¿Quién dice la gente que soy Yo?
Por: Alejandro Patrón | Fuente: Catholic.Net

Hay una pregunta que Jesús hizo hace más de dos mil años y que sigue siendo completamente actual: “¿Quién dice la gente que soy yo?”. En Mateo 16, Jesús hace esta pregunta a sus discípulos y ellos comienzan a responder: “Unos dicen que Juan el Bautista; otros, Elías; otros, Jeremías o alguno de los profetas”. Y quizá podríamos pensar que Jesús estaba haciendo una pequeña encuesta de popularidad: “A ver muchachos, ¿qué se anda diciendo de mí?”. Pero la pregunta tiene mucho más fondo. Porque cada uno de los personajes con los que comparaban a Jesús representaba algo muy particular. Elías era aquel profeta imponente, defensor de la fidelidad a Dios, asociado con el fuego y el celo por el Señor. Jeremías era el profeta que lloraba, que sufrió el rechazo de su propio pueblo y contempló con dolor lo que ocurría en Jerusalén. Juan el Bautista era la voz que clamaba en el desierto, aquel que llamaba fuertemente a la conversión y señalaba el pecado. Así que cuando la gente decía que Jesús podía ser alguno de ellos, en realidad también estaba diciendo cómo lo percibía.
Y eso me lleva a pensar:Si hoy Jesús hiciera la misma pregunta sobre nosotros…¿qué responderíamos? Tal vez algunos dirían: “Es el Dios que castiga” “Es el Dios que me dice todo lo que no puedo hacer” “Es al que busco cuando tengo un problema” “Es el Dios que nunca me responde”. Incluso podríamos encontrar quien lo vea solamente como un personaje histórico, un gran maestro, alguien que hizo milagros o simplemente “el de la cruz que está en la iglesia”. Después hizo una pregunta mucho más complicada: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” (Mateo 16,15). Ahí cambia todo. Porque ya no importa lo que dice tu familia, ni lo que te enseñaron en el catecismo, ni lo que viste en TikTok, ni siquiera lo que estás leyendo en este artículo. Ahora Cristo te pregunta directamente a ti:¿Quién soy Yo para ti?
Y creo que vale la pena detenernos a responderlo, porque la imagen que tenemos de Dios puede cambiar completamente nuestra relación con Él. Si para ti Dios es solamente un juez que está esperando a que cometas un error, probablemente vivirás tu fe con miedo. Si para ti Dios es una especie de genio de la lámpara al que recurres únicamente cuando necesitas algo, probablemente tu oración aparecerá solamente cuando tengas problemas. Si piensas que Dios es alguien lejano, posiblemente nunca tendrás la confianza de contarle aquello que realmente está pasando en tu corazón. Pero cuando empiezas a conocer verdaderamente a Cristo, descubres algo diferente.
Descubres al Dios que se acercaba a quienes todos rechazaban. Al que comía con pecadores. Al que tocaba a los enfermos. Al que lloró por un amigo. Al que perdonó desde una cruz. Al que fue capaz de dar su vida por amor. Y entonces la pregunta deja de ser solamente: “¿Quién es Jesús?”. Porque quizá esa respuesta ya te la aprendiste en el catecismo: “Jesús es el Hijo de Dios”. Pero hoy quiero invitarte a ir un poquito más lejos. ¿Qué significa que Jesús sea el Hijo de Dios en tu vida? ¿Es tu amigo? ¿Tu maestro? ¿Tu refugio? ¿Tu Salvador? ¿Es realmente alguien con quien tienes una relación o simplemente alguien de quien sabes muchas cosas?
Porque hay una gran diferencia entre saber quién es Cristo y conocer a Cristo. Los apóstoles tuvieron que descubrirlo poco a poco. Caminaron con Él, escucharon sus enseñanzas, vieron sus milagros, tuvieron dudas, se equivocaron y algunos incluso huyeron cuando llegó la Cruz. Y esa misma pregunta que Jesús hizo a sus discípulos hace más de dos mil años sigue esperando nuestra respuesta. Así que hoy Cristo se pone frente a ti y te pregunta: “Y tú… ¿quién dices que soy Yo?”. Tal vez descubrir tu respuesta sea también el comienzo para conocerlo de verdad.

















