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Donación, transplantes y xenotransplantes
Son lícitos si no ponen en peligro la vida del donante, o que interfieran con la identidad. La donación de órganos es una gran muestra de caridad hacia el prójimo


Por: + Javier Lozano Barragán, Presidente del Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud | Fuente: Fundamentos teológicos de la Bioética VI



Se dan tres clases de transplantes: autoplásticos, homoplásticos y heteroplásitocs. Los autoplásticos se realizar de partes de la misma persona; los homoplásticos, del mismo género de personas; los heteroplásticos, de distinto genero, de animales; y artificiales. El principio es la conservación de la vida y la identidad de la persona, tanto del recipiente como del donante. Son lícitos los autoplásticos; en cuanto a los heteroplásticos, no se aceptan donaciones de órganos que pongan en peligro la vida del donante, o que interfieran con la identidad del recipiente como fuera en transplantes de encéfalo o gonadas. Asegurado lo anterior, la donación de órganos es una gran muestra de caridad hacia el prójimo. No se acepta en ello la ganancia económica.

En cuanto a la donación de órganos humanos después de la muerte, es obvio que primero tiene que constar de la muerte del posesor originario. El Santo Padre Juan Pablo II, con ocasión del XVIII Congreso Internacional de la Sociedad de Transplantes (Vers. Ital., “L’Osservatore Romano” del 30.8.2000, p.2-4) dice así: “Los órganos vitales singulares sólo pueden ser extraídos después de la muerte...Conviene recordar que existe una sola muerte de la persona, que consiste en la total desintegración de ese conjunto unitario e integrado que es la persona misma, como consecuencia de la separación del principio vital, o alma, de la realidad corporal de la persona. La muerte de la persona, entendida en este sentido primario, es una acontecimiento que ninguna técnica científica o método empírico puede identificar directamente.

Pero la experiencia humana enseña también que la muerte de una persona produce inevitablemente signos biológicos ciertos, que la medicina ha aprendido a reconocer cada vez con mayor precisión. En este sentido, los criterios para certificar la muerte, que la medicina utiliza hoy, no se han de entender como la determinación técnico científica del momento exacto de la muerte de una persona, sino como un modo seguro, brindado por la ciencia, para identificar los signos biológicos de que la persona ya ha muerto realmente. Es bien sabido que, desde hace tiempo, diversas motivaciones científicas para la certificación de la muerte han desplazado el acento de los tradicionales signos cardio-respiratorios al así llamado criterio “neurológico”, es decir, a la comprobación según parámetros claramente determinados y compartidos por la comunidad científica internacional, del cese total e irreversible de toda actividad cerebral (en el cerebro, el cerebelo y el tronco encefálico)...La Iglesia no hace opciones científicas. Se limita a cumplir con su deber evangélico de confrontar los datos que brinda la ciencia médica con la concepción cristiana de la unidad de la persona, poniendo de relieve las semejanzas y los posibles conflicto, que podrían poner en peligro el respeto a la dignidad de la persona humana... (Cuando se dan los signos anteriores, quien deba dar la certificación de la muerte) puede tener la certeza moral ...necesaria y suficiente para poder actuar de manera éticamente correcta.

Xenotransplantes

En caso de utilidad el hombre puede servirse de los órganos de los animales para posibles transplantes. En este caso como en los demás transplantes se debe respetar la plena identidad psicológica y genética del hombre. Y será lícito emplearlos siempre y cuando se haya probado la posibilidad biológica de realizar con éxito el transplante, sin exponer al recipiente a riesgos excesivos.

El xenotransplante se halla en etapa principalmente experimental. De los resultados de estos trabajos dependerá la evaluación de la magnitud y aceptabilidad del riesgo al que se haya de someter a los pacientes. De este riesgo depende principalmente del peligro de rechazo de injertos procedentes de otra especie biológica, y del peligro de infecciones virales (zoonosis) que puedan ser introducidas en el acto del implante.
Un aspecto que también es importante es que el xenotransplante demanda la preparación de animales transgénicos. Este proceso debería ser siempre evaluado cuidadosamente por expertos para controlar el eventual sufrimiento exagerado de los animales, así como el posible impacto genético sobre su especie y sobre el medio ambiente.


Para consultar el documento completo:

Los fundamentos teológicos de la Bioética: índice
 





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