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Trasplantes y muerte cerebral
El periódico del Papa ha cuestionado si el cese de actividad cerebral es suficiente para certificar la muerte y ha reabierto la discusión sobre la remoción de órganos de


Por: Sandro Magister | Fuente: Catholic net



El periódico del Papa ha cuestionado si el cese de actividad cerebral es suficiente para certificar la muerte. Con ello, se ha reabierto la discusión sobre la remoción de órganos de "cadáveres calientes" mientras el corazón sigue latiendo. Los eruditos de la Pontificia Academia de Ciencias son aun más críticos al respecto.

Por medio de un prominente articulo de primera pagina, "L´Osservatore Romano" reabrió la discusión sobre el criterio de certificación de muerte de un ser humano. El artículo es de Lucetta Scaraffia, Profesora de Historia Contemporánea de la Universidad de Roma "La Sapienza" y escritora miembro del periódico del Vaticano. El director de la oficina de Prensa, Fr. Federico Lombardi, aclaró que el artículo "no es un acto del Magisterio de la Iglesia ni un documento de un organismo pontificio", de modo que las reflexiones expuestas allí "se le deben atribuir a su autora y no a la Santa Sede"

Se debe tener en cuenta que "L´Osservatore Romano" actúa como un medio de comunicación oficial de la Santa Sede en lo que respecta a "nuestra información", es decir las audiencias, citas y actividades del Papa. Casi todos los artículos se imprimen sin previa revisión por parte de las autoridades vaticanas y la responsabilidad de lo que ahí se menciona recae sobre los autores y el director, Profesor Giovanni María Vian. Sin embargo, no se esto no cambia en nada el hecho de que el artículo haya roto un tabú, y en un periódico que de cualquier modo es "el periódico del Papa".

Hace 40 años, el 5 de agosto de 1968, el "Periódico de la Asociación Medica Estadounidense" publicó un documento llamado "el informe Harvard", el cual establecía al cese de toda actividad cerebral, en lugar de la detención del corazón, como el momento de la muerte. De inmediato, todos los países adoptaron la medida, incluso la Iglesia Catolica tomo la misma posición. En particular, mediante una declaración realizada en 1985 y otra en 1989 por parte de la Pontificia Academia de Ciencias, apoyadas también por un discurso del Papa Juan Pablo II. El Papa Karol Wojtyla retomó el tema en diferentes ocasiones, por ejemplo un discurso que dio durante un Congreso Mundial de la Sociedad de Trasplantes el 29 de Agosto de 2000. De este modo, la Iglesia Católica legitimó la remoción de órganos tal cual como se le practica en la actualidad a nivel mundial a personas cuyas vidas llegaron a su fin ya sea producto de una enfermedad o lesión, es decir al momento de certificar la muerte del donante luego de un irreversible coma, aunque la persona este respirando y su corazón continúe latiendo. Desde entonces, no ha habido más discusiones sobre este punto dentro del seno de la Iglesia Catolica. Lo único que se ha dicho al respecto se ubica en la misma línea del informe Harvard. Dentro de esta línea se encontraba el Cardenal Dionigi Tettamanzi, antes del año 2000, cuando tópicos como la Bioética eran su pan de cada día.

Después de él, las autoridades eclesiales más consultadas acerca de esta materia han sido el Obispo Elio Sgreccia, hasta hace algunos meses el Presidente de la Pontificia Academia para la Vida, y el Cardenal Javier Lozano Barragán, Presidente del Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud. Todavía en la actualidad, uno de los mas respetados expertos en el campo eclesial, Francesco D´Agostino, Profesor de Filosofía del Derecho y Presidente Emérito del Comité Italiano de Bioética, defiende firmemente el criterio establecido por el informe Harvard.

Las dudas que presentó el articulo del "L´Osservatore Romano" no influyen en su certeza: "la tesis de Lucetta Scaraffia está presente en el medio científico, pero claramente dentro de una minoría". Sin embargo, en el fondo, las dudas están aumentando dentro de la Iglesia. Desde Pio XII en adelante, los pronunciamientos de la Jerarquía sobre este asunto han sido menos claros de lo que aparentan.

Esta "ambigüedad" de la Iglesia se ilustra en un capitulo entero de un libro que se publicó en Italia recientemente llamado "Muerte cerebral y trasplante de órganos, un Asunto de Ética Legal" publicado por Morcelliana en Brescia. El autor es Paolo Becchi, Profesor de Filosofía del Derecho de la Universidad de Genoa y Luzern, además de ser seguidor de un Pensador Judío de nombre Hans Jonas que se dedicó a reflexionar sobre el fin de la vida. Según Jonas, la nueva definición de muerte que estableció el informe Harvard no fue producto de un avance científico real, sino de intereses, debido a la necesidad de los trasplantes de órganos.

Sin embargo, especialmente dentro de la Iglesia, las voces críticas están ganando terreno. Desde 1989, cuando la Pontificia Academia de Ciencias trató el asunto, el Profesor Josef Seifert, Rector de la Academia Internacional de Filosofía de Liechtenstein, formuló firmes objeciones a la definición de muerte cerebral. En aquella conferencia, Seifert fue la única voz disidente.

Algunos años después, cuando a partir del 3 y 4 de Enero de 2005, la Pontificia Academia de Ciencias tocó de nuevo el tema sobre los "signos de muerte" las posiciones han cambiado. Los expertos presentes, filósofos, juristas y neurólogos de diferentes países, estuvieron de acuerdo en sostener que la muerte cerebral no representa la muerte de un ser humano y que el criterio de muerte cerebral debería ser desechado por carecer de sustento científico. Esta conferencia fue un shock para las autoridades Vaticanas que suscribieron el informe Harvard.

El Obispo Marcélo Sánchez Sorondo, Canciller de la Pontificia Academia de Ciencias, evitó que las memorias fuesen publicados. Por ende, un número considerable de voceros les entregaron sus textos a un editor externo: Rubbettino. El resultado fue un libro cuyo titulo en latín es "Finis Vitae", editado por el Profesor Roberto de Mattei, Director Suplente del Consejo Nacional de Investigación y Editor de la publicación "Radici Cristiane". El libro se publicó en dos ediciones, en Italiano y en Inglés. Se presentaron 18 ensayos, la mitad de ellos realizados por eruditos que no habían participado en la conferencia de la Pontificia Academia de las Ciencias, pero que compartían los mismos puntos de vistas, entre estos se encuentra el Profesor Becchi. Entre aquellos que sí hablaron en la conferencia, se debe hacer una mención especial a Seifert y al Filosofo Alemán Robert Spaemann, altamente respetado por el Papa Joseph Ratzinger. Ambos, el doble volúmen publicado por Rubbettino y el libro de Becchi publicado por Morcelliana, le dieron a Lucetta Scaraffia un medio para reabrir la discusión en las columas del "L´Osservatore Romano", al cumplirse el cuarenta aniversario del informe Harvard.

¿Qué piensa Benedicto XVI?

Él nunca ha tocado directamente el tema, incluso ningún teólogo o Cardenal lo ha hecho. Sin embargo, si se sabe cuanto respeto él le tiene a su amigo Spaemann.

En el Consistorio de 1991, Ratzinger dio un discurso ante los Cardenales sobre las "amenazas contra la vida". Aquí se muestra como describió esas amenazas: "El diagnostico prenatal se usa casi como rutina en las mujeres ´en riesgo´ con el fin de eliminar sistemáticamente todos los fetos que pudiesen venir con alguna mal formación o enfermedad. Todos aquellos que han tenido la buena fortuna de haber sido traídos al mundo, pero la mala fortuna de haber nacidos con discapacidades, corren un serio riesgo de ser asesinados inmediatamente después de haber nacido o de que se les niegue el alimento o los cuidados básicos. Luego, aquellos que no son inmersos dentro de un ´irreversible´ coma ya sea por enfermedad o lesión serán frecuentemente llevados a la muerte para satisfacer la demanda de trasplantes de órganos o serán usados para experimentos médicos como con los ´cadáveres calientes´. Finalmente, cuando la muerte parece estar cerca, muchos serán tentados a acelerar el proceso mediante la eutanasia".

Se puede inferir que estas palabras de Ratzinger ya tenían fuertes reservas con respecto al criterio de Harvard y la practica derivada de ello. A su juicio, la remoción de órganos de donantes al término de sus vidas se realiza frecuentemente con personas que no han muerto aun, pero que son "llevadas a la muerte" por ese propósito. Además, como Papa, Ratzinger publicó el Compendio del Catecismo de la Iglesia Catolica. En el numero 476 se lee: "Antes de continuar el noble acto de la donación de órganos después de la muerte, se debe verificar que el donante realmente murió". En su libro, Becchi comenta: "Porque existen fuertes argumentos en la actualidad para sostener que la muerte cerebral no significa la muerte real de un individuo, las consecuencias en lo que respecta a los trasplantes pueden ser realmente explosivas, sin dejar de lado que cualquiera puede preguntarse cuando éstas producirán una declaración oficial acerca de la posición de la Iglesia".

Articulo de Lucetta Scaraffia en "L´Osservatore Romano" 3 de Septiembre de 2008.
I segni della morte. A quarant´anni dal rapporto di Harvard

Libros:
Roberto de Mattei (ed.), "Finis Vitae. ¿La muerte cerebral todavía es vida?", Rubbettino, Soveria Mannelli, 2006, 336 pp.

Paolo Becchi, "Morte cerebrale e trapianto di organi. Una questione di etica giuridica", Morcelliana, Brescia, 2008, 198 pp.

Traducción al Inglés por Matthew Sherry, Saint Louis, Missouri, U.S.A.

Traducción al Español por José Nicomedes Ramírez Hernández, Caracas, Venezuela
 





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