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Aprender a estar

Hacer espacio
Cuando hacemos espacio en nuestra vida, también abrimos un lugar para que Dios se haga presente.


Por: Rafael Moya | Fuente: Catholic.Net



Antes de celebrar la Pascua, Jesús pidió a sus discípulos que prepararan un lugar donde pudieran reunirse. Encontraron una habitación, dispusieron lo necesario y aquella noche se sentaron juntos alrededor de la mesa.

Antes del encuentro hubo algo muy sencillo: alguien hizo espacio.

Nuestra vida también necesita lugares disponibles.

Llenamos la agenda de reuniones, pendientes, mensajes y compromisos. Llenamos la casa de cosas y algunas veces hasta nuestras conversaciones están ocupadas por aquello que tenemos que hacer después.

Y entonces alguien necesita entrar.



Un hijo que quiere contarnos algo. Un amigo que necesita hablar. Nuestros padres que agradecerían una visita. Una persona a la que hace tiempo prometimos llamar.

Hacer espacio no significa abandonar nuestras responsabilidades. Puede ser algo tan sencillo como dejar libre una tarde, acercar otra silla a la mesa, apagar el teléfono durante una conversación o decidir que por un rato nada será más importante que la persona que tenemos enfrente.

Los discípulos prepararon aquella habitación sin saber todo lo que ocurriría allí.

Nosotros tampoco sabemos qué puede suceder cuando hacemos lugar para alguien.

Quizá algunas de las cosas más importantes de nuestra vida sólo necesitan eso:



encontrar un espacio donde puedan ocurrir.

Evangelio: Los discípulos preparan la Pascua (Marcos 14, 12-16).

 

 







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