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América: Tierra de María
¡Viajar! ¿A quién no le atrae conocer otros lugares, otras costumbres y tradiciones? ¿Ir a una ciudad lejana o a otro país y ver sus bellezas naturales, sus ríos o lagos, sus ruinas históricas, sus edificios y monumentos? ¿Conocer la forma de vida de sus habitantes? ¿Tomar algún plato típico del lugar? Este es, quizás, uno de los deseos que se esconde en el corazón de la mayoría de las personas. Alguien se preguntará qué sentido tiene estar hablando de viajes en un programa de radio dedicado a la Sma. Virgen. Aparentemente es algo completamente fuera de sitio. Sin embargo para nuestro programa es algo esencial. Lo que haremos a lo largo de esta serie será precisamente eso: viajar. Pero no se trata de un viaje cualquiera. Es un viaje especial. Para viajar es necesario usar un medio de transporte: un autobús, un barco, un tren o un avión. Podría hacerse también a caballo o caminando.. Nosotros lo haremos de una forma diferente. Nuestro medio de transporte será la imaginación, pero sobre todo el corazón y la fe. Vamos a hacer a lo largo de esta serie un viaje por todo el continente. Se trata de una peregrinación espiritual por América, tierra de María. Un viaje realizado de la mano de la Sma. Virgen para conocer los distintos santuarios marianos que se encuentran en nuestros países, conocer sus tradiciones y crecer en nuestro amor real y efectivo a María, nuestra Madre del Cielo. Pero antes de iniciar el viaje es necesario realizar los preparativos. Si queremos que nuestra peregrinación espiritual por los santuarios dedicados a la Sma. Virgen en América Latina sea provechosa, hay que decir algo, aunque sea brevemente, sobre lo que es la verdadera devoción a María. ?Qué piensa la Iglesia de María de Nazareth, la Madre de Jesús? ?Por qué los católicos tenemos un amor especial a Ella? ?Cómo nació la devoción a la Virgen María? El Catecismo de la Iglesia Católica publicado por el Papa Juan Pablo II en 1992 nos recuerda lo que la Tradición de la Iglesia ha afirmado desde los primeros siglos: Llamada en los Evangelios "la Madre de Jesús", María es aclamada bajo el impulso del Espíritu Santo como "la madre de mi Señor" desde antes del nacimiento de su hijo. En efecto, aquel que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios. (CIC 495) En ella se realiza el cumplimiento de la profecía: "He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo". En ella se realizan al mismo tiempo el milagro de la maternidad y la virginidad. Virginidad que Dios mismo quiso confirmar a José enviándole un ángel: "José, no temas tomar contigo a María tu mujer, porque lo concebido en ella es obra del Espíritu Santo." Así pues, María es virgen y madre; virgen antes, durante y después del parto. A esto se objeta a veces que la escritura menciona unos hermanos y hermanas de Jesús. La Iglesia siempre ha entendido estos pasajes como no referidos a otros hijos de la Virgen María; en efecto, Santiago y José "hermanos de Jesús" son hijos de una María discípula de Cristo que se designa de manera significativa como "la otra María". Se trata de pariente próximos de Jesús, según una expresión conocida del Antiguo Testamento. (CIC 500) Pero María no sólo es la Madre de Cristo, Es también Madre nuestra. En la cruz, unos minutos antes de su muerte, Jesús miró a Juan, y en él a cada uno de nosotros, y le dijo: "Ahí tienes a tu Madre". Por esto, por ser Madre de Cristo y Madre nuestra, los cristianos hemos tenido siempre una gran amor filial a María. Así se explica la devoción de la Iglesia a la Sma. Virgen. Un buen hijo no pude despreciar a su madre. Tiene que tratarla con cariño, con delicadeza, ofreciéndole lo mejor que tiene. Por ello nos acercamos a visitarla en sus santuarios, la alabamos con el rezo del santo Rosario, etc. ?Qué diría Jesús si no amáramos a su Madre como Él la ama? Este amor se traduce en una confianza filial. A María acudimos en nuestras enfermedades, sufrimientos y dificultades para pedirle su intercesión. Tenemos la certeza de que, como en Caná de Galilea, Jesús escuchará las peticiones que su Madre haga por nosotros. Pero nuestra devoción no sería sincera si no se tradujera en obras. Si realmente amamos a María debemos imitarla. Esta es la verdadera devoción a María: imitar sus virtudes, imitarla en su fe, en su aceptación a la Voluntad de Dios, imitarla en su amor a Cristo y a los hombres, imitarla en su colaboración fiel y generosa a la obra de la redención. Después de haber considerado estas ideas estamos listos para iniciar nuestra peregrinación espiritual por América, tierra de María. Les esperamos en el próximo programa para realizar nuestro primer viaje al cerro del Tepeyac, en México, lugar que la Virgen de Guadalupe eligió para aparecerse al Beato Juan Diego. Desde allí Ella ha sido la Estrella de la Evangelización del continente americano.


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