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La ética de las vacunas contra el SIDA
En diferentes países del Tercer Mundo se está probando una vacuna del virus del SIDA con población humana sana


Por: Isidoro Cobo Moreno Neumólogo | Fuente: churchforum.com




4 de abril de 2004.- Los científicos que investigan el SIDA llevan tiempo tratando de descubrir una vacuna que impida la aparición de esta terrible enfermedad, y no la encuentran por las características del virus de la inmunodeficiencia humana, que tiene diferentes subtipos de virus que con frecuencia cambian espontáneamente, de manera que las vacunas que teóricamente hoy podrían ser efectivas, mañana ya no lo serian por las características antes citadas.

Mi sorpresa aparece cuando veo que en diferentes países del Tercer Mundo se está probando una vacuna del virus del SIDA con población humana sana. Hasta ahora, los experimentos con este tipo de virus tan peligrosos se han hecho en laboratorios de investigación o en animales, incluso en chimpancés, o en algunos voluntarios humanos sanos que asumían contraer esa grave enfermedad. Pero hacer este tipo de
experimentos de manera masiva me parece un atentado inmenso contra la dignidad de la persona, y una vulneración de los principios éticos de investigación postulados en Ginebra.

Me parece muy dudoso que estas pobres gentes sepan a qué están siendo sometidas, y que hayan podido firmar un consentimiento informado justo, como se hace en Occidente, en el que se indique que en caso de fallecimiento o graves lesiones sus respectivas familias quedarán suficientemente bien atendidas. Esa es la legislación en Europa y Estados Unidos, Canadá y Japón si un paciente participa en un ensayo clínico en fase III-b o IV.

Por supuesto, ha de participar voluntariamente y asumiendo los riesgos: yo me temo que esto no ha sido así en este caso, sino que se les habrá dado una cantidad de dinero a estas personas para que acepten participar en el experimento, y si todo sale bien otra cantidad al final del estudio.

Con la vacuna del sarampión pasó algo parecido hace años, antes de que se comercializara definitivamente y se obtuviera del modo adecuado para ser administrada masivamente: se eligieron países pobres entre los que se encontraba España- y se vacunaba a la gente con virus vivos que podían producir la enfermedad y daños graves o mortales. Los laboratorios que financiaban la prueba eran americanos también, y experimentaban fuera de casa, por si las cosas salían mal, o por si se moría alguien que no fuese ninguno de sus hijos.

No parece que la ética de algunos investigadores haya cambiado, porque tampoco cambia la naturaleza humana, siempre sometida a las mismas presiones y a las mismas limitaciones: dominar el mercado -con las implicaciones políticas, económicas y sociales que eso tiene-, o que se hable de alguien por ser el primero en haber dado con la solución de un tema tan serio, a costa de lo que sea.

Si luego el laboratorio tiene que ser castigado por algo que hizo mal, no pasa nada, otro laboratorio compra la patente y se sigue produciendo la vacuna sin necesidad de mirar atrás.

No me cabe duda de por qué no se realizan estos experimentos en nuestra sociedad occidental: porque no pasarían los diferentes controles de las comisiones de ética. Entonces, si no se pueden realizar con seres humanos aquí, ¿por qué se realizan con seres humanos indefensos del Tercer Mundo, que necesitan dinero no ya para comprarse algo necesario, sino para poder vivir ese mismo día? Una vez más, me parece que estamos ante la doble moral de los poderosos, ante la ley del embudo: lo mejor para mi, y lo que le ocurra a los demás no me importa, o si me importa en el caso de que me beneficie a mi, aunque les pueda perjudicar a ellos. No todo es lícito en investigación clínica, aunque el fin sea bueno, porque ningún fin se justifica por los medios, tanto más cuanto que hay vidas humanas iguales a las nuestras, pero con menos defensas legales y económicas, que pueden resultar gravemente dañadas.

 

 

 





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