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Cantar de los Cantares

¿Qué tiene que ver Dios, o su Palabra,con los piropos, las zalamerías, los cantos y los versos que se dedican los enamorados? Parece que nada en lo absoluto. Y, sin embargo, hay en la Biblia un librito que está compuesto precisamente de requiebros, cantos y poemas de amor iguales o parecidos a los de la poesía amorosa popular de todos los tiempos y de todas las culturas: el Cantar de los Cantares. El propio título agrava el problema, poruqe califica al libro como uno de los mejores, si no el mejor, de toda la literatura bíblica. El título en cuestión es un superlativo, como amor de los amores, rey de reyes o señor de los señores. Debería traducirse por El mejor de todos los cantares. Quizá para que el tema-amor entre hombre y mujer con todas sus implicaciones- no desentonara como Palabra de Dios los judíos y los cristianos tras ellos, prefirieron interpretar el Cantar alegóricamente: en realidad se trataría del amor entre Dios (el amado) y su pueblo (la amada). Y es verdad que los profetas utilizan la alegoría del amor entre ombre y mujer, o la del matrimonio, para referirse a las relaciones de Dios con su comunidad (cf. Os 2; Is 54; Ez 16). Algunos han traducido cristianamente este tipo de interpretación: el novio y la novia serían Cristo y su Iglesia, o Cristo y el alma del cristiano. Y también es verdad que el Nuevo Testamento habla de las bodas del Cordero (Cristo) con su Esposa, la Iglesia (Ap 21). Pero antes de echar mano a esas interpretaciones, tenemos que leer el libro en sus entido obvio y literal: ela mor de un hombre y de una mujer, que serán si se quiere símbolo de otras cosas, pero que en primer lugar son hombre y mujer que se aman con el cuerpo y con el alma, tal y como Dios lo planeó y lo creó, según la primera página de la Biblia (Gn 1-2). Y eso es precisamente lo que tiene que ver el amor humano y sus manifestaciones con Dios y su Palabra: que Dios es su autor último y que en ese amor-como en cualquier otro amor- Él se manifiesta.




Autor: La Biblia | Editorial:



¿Qué tiene que ver Dios, o su Palabra,con los piropos, las zalamerías, los cantos y los versos que se dedican los enamorados? Parece que nada en lo absoluto. Y, sin embargo, hay en la Biblia un librito que está compuesto precisamente de requiebros, cantos y poemas de amor iguales o parecidos a los de la poesía amorosa popular de todos los tiempos y de todas las culturas: el Cantar de los Cantares. El propio título agrava el problema, poruqe califica al libro como uno de los mejores, si no el mejor, de toda la literatura bíblica. El título en cuestión es un superlativo, como amor de los amores, rey de reyes o señor de los señores. Debería traducirse por El mejor de todos los cantares. ¿Es obra de Salomón? Ciertamente, no. Se le atribuye como se le asignan todos los libros sapienciales o de la sabiduría. Pero es muy posterior, según se deduce, entre otras cosas, del vocabulario que se utiliza, quizá del siglo III a.C. Pero en realidad los cantos amorosos y los piropos no tienen época: son de siempre y de todas partes. Los enamorados sumerios, los babilónicos, los egipcios, los chinos, y los españoles... sienten las mismas cosas y se dicen las mismas cosas y casi de la misma forma. Los judíos también. En este libro hay piropos y reqiebros (Cant 1,15-2,3; 4,9-5,1; 6,4-7), versos de nostalgia (Cant 1,2-4; 2,14-15), descripciones de encantos físicos (Cant 4,1-7; 5,10-16), cantos con tonos irónicos (Cant 1,7-8; 2,15), poemas rememorativos (Cant 2,8-13): Se utiliza un lenguaje cargado de ternura, y también de sensualidad y erotismo, y se emplean todas las realidades naturales para expresar el amor: frutos, flores, cervatillos, gacelas, valles y montañas, palomas, vino y miel, la primavera, el huerto y las fuentes y el palacio... El enamorado parece ser un rey, y ella, una princesa, la favorita, aunque también aparecen como pastor y pastora o aldeana. Nadie le va a pedir a la poesía exactitud histórica de una crónica de sucesos. El libro está formado por una serie de cantos, más o menos independientes, pero que guardan entre sí estrechos lazos de parentesco gracias a los estribillos, la repetición de palabras, la reaparición una y otra vez de los mismos temas, etc. Lo más importante es que, con todos esos mecanismos, símbolos, temas, géneros, se consigue una obra maestra y encantadora, un gran poema infónico de amor y sobre el amor, con pasajes para recitar a dos voces, o auna sola, muy quedamente, y otros en los que toda la orquesta explota con grandiosidad como imitando la ebullición de los amores, el de él y el de ella, y los de todos los hombres y mujeres que se han querido y se quieren en este mundo. Pero volvamos al principio: ¿Qué tiene que ver Dios, o su Palabra, con los piroppos, las zalamerías, los cantos y los versos que se dedican los enamorados? Quizá para que el tema-amor entre hombre y mujer con todas sus implicaciones- no desentonara como Palabra de Dios los judíos y los cristianos tras ellos, prefirieron interpretar el Cantar alegóricamente: en realidad se trataría del amor entre Dios (el amado) y su pueblo (la amada). Y es verdad que los profetas utilizan la alegoría del amor entre ombre y mujer, o la del matrimonio, para referirse a las relaciones de Dios con su comunidad (cf. Os 2; Is 54; Ez 16). Algunos han traducido cristianamente este tipo de interpretación: el novio y la novia serían Cristo y su Iglesia, o Cristo y el alma del cristiano. Y también es verdad que el Nuevo Testamento habla de las bodas del Cordero (Cristo) con su Esposa, la Iglesia (Ap 21). Pero antes de echar mano a esas interpretaciones, tenemos que leer el libro en sus entido obvio y literal: ela mor de un hombre y de una mujer, que serán si se quiere símbolo de otras cosas, pero que en primer lugar son hombre y mujer que se aman con el cuerpo y con el alma, tal y como Dios lo planeó y lo creó, según la primera página de la Biblia (Gn 1-2). Y eso es precisamente lo que tiene que ver el amor humano y sus manifestaciones con Dios y su Palabra: que Dios es su autor último y que en ese amor-como en cualquier otro amor- Él se manifiesta. Porque, como dirá solemnemente san Juan, el amor viene de Dios y todo el que ama conoce a Dios, porque Dios es amor (1 Jn 4,7-8).



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