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III. Recuperación de las mujeres de la calle y de los «clientes»
Tercer capítulo de la parte Pastoral para la liberación de las mujeres de la calle, del documento Orientaciones para la pastoral de la carretera, del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes


Por: Renato Raffaele Cardenal Martino | Fuente: Pontificio Consejo para la Pastoral de los emigrantes e itinerantes



107. De los encuentros pastorales con las víctimas se deduce claramente que la «cura»
es larga y difícil. Las mujeres de la calle necesitan que se les ayude a encontrar una casa,
un entorno familiar y una comunidad donde se sientan aceptadas y amadas, donde puedan
comenzar a reconstruirse una vida y un futuro. Esto les dará la posibilidad de recuperar la
autoestima y la confianza en sí mismas, la alegría de vivir y de comenzar una nueva
existencia sin sentirse señaladas con el dedo.
La liberación y la reintegración social de las mujeres de la calle requieren la
aceptación y la comprensión de las comunidades; el camino de «sanación» de estas
mujeres será allanado por un amor auténtico y por el ofrecimiento de diversas
oportunidades que puedan satisfacer su anhelo de seguridad y de afirmación de una vida
mejor. El tesoro de la fe (cf. Mt 6,21), si todavía es viva en ellas, no obstante todo, o el
hecho de descubrirla, les ayudará inmensamente, ya que es potente en el bien la certeza
del amor de Dios, misericordioso y grande en el amor.
108. Los «clientes» potenciales, en cambio, necesitan que se les enseñe lo que es el
respeto y la dignidad de la mujer, los valores interpersonales y todo el ámbito de las
relaciones y de la sexualidad. En una sociedad en la que el dinero y el «bienestar» son los
ideales, las relaciones adecuadas y la educación sexual son necesarias para la formación
completa de las personas. Ese tipo de educación debe ilustrar la verdadera naturaleza de
las relaciones interpersonales, que se fundan, no en un interés egoísta o en la explotación,
sino en la dignidad de la persona, que se ha de respetar y apreciar ante todo como imagen
de Dios (cf. Gn 1,27). En este contexto, hay que recordar a los creyentes que el pecado es
una ofensa al Señor que se debe evitar con todas las fuerzas y con la entrega confiada de
sí mismos a la acción de la Gracia divina.

Educación e investigación

109. Es importante enfocar el problema de la prostitución con una visión cristiana de la
vida. Esto se hará con los grupos juveniles en las escuelas, en las parroquias y en las
familias, para elaborar juicios correctos sobre las relaciones humanas y cristianas, el
respeto, la dignidad, los derechos humanos y la sexualidad. Los formadores y los
educadores deberán tener en cuenta el contexto cultural en el que actúan, pero no
permitirán que una inoportuna cohibición les impida comprometerse en un diálogo
apropiado sobre esos temas para crear una conciencia y una correcta preocupación sobre
el abuso de la sexualidad.
110. La causa de la violencia en la familia y su efecto en las mujeres han de
considerarse y estudiarse en todos los niveles de la sociedad, en particular por su impacto
en la vida familiar. Las consecuencias prácticas de la violencia «interiorizada» tendrán
que ser identificadas con toda claridad en lo que concierne tanto a los hombres como a las
mujeres.

111. La educación, y una conciencia siempre más clara, son requisitos esenciales para
afrontar la injusticia en la relación hombre-mujer y establecer la igualdad entre ellos en
un contexto de reciprocidad, teniendo en cuenta las justas diferencias. Tanto los hombres
como las mujeres necesitan adquirir conciencia del fenómeno de la explotación sexual y
conocer los propios derechos y las relativas responsabilidades.
Hay que proponer a los hombres, en particular, iniciativas que contemplen las
problemáticas de la violencia contra las mujeres, de la sexualidad, del VIH/Sida, de la
paternidad y de la familia, relacionándolas con el respeto y la caridad hacia las mujeres y
las jóvenes, en el marco de las relaciones recíprocas, en un examen que incluya una justa
crítica a las costumbres tradicionales vinculadas a la masculinidad.

La Doctrina social católica
112. La Iglesia enseña y difunde su Doctrina social, que ofrece líneas claras de
comportamiento e invita a luchar por la justicia36. Comprometerse en varios niveles – local,
nacional e internacional – para la liberación de las mujeres de la calle, es un acto de
verdadero discipulado hacia el Señor Jesús, una expresión de auténtico amor cristiano (cf.
1Cor 13,3). Es esencial desarrollar la conciencia cristiana y social de las personas con la
predicación del Evangelio de la salvación, la enseñanza del catecismo y las distintas
iniciativas de formación.

La formación particular destinada a los seminaristas, jóvenes religiosos/as y
sacerdotes es asimismo necesaria, para que puedan tener las capacidades y las actitudes
apropiadas, y ser, con verdadero amor, también pastores de las mujeres atrapadas en la
prostitución y de sus «clientes».

V. Liberación y redención
Prestación de socorro y evangelización
113. Por lo que se refiere a la prestación de socorro, la Iglesia puede ofrecer a las
víctimas de la prostitución una gran variedad de formas, es decir, viviendas, puntos de
referencia, asistencia médica y legal, consultoría, formación vocacional, educación,
rehabilitación, defensa y campañas de información, protección contra las amenazas,
contactos con la familia, asistencia para el regreso voluntario y la reintegración en el país
de origen, y ayuda para obtener la visa para quedarse, cuando el regreso a la patria es
imposible.
Antes que todo, y además de los servicios señalados, el encuentro con Jesucristo,
Buen Samaritano y Salvador, es el factor decisivo de liberación y redención, también para las víctimas de la prostitución (cf. Mc 16,16; Hch 2,21; 4,12; Rom 10,9; Flp 2,11 y 1Tes1,9-10).

114. Acercarse a las muchachas y chicas de la calle, para redimirlas, es una empresa
compleja y exigente, que implica también actividades que se proponen la prevención, y el
desarrollo de una mayor conciencia del problema en los países de origen, tránsito y
destino de las víctimas del tráfico.

115. Las iniciativas de reintegración son indispensables, en los países de origen, para
las mujeres que regresan. Son importantes también la defensa y la información, así como
una «red de comunicación». Es preciso reforzar dicha «red» entre los que están
comprometidos en la pastoral en este campo, es decir, los voluntarios, las asociaciones y
movimientos, las congregaciones religiosas, las diócesis, las Organizaciones No
Gubernamentales (ONG), los grupos ecuménicos e interreligiosos, etc.
Las Conferencias nacionales de religiosos/as están invitadas a elegir, en este
sector pastoral, a una persona que sirva de elemento de comunicación de la «red» que
funciona en el interior y en el exterior del propio país.

Si deseas consultar el documento completo:
Orientaciones para la pastoral de la carretera

36 Cf. CONSEJO PONTIFICIO “JUSTICIA Y PAZ”, Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, Ciudad del
Vaticano 2005, n. 19.





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