Menu


Los cantorales del scriptorium del Monasterio de Santa Fe
El repertorio que nos ha llegado a través de los cantorales del Real Monasterio Cisterciense de Santa Fe (Zaragoza), testigo mudo de siglos de búsquedas y vivencias


Por: Luis Prensa Villegas | Fuente: Amigos del Canto Gregoriano



En el ámbito de los trabajos de investigación (1) que se están llevando a cabo sobre los fondos musicales en Aragón, presentamos (2) hoy un corpus del repertorio cisterciense, un conjunto de códices de especial importancia no sólo para el estudio de los repertorios litúrgico-musicales utilizados en Aragón a lo largo de los siglos, sino también para su estudio en otras Congregaciones Cistercienses del resto de España.

El Císter, en efecto, aparece muy pronto en Aragón (3) con la fundación de Santa María de Veruela (Zaragoza), en 1146. Le seguirán las abadías de Piedra, en 1194, y de Rueda, en 1202, así como los monasterios femeninos de Casbas y Santa Lucía, y otros. Pero el que más interesa a nuestro propósito es el Real Monasterio Cisterciense de Santa Fe, de cuyo scriptorium proceden los códices en cuestión, custodiados hoy, por azares del destino, en la Cartuja "Aula Dei" de Zaragoza (4).


PROCEDENCIA

De cómo llegaron estos cantorales a la biblioteca de la Cartuja "Aula Dei" conocemos lo esencial. En el año 1835, este conjunto de libros tuvo la suerte de salvarse del exilio y del despojo que siguió a la Desamortización. Fueron, de hecho, a parar al Seminario de San Carlos de Zaragoza, junto con otros de la Cartuja y de otras órdenes religiosas. Cuando, en 1903, los Cartujos, expulsados a su vez de Francia, pudieron regresar a su Monasterio en tierras aragonesas, el Seminario les hizo entrega de los Cantorales propios de su Orden así como los del Císter.

En efecto, aparte de otros interesantes manuscritos y de los libros litúrgicos propios de la Orden Cartujana, de los que se hablará en un estudio aparte, al punto me llamó poderosamente la atención una colección de 30 magníficos cantorales, al parecer de la liturgia cisterciense, celosamente custodiados por esta Comunidad. Se trata de un conjunto que abarca el año litúrgico casi en su totalidad. Todos tienen, como más adelante se verá, la misma procedencia: el scriptorium del hoy desaparecido Real Monasterio de Santa Fe (5), de la Orden del Císter, situado en la ribera izquierda del río Huerva, cerca de Cuarte y Cadrete, no muy lejos de la ciudad de Zaragoza. Fue fundado en 1223 por Miguel Zapata, quien previamente había tenido en esos dominios un castillo. Se unió al Císter aragonés en 1616. Sufrió saqueos en la guerra de la Independencia y fue abandonado en 1835, como consecuencia de la Desamortización.


CONTENIDO

Uno de los principales valores de este conjunto de cantorales consiste en que transmite un repertorio, el cisterciense, casi completo, y de la misma época. No es difícil hallar códices aislados o en grupo, y, en su caso, fragmentos de la misma tradición. Sin embargo, el hecho de que nuestro corpus transmita prácticamente todo el repertorio cantable y que, además, todos sus elementos sean contemporáneos, le añade una especial significación. (...)

La notación que aparece en todos los cantorales es la conocida como cuadrada gregoriana, sobre tetragrama. Todavía se mantiene en ella la concepción neumática, y no se aprecia disgregación del neuma, que muy pronto aparecerá por todos sitios. Básicamente, en un estudio comparativo con las fuentes primeras, San Galo y Laon, se aprecia la correspondencia entre ambas escrituras, con las salvedades de las distintas reformas cistercienses de que hablaremos más adelante.

Encontramos todos los neumas propios de la grafía gregoriana: punctum, virga, clivis, pes, torculus, porrectus, scandicus, climacus, y sus desarrollos. En esto se apartan de las ediciones inmediatamente posteriores, donde el neuma desaparece en beneficio de una escritura plana, en la que es difícil percibir la intencionalidad rítmica del escritor. Todavía se percibe en estos cantorales los agrupamientos neumáticos, o dicho de otro modo, el corte neumático, base de toda la rítmica gregoriana. Es éste un dato importante por cuanto ya en la misma época, en otros sitios el canto gregoriano se iba reduciendo a la yuxtaposición y sucesión de notas sueltas. Se diría, por todos estos datos y otros, que se trata de una copia de códices anteriores.

Hay, además, un elemento interesante, que denota la influencia tridentina (10), aunque sea de una mano posterior. En algunos de los cantorales, por ejemplo en el número 25, correspondiente a las misas de Jueves Santo, Viernes Santo, etc., una mano ha mutilado brutalmente los melismas prolijos. Ha raspado la tinta, aunque todavía es perceptible el diseño original porque la mancha permanece perfectamente visible. De este modo, lo que antes constituía una pieza melismática, se ha convertido en una pieza semiadornada, o en algunos casos, silábica.

En cuanto al uso de las tintas, los copistas utilizan los colores negro y rojo para el cuerpo de escritura y notación, respectivamente. Y el morado y sepia para el relleno de algunas letras más destacadas

Hay, además, en los cantorales gran profusión de páginas ricamente iluminadas, de letras iniciales, algunas de ellas de gran belleza. Varias de ellas ocupan el folio entero, como en el cantoral nº 17 (fol. 1r y 41r), con un formato de 88 x 64, o en los n´ 23, 24 y 25, con un formato de 83 x 60. Los autores parecen ser varios, aunque hay una única concepción y, parece, una sola dirección.

Varias de ellas consisten en trabajos caligráficos de extrema perfección, lo que supone un empleo larguísimo del tiempo y una paciencia realmente "benedictina" (no 22 y 27). Unas son pinturas al óleo (no 2, 17 y 2 l); otras son acuarelas (no 9, 18 y 19), y otras son mezclas.


ORIGEN

Se ha dicho ya que de su análisis se desprende que proceden del Scriptorium del Real Monasterio de Santa Fe. Sin embargo, lo que es cierto para la mayoría no lo era tan claro, en un primer momento, para 5 de ellos. Así, los registrados con los números 1 al 5 omiten algunos salmos en los Nocturnos. Son los mismos que omite la Orden de los Cartujos: salmos 35 y 42, en la feria II; 50 y 56, en la feria III, etc. Esto hacía sospechar, en un primer momento, que estos cinco cantorales pertenecían a la liturgia cartujana. Sin embargo, varios elementos nos inclinan a pensar lo contrario:

- los versículos de Maitines y Laudes, así como el número de alleluia de las antífonas del tiempo pascual, son distintos al repertorio cartujano;

- los responsorios de Laudes y Vísperas se cantan siempre como los responsorios prolijos;

- las antífonas de Prima de los días feriales tienen notación musical;

- contienen también el Oficio de Completas.

Para dilucidarlo se ha consultado un breviario antiguo cisterciense (11). En él, los salmos de Maitines que se omiten en el Císter, también se omiten en la Cartuja. Pero en los Cantorales del Císter aparecen citados para que se busquen en otra parte del mismo libro (para el salmo 35, remite a Laudes de la misma Feria; para los salmos 42 y 56, remite a Laudes de la Feria IV, etc.)

El contraste de éste y otros elementos hacen pensar, con un grado de probabilidad bastante alto, que estos 5 cantorales pertenecen también al Scriptorium del Real Monasterio de Santa Fe, aunque de fecha anterior.

Los cantorales restantes no ofrecen duda alguna sobre su procedencia (12).


DATACIÓN

De los datos que se desprenden de su estudio codicológico y paleográfico, y según consta en una inscripción del cantoral registrado con el no. 19, en su folio 44r, son del "año 1616" fecha en la que el Monasterio se unía a la Congregación Cisterciense de Aragón (13).


LA TRADICIÓN LITÚRGICA DEL CÍSTER

Los primeros cistercienses, de finales del siglo XI y comienzos del XII, querían seguir en todo la Regla de san Benito, huyendo de los excesos de Cluny, donde cada día se cantaban 215 salmos, en vez de los 40 prescritos por la Regla. Su reforma (14) iba en el sentido de la simplicidad, palabra que se repetirá, una y otra vez, a propósito de canto y de la liturgia.

En el pensamiento de Esteban Harding, tercer abad del Císter, para recuperar la pureza original del canto de la Iglesia, había que volver al rito romano. Y así envió a sus chantres a Metz (15). Esta ciudad había sido, en el siglo IX, uno de los principales centros de difusión del canto romano en el imperio carolingio. Esta versión mesina del canto se mantuvo hasta la muerte de Esteban, en 1134. A su muerte, los cistercienses quisieron refundir el repertorio litúrgico, revisando sistemáticamente cada pieza según los criterios establecidos por la teoría. Una teoría que había que elaborar para ello.

Esta reforma, cuyo principal protagonista fue Guy d´Eu, tenía como base el canto gregoriano y abarcaba dos aspectos fundamentales:

A) Ordenación musical, referente sobre todo al modo de cada una de las piezas y a sus características básicas:

- La ornamentación superflua y los giros extraños quedaban excluidos.
- La modalidad debía aparecer claramente en cada pieza, sin ambigüedad ni mezcla de modos.
- En el interior de un modo, cada grado de la escala sonora debía ocupar su rango jerárquico, gracias al cual podía desenvolverse correctamente el discurso sonoro. De todo ello se seguía una presencia exagerada de los grados principales, que manifestaban de este modo su función polarizante en el desarrollo de la obra.
- El ámbito de cada modo no podía sobrepasar los límites establecidos en la teoría.

B) Ordenación litúrgico, en cuanto al uso de algunas de las formas
musicales:

- Los cistercienses querían cantar el alleluia hasta Cuaresma, a pesar de lo dispuesto en el sínodo de Aquisgrán en 816, que pedía omitirlo desde septuagésima. De igual modo suprimieron oraciones, letanías, versículos, procesiones, sufragios de los santos, e incluso de la Virgen María.
- Los cistercienses, según les reprocha Abelardo, abandonan la costumbre de los monjes para ajustarse, en el Oficio de los 3 últimos días de Semana Santa, a la práctica de la iglesia occidental, la cual celebraba dichos Oficios según una fórmula arcaica muy extendida. Los cistercienses se contentaron con celebrar dichos días como ferias ordinarias.
- La elección de los himnos. La Regla habla de ambrosiano a propósito del himno de Vigilias (16), Laudes (17) y Vísperas (18). Para los cistercienses eso significaba que se trataba de un himno compuesto por san Ambrosio. Fueron a Milán a investigar qué himnos eran esos. El resultado fue una reforma un tanto singular del himnario que trajeron de Molesme. A lo largo del año sólo utilizaban veintiséis, con melodías distintas a las que se solían cantar en Francia. Así desde el 1 de enero al 31 de diciembre, ya fuera Navidad, Pascua, Todos los Santos, Viernes Santo o Feria de Cuaresma, los cistercienses cantaban incansablemente, como en Milán, un único himno Aeterne rerum conditor, suprimiendo himnos tan tradicionales como Vexilla regis o Ave Maris Stella.

Pero hay una segunda reforma, vinculada a san Bernardo, y que fue llevada a cabo en la Orden Cisterciense entre 1142 y 1147. El mismo san Bernardo escribía: Entonces yo mismo convoqué a algunos hermanos nuestros, especialistas y diestros en el arte y ejecución del canto, y de entre tantas y tan variadas cuestiones y soluciones resultó el nuevo antifonario. Este volumen que presentamos es, a nuestro parecer, perfecto en texto y en notación. Cualquier cantor, si es versado en su arte, lo comprobará (19).

Y así fue. La reforma incluía una selección de himnos más variada. Para las Horas Menores, se pudo elegir el himno no en función de la hora sino de la Fiesta o del Tiempo Litúrgico, dando un resultado bastante atípico. Por eso se cantó, durante el tiempo de Pasión, Vexilla regis en Tercia y Crux fidelis en Completas.

En cuanto al antifonario, se realizaron muchas reformas melódicas, según la teoría del canto cisterciense, aunque en realidad, todo el esfuerzo se limitó simplemente a ajustar las melodías de Metz a las líneas maestras del repertorio común. Las revisiones corrigieron muchas repeticiones del repertorio anterior. También se añadió un importante número de textos nuevos y melodías nuevas. Quizá lo más típico del nuevo material introducido fuera la Salve Regina, y la serie de antífonas destinadas a varios oficios nocturnos de la Virgen, inspiradas en el Cantar de los Cantares.

Finalmente, entre 1180 y 1182 se produjo una nueva revisión del común del leccionario nocturno, se reorganizaron los domingos de después de Epifanía, y se purgaron 48 misas que se celebraban en honor de varios santos, que disfrutaban de conmemoración en Laudes y Vísperas.

Varios siglos después, en 1783, Agustín Vázquez, en su Ilustración apologético al Breviario, Misal y Ritual Cisterciense de la Congregación de San Bernardo en los reinos de Castilla (20) afirma que, en cuanto al misal, no se ha producido ninguna innovación, aparte de algunas antífonas, responsorios y colectas de oficios particulares.

El Liber usuum o Consuetudines, obra de san Bernardo y de san Esteban, se conservó en su integridad hasta el siglo XVII. Prueba de ello es otro Liber usuum muy posterior (21), que, en un análisis comparativo, resulta idéntico al de los primeros cistercienses.

En fechas no muy lejanas a la mencionada, 1649, los Cistercienses de la Congregación de Castilla editaron el Liber Processionarius Sacti Ordinis Cisterciensis, en cuyo prefacio se explicaban los motivos de las transformaciones introducidas en un canto que "por su suavidad, facilidad, brevedad y dulzura favorecería la gravedad de las procesiones y la edificación del alma". La reforma, en realidad, iba en la línea decadente que se generalizaría por todas partes, bajo la influencia del Concilio de Trento (22).


CONCLUSIÓN

El siglo XVII, época de profundos cambios en la liturgia occidental, tiene una influencia menor en el repertorio cisterciense, tal como aparece reflejado en los cantorales estudiados. Hasta este siglo, el peso de la tradición monástico del legado recibido por los antepasados es aún tan fuerte que el mundo cisterciense se resiste a abandonar unos usos que consideran profundamente enraizados en el mismo origen del canto gregoriano. Y así, hasta este scriptorium del Real Monasterio Cisterciense de Santa Fe llega, básicamente igual, la reforma emprendida por los primeros cistercienses respecto a la ornamentación superflua y los giros extraños que quedaban excluidos; a la modalidad, que debía aparecer claramente en cada pieza; y al ámbito de cada modo, que no debía sobrepasar los límites impuestos.

La búsqueda de las fuentes primeras del canto litúrgico, tal como aparece formulado en el siglo VI por san Benito, conducirá finalmente a un repertorio reelaborado, el conocido como cisterciense. Y es el mismo san Bernardo quien, en el Prefacio al antifonario cisterciense, ofrece la razón última de estos cambios: "En muchos sitios del antiguo antifonario hemos descubierto un texto tan relajado y disoluto que, corrompido por tantos errores o cuentos apócrifos, provocaba abultamiento y disgusto en sus lectores; y los novicios, instruidos en la disciplina eclesiástica, tomaban aversión al texto y a las melodías del antifonario, desdeñaban su estudio, y no aportaban ya a las alabanzas divinas sino indolencia y desidia (23).

Este es, en definitiva, el repertorio que nos ha llegado a través de los cantorales del Real Monasterio Cisterciense de Santa Fe (Zaragoza), testigo mudo de siglos de búsquedas y vivencias.

Santa Fe: ms. 1 al 15
Santa Fe: ms. 16 al 30

 



Más detalles sobre los códices de Santa Fe en la página web de Amigos del Canto Gregoriano

 

NOTAS

1. La Cátedra de Música Medieval Aragonesa, de la Institución ´Fernando el Católico" (C.S.I.C.), está llevando a cabo, entre otros trabajos, dos importantes proyectos, denominados: A) Proyecto ´Códices". B) Proyecto "Fragmentos´. En ambos casos se trata de estudiar (catalogar, cotejar, analizar y, en su caso, transcribir) toda la música medieval conservada en Aragón, sea en forma de códices o de fragmentos. El formato de trabajo utilizado es el CD ROM, cuyo diseño permite posteriormente su estudio detenido con los medios informáticos y, en su momento, su consulta a través de las redes informáticas de comunicación, dada la dificultad de acceso a muchos de los archivos y bibliotecas donde se encuentran
depositados.
2. El objetivo del presente trabajo es dar a conocer la existencia de este corpus cisterciense, enmarcándolo en su contexto. No se trata, pues, de un estudio definitivo, con resultados científicos, algo que se hará en una segunda fase desde la Cátedra de Música Medieval Aragonesa.
3. Acerca del nacimiento del Císter y de su implantación en España, véase Alejandro MASSOLIIVER: Historia del Monacato cristiano. II. De san Gregorio Magno hasta el siglo XVIII. Ediciones Encuentro: Madrid, 1994; pp. 88ss. Sobre la implantación en Aragón, AA.VV.: El Císter. órdenes religiosas zaragozanas. Institución "Fernando el Católico". Excma. Diputación de Zaragoza: Zaragoza, 1987. Desde otro punto de vista, puede leerse el reciente libro de Agustín UBIETO, Leyendas para una historia paralela del Aragón Medieval. Institución ´Fernando el Católico". Excma. Diputación de Zaragoza: Zaragoza, 1998.
4. Desde aquí quiero agradecer a Dom Carlos, Prior de la Cartuja "Aula Dei", su confianza al pedir mi colaboración para iniciar en el Canto Gregoriano a las jóvenes vocaciones del monasterio. Fue así cómo entré en contacto con su rica biblioteca, en la que "descubrí" este hermoso patrimonio musical.
5. A lo largo de su historia, esta comunidad dio una amplia lista de sabios y estudiosos en las diferentes ramas del saber: Catedráticos en la Universidad de Huesca, Académicos de las Artes y de la Lengua, Teólogos, Canonistas, especialistas en Medicina Natural, etc. Entre los historiadores cabe destacar a fr. Gualberto Fabricio de Bagdad (1499), quien, en el siglo X-V, publicó Crónica del reino de Aragón, La esclarecida Crónica de los muy altos y muy poderosos Príncipes y reyes cristianísimos de los siempre constantes fidelísimos Reynos de Sobrarve, de Aragón, y de Valencia y otros". Este monje, en efecto, obtuvo el título oficial de cronista mayor del rey don Fernando. Fueron varios diputados quienes le encargaron la obra citada, para la que tuvo que recorrer archivos como S. Juan de la Peña, San Victorián, Montearagón, Poblet y otros. Es cierto que Lanuza, Carrillo y Juan de Molina pretendieron rebajar el mérito de esta obra. Sin embargo, el cronista fray Jerónimo de San José opina que "está trabajada con harto cuidado y crédito por su mucha antigüedad, originales noticias y muchos trozos excelentes que se hallan en ella. En efecto, su mérito fue bastante para obligar a verterla en latín a Micer García de Santa María, célebre literato, por cuyo trabajo se hizo digno de recomendación de Zurita en los "Anales de Aragón". Este mismo autor compuso asimismo, entre otras obras, una historia sobre la Virgen del Pilar. Fr. Bartolomé Ponce de León (s. XVI), escribió una biografía de don Pedro de Aosta, obispo de Osma, y, en 1581, Clara Diana, aplicación del concepto de belleza femenina a la Virgen. Fr. Juan Crisóstomo Oloriz y Nadal (1711-1783), por su lado, pertenecía a la clase más distinguida de Zaragoza y entró muy joven en Santa Fe. Su sabiduría le llevó muy pronto a las cátedras de la Universidad de Huesca, donde el Císter tenía un colegio mayor para sus estudiantes. En 1737 la Real Academia le nombró Académico, y en 1739 se le nombró calificador del Santo Oficio en el Reino de Aragón. Fr. Isidoro Francisco Andrés (1708-1785), maestro en teología, Académico de La Lengua Española, predicador del rey...

(Las NOTAS 6 a 9, están en la página de CONTENIDO).

10. En lo que concierne a la liturgia y a la música, la época tridentina y postridentina influirá considerablemente en la concepción humanista. Ya desde 1575, el papa Gregorio XIII proyectaba la edición de libros de canto gregoriano. Y el 25 de octubre de 1577 encarga a Palestrina y a Zoilo "purgare", "cortigere", "reformare´ el canto gregoriano. Se tratará de transformar el canto gregoriano: la modalidad, la simplificación de las melodías litúrgicas tradicionales, el lugar de los acentos en el texto. Las nuevas ediciones que ven la luz a partir de Trento abren el camino: al tratamiento libre de las melodías tradicionales; a composiciones nuevas; a modificaciones: cortes de melismas, discursos rimados, alteraciones, etc. Véase al respecto Edith WEBER: L-- Concile de Trente et la musique. De la Réforme a la Contre-Réforme. Librairie Honoré Champion: París, 1982.
11. Anexo de la biblioteca de la Cartuja ´Aula Dei", n. 80.
12. Queda todavía por determinar, como se ha dicho, la ´familia" de procedencia de estos cantorales. En Berlín, Besançon, Cambridge, Grande-Chartreuse, Graz, Colonia, Mainz, Metz, Montpellier, Oxford, París, Rouen, Troyes y el Vaticano, entre otros, se encuentran códices de la liturgia cisterciense, de primera época, que podrán completar toda la información que desearíamos acerca del corpus de Santa Fe.
13. La idea de formar una Congregación se había ido gestando a ritmo lento entre los monasterios de la Corona de Aragón. Ya en el año 1536 se reunía un Capítulo Provincial en Zaragoza, al que se convocaba a todos los abades de la península, aunque sólo acudieron los de Aragón y Navarra. Este Capítulo fue el primer esbozo de la futura Congregación. También el rey, Felipe II, quería la reforma de los monasterios de Aragón, y para ello acudió al abad del Císter con el fin de que nombrara comisario de la misma al abad de Poblet. El 22 de febrero de 1603, el papa Clemente VIII faculta al abad del Císter, Dom Edmundo de la Cruz, a visitar los monasterios de la Corona de Aragón, y el mismo Papa pide al rey de España, Felipe III, que le reciba benévolamente. Su petición fue en vano, pues el monarca era contrario al proyecto. Poco después el nuevo abad de Císter, Nicolás Boucherat, convoca un nuevo Capítulo en Zaragoza para la erección de la Congregación, e informa de ello al rey. Esta asamblea se reunió en Zaragoza el 27 de enero de 1613, bajo la presidencia del arzobispo de la Ciudad, Pedro Manrique de Lara. En ella se propuso la formación de una Congregación con los monasterios de Aragón, Valencia, Mallorca y Cataluña, proposición que fue aceptada. Paulo V la confirmó en su Breve del 19 de abril de 1616. El documento expone, en primer lugar, el motivo de la erección, que es procurar la salud y la paz en los monasterios por medio de la reforma necesaria. Al año siguiente, 1617, del 12 de febrero al 9 de marzo, se celebraba el primer Capítulo Provincial de la Congregación en la ciudad de Zaragoza. Con sus decisiones, acuerdos y determinaciones comenzó oficialmente su vida la Congregación de Aragón.
El Monasterio de Santa Fe aportará también su experiencia a la nueva Congregación, proveyéndola de Vicarios Generales a partir de 1652, con fr. José Corredor, Abad, quien repetirá en 1672. Posteriormente, en 1733 será fr. Cristóbal Ponte; en 1765, fr. Nicolás Catalán; y en 178 1, fr. Martín Benedicto.
14. Véase al respecto la interesante obra de Claire MAîTRE: La réforme cistercienne du plain-chant. Étude d´un traité théorique. Citeaux. Studia et documenta. Volume VI: Brecht, 1995.
15. Ciudad que, como se sabe, dio nombre a una de las notaciones musicales más conocidas (metense o mesina).
16. Inde sequatur ambrosianum. Regla de san Benito, cap. 9. Edición de García M. COLOMBÁS e lñaki ARANGUREN. B.A.C.: Madrid, 1979, p. 101. 17. Et responsorium, ambrosianum, versus... op. cit., p. 105.
18. ...hymnus eiusdem horae post versum... op. cit., p. 109.
19. Obras Completas. B.A.C.: Madrid, 1984, tomo II, p. 591.
20. Impreso en Madrid en 1783.
21. Impreso en París en 1643.
22. En lo que concierne al Císter, el primer Capitulo General que se tuvo después de la clausura del Concilio de Trento, el 21 de mayo de 1565, con 23 abades, trató de promover inmediatamente la aplicación de los decretos tridentinos. Algunos abades fueron encargados de visitar y reformar todos los monasterios de Francia, Italia, España. Poco después, y respondiendo a una indicación de san Pío V, el cardenal Jerónimo de la Souchiére, abad de Claraval y postulado como abad del Cister, publicó el 1 de abril de 1570 una lista de ´Ordenaciones´ en el espíritu del Concilio de Trento. Sin embargo, los Capítulos Generales de 1601 y 1609 lucharon contra esta tendencia. En este último se mandó reimprimir al comienzo del Misal el Liber Usuum, así como un Ordinarium de 1515. Asimismo se publico un Ritus servandus iuxta Ordinis consuetudinem y se suprimió la autorización de utilizar el rito romano para la misa privada, otorgada en 1605. No obstante, las reformas animadas por el Concilio de Trento se fueron abriendo camino y entraron finalmente en la Orden Cisterciense. Pero hubo excepciones: la Congregación italiana adoptó el misal romano y el breviario monástico de Paulo V. Algunos monasterios italianos de la Común Observancia conservaron el breviario monástico. Los cistercienses de la Congregación de Castilla, separados de la jurisdicción del Capítulo General de la Orden por una Bula del Papa Martín V, el 24 de octubre de 1425, no siguieron este movimiento y conservaron, sustancialmente, todo el rito cisterciense tradicional, no sin presiones, como narra Dom Agustín Vázquez, en 1783 (op. cit.). La Congregación Cisterciense de Aragón, y con ella el monasterio de Santa Fe, parece haber seguido las mismas pautas, según se deduce del análisis de los cantorales. De este modo pudieron conservar la tradición propia.
23. Epistola S. Bernardi et tractatus. Edic. de F.J. GUENTNER. Corpus scriptorum de musica: Roma, 1974, p. 25.






 





Compartir en Google+




Reportar anuncio inapropiado |