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Autor: | Editorial:



Ritos iniciales
Llegada
Para comenzar, lo más recomendable es llegar con toda puntualidad, antes que el sacerdote salga al altar. Es conveniente que todos sigamos la Misa con la ayuda de un misal, para remediar la natural tendencia a la distracción.

Saludo
El primer gesto del sacerdote es dar un beso al altar. Es un beso dado a Cristo como saludo en nombre de los fieles. Luego lee la Antífona de Entrada, que los fieles podemos leer juntamente con él.

A continuación el sacerdote se santigua, y los fieles también. Démonos cuenta de la verdadera intención con que participamos en la Santa Misa, y por quiénes participamos: "En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo".

Acto seguido, el sacerdote saluda al pueblo con estas palabras u otras semejantes: "La gracia de Nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos vosotros (ustedes)". Recibamos este saludo como venido de parte de Dios, que nos invita a participar de su sagrado convite.

Parte penitencial
Inicia ahora la parte penitencial de la Misa. Esta parte no tiene el valor de una confesión sacramental, y por ello, el que tenga conciencia o duda seria de estar en pecado mortal no debe acercarse a comulgar sin antes pasar por el sacramento de la reconciliación.

Reconocimiento de los pecados
El sacerdote invita a la conversión con esta fórmula u otra similar: "Hermanos, para celebrar dignamente estos sagrados misterios, reconozcamos nuestros pecados". Hay una pausa: aunque no se esté en pecado mortal, conviene traer a la memoria alguna falta que sea constante en la vida de cada uno, o alguna falta que se haya cometido recientemente. Es un momento de diálogo con Cristo para poner en su presencia un aspecto concreto, negativo, de nuestra vida. Este momento sirve para tomar conciencia de la grandeza de la celebración en que vamos a participar y también para ponernos en nuestro sitio, recordando que somos pecadores y que tenemos necesidad de ser purificados.

Yo confieso
A la invitación del sacerdote a la penitencia se responde públicamente con el "Yo confieso...". Es la primera vez que pedimos la intercesión de la Virgen María: "Por eso ruego a Santa María siempre Virgen...". También pedimos perdón a todos los que nos rodean, y por extensión, a todos aquellos que alguna vez hemos ofendido.

Invocaciónes
La invocación a la intercesión de la Virgen nos pone en actitud de proseguir a lo largo de la Misa en su compañía. Ella nos ayudará a descubrir las riquezas del misterio de Cristo, y formará en nosotros ese corazón eminentemente apostólico que nos lleve a poner todo nuestro esfuerzo por hacer fructificar en las almas el sacrificio redentor de Cristo.

Siguen las invocaciones a la misericordia de Cristo: "Señor, ten piedad de nosotros, Cristo, ten piedad de nosotros, Señor, ten piedad de nosotros", en esta fórmula o en otras equivalentes. "Señor" se refiere a Cristo resucitado y "Cristo" a Cristo crucificado, por lo tanto, nos dirigimos a Cristo en su misterio pascual, que vamos a celebrar.

Tengamos presente que en la medida en que uno se siente pecador, en esa misma medida uno aprovecha la Misa, pues comprende la necesidad que tiene de Dios. Recordemos la parábola del fariseo y del publicano: ¿Cuál de los dos regresó justificado? Actuemos pues nuestra fe y mantengamos durante toda la Celebración Eucarística una actitud de deudores dando gracias por el perdón, pidiendo por nuestras necesidades y del prójimo, pecadores satisfaciendo con Cristo, creaturas redimidas adorando, apóstoles rogando con Cristo por la salvación de las almas.

Gloria.
En los días de fiesta y domingos, excepto durante el tiempo de Adviento y Cuaresma, se reza el Gloria: "Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor...". Es un acto de adoración a Dios Nuestro Señor y de alegría por la salvación que nos trae. Terminan los Ritos Iniciales con la Oración Colecta, u Oración sobre la Asamblea, en la que el sacerdote invoca el favor de Dios sobre la asamblea reunida, para que pueda celebrar con dignidad y provecho los misterios sagrados.
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