Menu



Aprender a mirar

El sabor de lo cotidiano
Jesús crecía en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres.


Por: Rafael Moya | Fuente: CRISTO EN LA CIUDAD



Durante muchos años, la vida de Jesús transcurrió con absoluta normalidad. Vivió en Nazaret, trabajó, compartió la mesa con su familia, caminó por las mismas calles y convivió con sus vecinos. El Evangelio cuenta muy poco de aquellos años, quizá porque aparentemente no había nada extraordinario que contar.

Nosotros solemos buscar la felicidad en lo que todavía no ocurre: cuando termine una preocupación, cuando tengamos más tiempo, cuando llegue un proyecto, un viaje o una buena noticia. Y mientras esperamos, la vida sucede.

Sucede en el café de la mañana, en una conversación tranquila, en volver a casa, en el mensaje inesperado de un amigo o en sentarnos a la mesa con las personas que queremos.

En lo más profundo de la vida cotidiana se esconde el sabor de la felicidad.

Jesús pasó la mayor parte de su vida precisamente ahí, en lo cotidiano. Quizá sea una manera de recordarnos que Dios no nos espera solamente en los grandes acontecimientos. También está en esos pequeños momentos que, por repetirse todos los días, hemos dejado de mirar.



Tal vez la felicidad no necesite siempre que nuestra vida cambie. A veces basta con aprender a mirar de otra manera la vida que ya tenemos.

Evangelio: Jesús crecía en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres (Lucas 2, 52).

 







Compartir en Google+




Reportar anuncio inapropiado |