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¿Sin voluntad?
A ti, como a todos, te gustaría hacer algo en este mundo y dispones de algún talento para ello. Sin embargo, la intención y el talento no son suficientes; pero, si no son suficientes, ¿entonces, qué te hace falta para crear? Te hace falta algo más... una


Por: Llucià Pou Sabaté | Fuente: Revista Si




A ti, como a todos, te gustaría hacer algo en este mundo y dispones de algún talento para ello. Sin embargo, la intención y el talento no son suficientes; pero, si no son suficientes, ¿entonces, qué te hace falta para crear? Te hace falta algo más... una fuerza especial, una disciplina; o las dos cosas juntas. Es a esto a lo que se suele llamar carácter...


LA INVALIDEZ NO ES SOLAMENTE FÍSICA
Una persona que no tiene carácter... es un inválido en el sentido moral de la palabra. Hay muchas personas así. Son seres perfectos en todos los sentidos, pero es como si les faltara un miembro, una mano o un pie. Luego, se les pone una prótesis y se vuelven capaces de trabajar, de ser “útiles para el mundo”.

Hay gente sin voluntad, que son dependientes de esa “prótesis”, una voluntad que desde fuera les dice lo que les toca hacer. Se trata de un tipo de gente "bondadosa"; es decir, simpáticos -en principio- pero sin palabra, variables y carentes de toda iniciativa personal, de todo recurso; en palabras comunes se les llama: veletas, porque se inclinan hacia donde sopla el viento.

Un saco de harina no tiene movimiento propio, mas opone, al menos, una resistencia: su peso, a los esfuerzos de los que desean trasladarlo. Pero aparte de esto, no presenta resistencia. Así, los veletas obedecen sin reacción a todos los impulsos recibidos; son esclavos de impulsos exteriores que los mueven; su sumisión es instintiva, casi animal. Son como los magníficos caballos percherones, con ojos soñolientos y orejas caídas. Si les tiras de la brida hacia la derecha, pesadamente, se vuelven hacia la derecha; y con la misma pesadez soñolienta, si les tiras hacia la izquierda, se vuelven hacia allá. Si les tiras de ambos lados, se paran y permanecen así sobre sus cuatro patas durante horas enteras, inmóviles hasta que los pongas en marcha.


¡NO TIENEN VIDA INTERIOR!
Gente así, sin personalidad, no vive su vida interior. Sus determinaciones les vienen desde fuera: su educación, su religión, su carrera, su matrimonio, están decididas por lo que hacen los demás o lo que dicta el cabecilla de turno. Sin ideal, pasarán la vida repitiendo lo que dice el periódico; practicarán la religión si así lo hacen por su alrededor (familia, colegio...); aúllan con los lobos y balan con los borregos.

¿Cómo se llega a este punto? Muchos, por nacimiento; otros, por pereza. Les asusta el esfuerzo. La servidumbre al que manda no les es agradable, pero mucho menos el trabajo que exige una vida personal: lo mejor, según ellos, es dejarse llevar. El horror al trabajo y el placer por la indolencia los ha llevado a dejarse gobernar por las circunstancias y por los caprichos de los que les rodean.


¡NO TE EQUIVOQUES!
Pero ¡no te equivoques!, piensa que: el destino no es irrevocable: existen proyectos y sueños. Es como un puente: puedes ir al otro lado cuando lo has construido y allí está lo que buscas. “Sin proyecto, el destino se te escapa de las manos como un papalote en un día de viento”, y tú, elaboras este sueño con tu voluntad. El destino es una especie de largo ovillo de lana. Este ovillo poco a poco se desenrolla y construye tu vida. A veces corre liso, a veces forma nudos. Lo importante es que tengas siempre el extremo en la mano.


¿MIEDO A QUÉ?
Los que no luchan, “son prisioneros de su miedo. ¿Por qué tienen miedo? Porque creen que se van a equivocar y eso los paraliza. Así se reprochan y añoran una vida que nunca ha existido... A menudo los hombres tienen miedo de la felicidad. Aunque la tienen delante de las narices no estiran la mano para atraparla. La felicidad da más miedo que los ogros... La fuerza que desenrolla el ovillo es sólo una. ¿Cuál? La que mantiene tu corazón caliente... la fuerza del amor”.

Todo lo puedes arreglar con esa lucha ilusionada que te proyecta hacia adelante: “no se vive del pasado; quién está siempre rumiando es como si llevara consigo una maleta de piedras”, aún de los fracasos puedes sacar fuerza para esa voluntad: “A veces tienes que perder las cosas para entender su importancia... nada se pierde para siempre”. El problema es que tengas muchas preguntas y busques las respuestas sólo a medias; que no te empeñes con decisión a buscarlas hasta el final.

 

 

 

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