida. Por eso, no podemos seguir ignorándolo ni dejando que sean las redes sociales o el entretenimiento quienes los “formen”. Se educa la mente, el corazón y la conciencia se forman con el ejemplo. Es un camino que recorren padres e hijos desde la infancia, con naturalidad, con verdad y con amor. Si nuestros niños, adolescentes y jóvenes no encuentran tiempo disponible, respuestas, y atención argumentadas y adaptadas a su nivel de comprensión, que les ayuden a tomar decisiones conscientes y libres en un entorno seguro y formativo.
Cuando no encuentran respuestas y apoyo en casa o en la escuela, las buscan en otros lugares, donde muchas veces reciben información distorsionada o ideologizada. Las buscarán en internet, en redes sociales o en conversaciones con sus compañeros o “amigos” (malas compañías nocivas), donde la información la mayoría de las veces es incompleta, o totalmente errónea y mal intencionada. De esta manera dejamos a los jóvenes a merced de mensajes contradictorios, superficiales y muchas veces dañinos que reciben de su entorno, la sociedad y los medios de comunicación. Como padres tenemos la decisión de: Tomamos el compromiso y las riendas de una formación integral basada en el ejemplo y la congruencia, o a nuestros hijos los deforman en la calle.

















