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Humanización de la sexualidad verdadera respuesta frente a la expansión del VIH
Formar a las personas para que modifiquen sus comportamientos en orden a vivir su sexualidad de una manera responsable en consonancia con los valores del amor, de la esponsalidad del cuerpo y del don sincero de sí mismo en el matrimonio


Por: José Guillermo Gutiérrez | Fuente: Catholic.net



El 1º de diciembre celebra, como cada año desde 1988, el día mundial de la lucha contra el SIDA. Como se sabe, la Iglesia es una de las instituciones más comprometidas en la lucha contra esta enfermedad que ha cobrado tantas vidas humanas desde que el 1º de diciembre de 1981 fuera diagnosticado el primer caso. Son muy numerosas las organizaciones y personas de la Iglesia comprometidas en primera línea en esta lucha, acompañando a los enfermos, material, moral y espiritualmente y previniendo el avance de la epidemia, sobre todo, del modo más eficaz para lograrlo, formando a las personas para que modifiquen sus comportamientos en orden a vivir su sexualidad de una manera responsable en consonancia con los valores del amor, de la esponsalidad del cuerpo y del don sincero de sí mismo en el matrimonio. En otras palabras sirviendo a una renovación espiritual y humana que conlleva una nueva forma de comportarse el uno con el otro.

A pesar de ello, no deja de acusarse a la Iglesia de no estar suficientemente comprometida en esta lucha, incluso, acusándola de obstaculizar irresponsablemente el éxito de las campañas basadas en la promoción masiva del uso del preservativo.

En este contexto cobran especial fuerza las palabras que el Santo Padre, Benedicto XVI, ha pronunciado al respecto tanto en la entrevista que concedió a los periodistas durante el vuelo que lo llevaba a África en marzo de 2009, como en las respuestas al periodista Peter Seewald reportadas en el libro recientemente publicado “Luz del mundo”.

Mientras en la primera oportunidad las declaraciones del Papa recordando que no se puede solucionar el problema del SIDA solamente distribuyendo preservativos, provocaron una tremenda oposición de parte de ciertos ambientes, que hicieron del Papa y de la Iglesia motivo de escarnio, con la clásica acusación de fundamentalismo, de cerrazón, de oponerse a la evidencia científica, llegando incluso a pedir la dimisión del Papa. Las respuestas a Peter Seewald han sido ampliamente celebradas en esos mismos ambientes. Han sido leídas como una modificación de la doctrina acerca del uso del preservativo, provocando una cierta perplejidad en algunas conciencias.

El esfuerzo por clarificar convenientemente el sentido de las aseveraciones del Santo Padre para evitar que sean desvirtuadas por las interpretaciones, muchas veces gratuitas, de los comentaristas, han sido interpretadas por algunos como una lucha al interno de la Iglesia entre conservadores y progresistas, que no hace sino aumentar la perplejidad de muchas conciencias.

Sin embargo la realidad de las cosas es muy distinta. El Papa en ninguna de estas dos intervenciones ha querido afrontar de manera exhaustiva la problemática moral ligada al uso del preservativo, cuya casuística puede dividirse de manera general en el uso del preservativo en las relaciones conyugales (por tanto dentro del matrimonio) y en las relaciones fuera de él, abarcando distintas posibilidades con diferentes intencionalidades, básicamente la de evitar una posible concepción o la de evitar un posible contagio.

Es bien conocida la doctrina de la Iglesia acerca de que la verdad del amor, pide que el acto conyugal sólo se lleve a cabo entre los esposos y que por ese motivo las relaciones sexuales fuera del matrimonio (pre y extra conyugales) sean valoradas moralmente de manera negativa.

También se conoce bien la doctrina acerca de la moralidad del acto conyugal, que debe conjugar los aspectos unitivo y procreativo propios de un acto que expresa la mutua acogida del don sincero de sí mismo y que, por lo mismo, no consiente que se utilicen medios que falsifiquen su verdad cerrándolo a la posible transmisión de la vida. En este sentido se sabe que no es nunca lícito el recurso al preservativo para evitar una posible concepción.

El Papa en las intervenciones a las que nos estamos refiriendo no hace alusión a esta situación. Él alude, más bien, al uso del preservativo en el contexto de la prevención de la transmisión del VIH/SIDA. Y en este contexto no ha expresado sino la convicción que la Iglesia siempre ha tenido: La verdadera respuesta al desafío del SIDA no consiste en la promoción de una visión reductiva de la sexualidad que acaba por banalizarla, lo cual se propicia cuando se concentra en la distribución de preservativos; sino en su humanización en la línea del amor y de la responsabilidad, de modo que la sexualidad sea valorada positivamente y ejerza su efecto positivo en la totalidad del ser humano. En esta tarea, como vengo diciendo, la Iglesia está firmemente comprometida.
En las respuestas que el Papa dio a Seewald lo dice con claridad. A la pregunta acerca de si la Iglesia no está por principio en contra de la utilización de los preservativos, Él respondió: “Es obvio que ella no los ve como una solución real y moral”.

Sin embargo, con gran realismo, comprensión y amplitud de miras reconoce que en un caso totalmente excepcional, ante el riesgo cierto del posible contagio del VIH/SIDA en el curso de un ejercicio desordenado de la sexualidad, por ejemplo en la prostitución, el uso del preservativo puede significar “un primer paso en el camino hacia una sexualidad vivida de forma diferente, hacia una sexualidad más humana”, en el sentido de comenzar a desarrollar la conciencia de que no todo está permitido y que no se puede hacer todo lo que se quiere; puede ser un primer signo de atención y respeto a la dignidad de la persona humana y al valor de la vida, restando firme que el ejercicio de la sexualidad no es nunca moralmente lícito fuera del matrimonio.

Muchos querrán extraer de estas afirmaciones consecuencias gratuitas o aplicaciones simplistas que en realidad requieren de un estudio minucioso fiel a los principios morales. En todo caso, como ha señalado el P. Federico Lombardi, director de la sala de prensa de la Santa Sede, el Papa se coloca bien lejos de la falsa ilusión de la confianza en el profiláctico.

Como se ve no hay grandes cambios de ruta, sólo una clarividente contribución para aclarar una cuestión sobre la que se ha discutido mucho. Evidentemente no constituye una modificación a la práctica pastoral de la Iglesia con relación a la prevención del VIH/SIDA, o un cambio en las normas morales que salvaguardan la verdad y la belleza del amor conyugal; sino, más bien, la confirmación de que la Iglesia es experta en humanidad, que conjuga verdad y misericordia, atenta a reconocer los pequeños pasos que las personas pueden dar hacia un ejercicio moral y responsable de la sexualidad.





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