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La ¿seguridad? del condón
En México, secretario de Salud del Gobierno Federal, Dr José Córdova Villalobos se ha atrevido a hablar, Las campañas del “sexo seguro” contienen una ilusión peligrosa que provoca efectos contrarios al buscado


Por: Juan De La Borbolla R | Fuente: Comité Independiente Anti-Sida



En México, secretario de Salud del Gobierno Federal, Dr José Córdova Villalobos se ha atrevido a hablar. En medio de tanta mentira mercantilista, decir la verdad crea problemas.

Voces de algunos editorialistas y ONG’s autodenominadas progresistas y liberales han protestado ante declaraciones del secretario de Salud del Gobierno Federal, Dr José Córdova Villalobos, porque se atrevió a poner en duda ese argumento más mercantilista que científico pero que dichas organizaciones progresistas y liberales defienden a pie juntillas, respecto del supuesto “sexo seguro” que se consigue a través de la utilización del condón.

Lo cierto es que las investigaciones científicas serias demuestran que el preservativo mantiene un considerable porcentaje de fallas que explican su limitada eficacia como contraceptivo y como medio de prevención del Sida.

Un defecto de carácter físico del preservativo está en su alta porosidad, de tal modo que el VIH puede atravesarlo con facilidad. En 1992, R. F. Carey y sus colaboradores observaron que microesferas de poliestireno de 110 nanómetros (nm) de diámetro se filtraban a través del 33 por ciento de las membranas de los preservativos de látex analizados. Si el VIH mide entre 90 y 130 nm, entonces puede traspasar el látex.

Estudios realizados con microscopios electrónicos también demuestran defectos en el proceso de fabricación. La superficie de las membranas de los preservativos de látex no es uniforme: está sembrada de huecos y hay zonas de perfil suave separadas por zonas con pliegues. En 1997 un estudio de B. A. Rosenweig sobre 30 muestras de membrana de preservativos no lubricados mostró que sólo el 30 por ciento estaban libres de toda falla. El 50 por ciento de las muestras indicaban anomalías en la superficie de la membrana, fisura 10 por ciento, pliegues 37 por ciento y cavidades 38 por ciento.

Otra razón del fracaso del preservativo para prevenir el contagio es la considerable capacidad de degradación del látex. Con el tiempo, y más aún si se expone al sol, el calor y la humedad el látex se hace frágil y pierde flexibilidad, facilitando las fugas o rupturas. Investigaciones publicadas en 1989 por L. J Clark, R. P. Sherwin y R. F. Backer mostraron que también este fenómeno es causado por el ozono atmosférico.

Pero la mayoría de fracasos en la utilización del preservativo se debe a causas mecánicas: rotura y deslizamiento al usarse. Un estudio de Trussel de 1992 indica frecuencias de rotura y deslizamiento hasta del 14.6 por ciento. En otro, publicado en la revista Family Planning Perspectives ese mismo año, se reconoce una frecuencia de 17 por ciento con que los preservativos se resbalan y caen al retirarse durante una relación sexual. Este mismo estudio reconoce que su “mejor empleo puede ser difícil de conseguir, pues todas las mujeres que participaron habían recibido instrucciones escritas y verbales sobre su empleo adecuado”.

De otro lado, el riesgo de que se rompa el preservativo aumenta en las relaciones homosexuales. A. Messiah y otros científicos indican en “Factors Correlated with Homosexually” que el porcentaje de ruptura en este grupo puede llegar incluso al 22 por ciento.

Las campañas del “sexo seguro” contienen una ilusión peligrosa que provoca efectos contrarios al buscado. Como dice el informe de I. Levin de 1995 sobre las infecciones entre militares, el preservativo no sólo no previno el contagio del virus, sino que lo facilitó, porque quienes lo usaban, creyéndose protegidos, multiplicaron parejas y experiencias sexuales, llegando en muchos casos a la promiscuidad “segura”.





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