Autor: | Editorial:
Evangelizar en Internet
Domingo 6 de abril de 2003.
Hola, amigos:
La presencia de la Iglesia en todos los foros y medios de comunicación es una necesidad para la evangelización de nuestro tiempo.
Breve preartículo
El día de ayer, sábado, terminó el Congreso Continental sobre Iglesia e Informática, realizado del 2 al 5 de abril de 2003 en la ciudad de Monterrey, México. El Santo Padre pidió al Cardenal Angelo Sodano, Secretario de Estado de Su Santidad, que hiciera llegar su saludo a los participantes. El mensaje fue firmado por el Cardenal y leído en el Congreso por el Arzobispo Giuseppe Bertello, nuncio apostólico de Su Santidad en México. En dicho mensaje se decía lo siguiente:
La Iglesia ha mantenido constante la preocupación por la transmisión de la fe y hoy apela a la solicitud de todos en un esfuerzo evangelizador que cuente con los nuevos instrumentos de comunicación cuyo soporte es la informática, sin olvidar aquellos medios de siempre gracias a los cuales la evangelización ha llegado hasta los confines de la tierra. La Iglesia está en el corazón de todos los medios, de los más antiguos y de los más modernos...
La pregunta que las nuevas tecnologías plantean por el hombre, el cual se ve inmerso en un mundo tecnologizado, sigue siendo la pregunta por el sentido de la vida: «¿quién soy? ¿de dónde vengo y adónde voy?, ¿por qué existe el mal?, ¿qué hay después de la vida?» (Redemptoris missio, 1) y en cualquier período, la Iglesia ofrece la única y definitiva respuesta satisfactoria a las preguntas más profundas del corazón humano: el mismo Jesucristo... Por tanto, los cristianos nunca deben permanecer callados, recordando que el Señor nos ha confiado la palabra de salvación que anhela todo corazón humano.
El mensaje del Cardenal Sodano agradece a la Red Informática de la Iglesia en América Latina (RIIAL), bajo el acompañamiento del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales y del CELAM, el haber sabido encauzar las inquietudes continentales ante las novedades comunicacionales y tecnológicas hasta este foro. El arzobispo John P. Foley, Presidente del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, añadió importantes comentarios y preguntas:
La Sociedad de la Información quedaría vacía si ignorara los factores humanos, éticos y espirituales que la sostienen. Cuanto más tecnificada una sociedad, más importancia reviste la persona humana y el misterio de su dignidad. ... Estamos abiertos al Espíritu Santo para poner los instrumentos tecnológicos al servicio de la persona humana, de las comunidades, y de la comunión y el progreso. ... ¿Cómo puede la Iglesia de Cristo hacerse oír por el espíritu moderno, tan orgulloso de sus realizaciones y al mismo tiempo tan inquieto por el futuro de la familia humana?
Cuerpo del artículo
Éste ha sido el primer congreso continental sobre Iglesia e Informática. Se pudo seguir por Internet día a día, incluso activamente, mediante preguntas y respuestas, diapositivas, videos, conferencias, entrevistas, etcétera, haciendo gala de los modernos medios digitales.
Los participantes fueron de primera línea, además de que, de un modo u otro, todos tuvieron alguna forma de participar. Lo más sencillo fue seguir el acontecimiento por la Red, tan sólo enterándose de lo que sucedía.
Entre las múltiples participaciones, me interesó en especial la del Cardenal Darío Castrillón Hoyos, Prefecto de la Congregación para el Clero, tanto por su contenido como por su amenidad. Dijo que, según algunos estudios, dentro de 10 a 15 años el 30 por ciento de las parejas que se casen se habrán conocido a través de Internet, dato que nos ayuda a conocer una de las grandes características de la cultura de la era digital: los seres humanos conocen mejor a sus compañeros de chat que a sus vecinos de condominio.
También mencionó el dato de que en 1996 un grupo de periodistas del Times hizo una búsqueda en la Red y encontró 25,000 referencias de Bill Gates, 410,000 referencias de Dios y 146,000 referencias de Cristo. Resultó evidente que Dios y Jesucristo no están ausentes de Internet. Veamos esta participación con mayor detenimiento.
El fenómeno religioso: La evangelización en la era digital
Ése fue el título de la conferencia del Cardenal Castrillón, y también ésos fueron los dos principales temas en que la dividió. En relación al fenómeno religioso en la Web, habló del secularismo virtual, del relativismo on line, del sincretismo digital y de Web y libertad.
El secularismo virtual aparece en los múltiples portales religiosos que hay en la Red. ¿Nos encontramos ante verdaderos sitios religiosos o ante creaciones consumísticas hechas a la medida del hombre de hoy? ¿Estamos ante nuevas formas de secularismo? ¿Cómo se presentan las religiones en la Web?.
La respuesta parece ser ésta: En muchos sitios-web de aspecto aparentemente religioso sólo encontramos una pseudosacralidad. La secularidad se presenta no ya como ausencia de elementos sagrados, sino como ofrecimiento, casi comercial, de religiones sin sacro o con un concepto irreal del sacro, hecho a la medida del ser humano. Internet, como mercado, busca satisfacer las necesidades de las personas, y entre ellas se encuentra el deseo de transcendencia.
El relativismo on line se encuentra casi en todas partes, ya que nada es absoluto, ni siquiera la verdad. Al entrar en la Red, el navegante encuentra múltiples propuestas de felicidad que se le ofrecen con argumentos muy atractivos, con múltiples promesas de una vida mejor, de superación personal, pero sin referencia a la verdad de sus contenidos. Es más, para un hombre de hoy, hablar de verdad resulta casi de mal gusto.
El sincretismo digital nos invade desde todos los ángulos: Desde el punto de vista religioso, Internet se presenta como un instituto de belleza interior, como un gimnasio psico-físico en el que se reciben extraordinarias lecciones de sabiduría comprimida. Religiones orientales, New Age, cristianismo, esoterismo, supersticiones, todo se mezcla, todo se vale, y en el fondo lo mismo da una cosa que otra.
Web y libertad es un tema que rebosa aceptación de parte de la gran mayoría de los cibernautas: Se puede acceder al sitio de una organización terrorista, a páginas de pornografía o a organismos de resistencia antiglobalización, todo en espacio de segundos, y sin ningún compromiso por parte del surfer cibernético. El mundo de los internautas es un mundo libre, sin compromisos, sin trabas, sin normas. No hay obligaciones: Internet es como el altar en el que se rinde culto al concepto de libertad nacido en los albores de la última modernidad, donde esta palabra ha asumido diferentes características míticas.
Con referencia a las claves de la evangelización en la era digital, el Cardenal Darío Castrillón desarrolló los temas de evangelizar desde Internet, del encuentro personal con Cristo, de la vida de la Iglesia on line y de una nueva forma de inculturación.
Evangelizar desde Internet es una expresión del deber de evangelizar, propio de todo cristiano ―nos viene a decir el Cardenal Castrillón―, como lo ha enseñado el Papa actual:
Internet puede ofrecer magníficas oportunidades para la Evangelización si se usa con competencia y con una clara conciencia de sus fuerzas y sus debilidades. Sobre todo, al proporcionar información y suscitar interés, hace posible un encuentro inicial con el mensaje cristiano, especialmente entre los jóvenes, que se dirigen cada vez más al mundo del ciberespacio como una ventana abierta al mundo. Por esta razón, es importante que las comunidades cristianas piensen en medios muy prácticos de ayudar a los que se ponen en contacto por primera vez a través de Internet, para pasar del mundo virtual del ciberespacio al mundo real de la comunidad cristiana.
(Juan Pablo II, Internet: un nuevo foro para la proclamación del Evangelio, Mensaje con ocasión de la Jornada de las Comunicaciones sociales 2002, 3).
El encuentro personal con Cristo, clave de toda auténtica evangelización, es el tema principal, como se deriva de la cita anterior de Juan Pablo II. Esta es la clave de bóveda de toda Evangelización: abrir la puerta de la fe para que Cristo, el Redentor, entre en nuestras vidas. Por eso es tan importante que al evangelizar en la Red la vida cristiana no se quede en la Red, sino que llegue a la intimidad de la persona y la mueva a acercarse a la comunidad eclesial.
La vida de la Iglesia on line, en conformidad con lo anterior, surge como una oportunidad ante mucha gente alejada que ve hoy a la Iglesia como una institución llena de imposiciones, legalista; gente que no comprende que esas leyes son camino de libertad, de una libertad que debe ir guiada por el amor.
Una nueva forma de inculturación. La Iglesia tiene el deber de aprender los nuevos protocolos comunicativos y los nuevos lenguajes telemáticos para poder continuar su diálogo con la humanidad. Sólo así podrá establecer un verdadero diálogo con el hombre de hoy en un medio como Internet, que es esencialmente interactivo.
Mi encuentro con el portal de Catholic.net
Yo acostumbro entrar diariamente al portal del Vaticano, y me gusta decir que lo hago para saber lo dijo e hizo Pedro el día anterior, aun tratándose de un portal poco o nada interactivo. Y sin haber hecho un concienzudo análisis, como el del Cardenal Castrillón, de lo que sucede en los otros numerosos portales religiosos de la Red, he tenido la experiencia de encontrarme con todo lo que él dice; quizá por eso he disfrutado tanto su documento.
En mi máquina tengo como página inicial la de Microsoft en español: T1msn. Y sucedió que un día, al arrancar mi equipo, vi ahí el título de un artículo interesante; lo leí y me pareció que tenía un criterio moral muy acertado, incluso con mención de aspectos religiosos católicos. Me pareció raro, por lo que busqué la fuente, que era Catholic.net; activé el vínculo y así fue como llegué por primera vez al portal de Catholic.net, que me pareció muy interesante y evangelizador, además de ser muy interactivo y ambicioso. Retrospectivamente, me pareció haber descubierto un sitio religioso que cumplía con los lineamientos que hemos venido analizando.
Al estar navegando en Catholic.net llegué a una página en la que me invitaban a participar, incluso con artículos y libros. Escribí para preguntar cómo colaborar y cuáles eran los requisitos, y me respondieron que no había más requisitos que la fidelidad al Magisterio de la Iglesia. Esa respuesta me encantó; nos seguimos carteando y así fue como empecé a colaborar en Catholic.net, de lo cual estoy verdaderamente muy contento. El resultado fue la creación de nuestra Comunidad de Investigaciones Teológicas, que sigue y seguirá en construcción por algún tiempo, por tratarse de un proyecto muy moderno y ambicioso.
Nuestra Comunidad de Investigaciones Teológicas
Dicho de manera muy breve, lo que pretende nuestra Comunidad de Investigaciones teológicas (IT) es ofrecer un lugar donde puedan poner sus escritos aun no terminados los investigadores católicos, y de esa forma puedan, aun antes de publicar sus obras, recibir los comentarios y críticas de sus colegas de todo el mundo.
Lo normal es que los teólogos, y los investigadores en general, conozcan sus mutuos trabajos cuando ya están publicados, a menos que sean colegas dentro de una misma universidad o que sean amigos que viven en la misma ciudad o que se escriben frecuentemente. Fuera de estos pocos casos, un investigador sólo puede conocer los comentarios que otros investigadores hacen a sus obras después de que éstas han sido publicadas, con la consecuencia de que sólo podrá aprovecharlos hasta la siguiente edición de la obra de que se trate, si es que la siguiente edición llega a darse.
En cambio, en una sección sobre investigación teológica en curso ―o sobre cualquier tipo de investigación en curso― de un portal de Internet, los investigadores podrán poner ahí cada capítulo terminado, o incluso cada borrador de algún subcapítulo u otra sección menor. Entonces los otros investigadores, de cualquier parte del mundo, podrán hacerle sus comentarios sobre la marcha, y él podrá tomarlos en cuenta desde antes de publicar su obra; es decir, podrá tener la retroalimentación oportuna no sólo de sus colegas y amigos íntimos, sino de toda la comunidad de investigadores de áreas afines.
Los escritores debemos reconocer que no solemos tomar con el mismo ánimo los comentarios que se nos hacen antes de publicar una determinada obra, que los que se nos hacen después de haberla publicado. En el primer caso los agradecemos y podemos usarlos para corregir o modificar lo que estamos escribiendo; en el segundo caso, en cambio, solemos defendernos de ellos, en ocasiones casi como si fueran agresiones, y las probabilidades de que los usemos para corregirnos o modificar lo que pensamos ―y ya publicamos― disminuyen drásticamente. De ahí la enorme conveniencia de que dichos comentarios se hagan del primer modo.
Con la debida prudencia en esta novedosa iniciativa, podremos lograr algo que nunca en el pasado a podido lograrse acabadamente. Los investigadores podrán solicitar incluso, si así lo desean, comentarios del Magisterio de la Iglesia antes de publicar sus obras. Me parece que se trata de algo bueno y novedoso, gracias a las posibilidades de Internet, y que está en la línea de una sana cultura católica digital.
Debemos ingeniarnos para usar Internet en beneficio de la difusión del Evangelio, como pide el Papa, a fin de no ir a caer bajo el reproche de ser, como hijos de la luz, menos hábiles en nuestros asuntos que los hijos de este mundo (cfr. Lucas 16, 8).
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