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Autor: | Editorial:



La celebración litúrgica de la Eucaristía













Unidad 3 La celebración litúrgica de la Eucaristía

TEMA 11 La fiesta más grande de los cristianos: la Misa
TEMA 12 Los ritos de introducción, fiesta que nos reúne y reconcilia
TEMA 13 La Liturgia de la Palabra: palabra que se vuelve diálogo y alimento de nuestra fe
TEMA 14 La Liturgia Eucarística: mesa del sacrificio y banquete para la vida
TEMA 15 Los ritos de conclusión: envío y compromiso
TEMA 16El culto a la Eucaristía fuera de la Misa

TEMA 11 La fiesta más grande de los cristianos: la Misa

OBJETIVO

Sensibilizar a los participantes a vivir cada Eucaristía como una verdadera fiesta.

NOTAS PEDAGOGICAS

Invitar clara y alegremente a cada persona a descubrir su manera de vivir como cristiano.

Muchos cristianos van a Misa por obligación o por necesidad de relación vertical con Dios. Insistir que la Eucaristía es una celebración del Pueblo de Dios.

Necesitaremos un letrero con la frase: “Fiesta: celebración de la vida” o “Celebrar a Dios es nuestra fuerza” o bien, “Este día está dedicado al Señor. No estén tristes. La alegría de Yahvéh es nuestro amparo” (Neh 8, 10). Preparar un altar con un Cristo o la imagen de la Virgen María. Llevar un florero, flores, veladoras, cerillos, un pandero, una guitarra, un libro o varios libros de cantos.

VEAMOS

- ¿Qué son las fiestas?
- ¿Podríamos decir que existe un motivo común por el cual todo ser humano o toda cultura necesita las fiestas?
- ¿Cuáles son las fiestas que más gozas o más satisfacción te han dejado?
- ¿Qué se vivió en ellas?

Las fiestas son y han sido momentos importantes en los que cada familia, población o cultura, expresan el gozo de vivir, de ser, de pertenecer. Y hay un motivo que les une a las otras personas, con las cuales quieren unir su gozo y expresarlo en un festejo, como un éxtasis de la vida.

También es importante clarificar que hay diferentes tipos de fiestas y la experiencia que tenemos en ellas.

Por ejemplo, en una fiesta de matrimonio participan muchas personas y cada una de ellas lo vive de manera diferente, según lo que le significa. Por ejemplo los papás de los novios sienten dolor por la separación de su hijo o hija, quizás preocupación por el futuro de ellos o la angustia de la soledad al partir un miembro de su hogar.

Por otra parte, los invitados son tan diferentes. No todos viven igual esta celebración, aunque todos hayan sido invitados a ella. Unos van como amigos; unos íntimos y otros superficiales. Otros van por ser familiares o conocidos. Y así cada participante tiene una experiencia diferente. Y sin embargo, es un sólo motivo: participar en esa fiesta.

Nos queda claro que cada persona participa y vive la fiesta según el motivo que le une a ella.

PENSEMOS


Lc. 14,15- 24 (El banquete - los invitados que se excusan).

En este tema veremos que la Misa es la fiesta más grande de los cristianos. ¿Por qué será?.

Jesucristo es quien nos revela el amor de Dios. Es Dios hecho hombre y ha venido a hacer a los hombres hijos de Dios.

Todo lo que Él es y hace por nosotros, se hace presente en cada Misa: su vida, sus palabras, su entrega permanente, su muerte en la Cruz, su resurrección. Por eso es urgente que tomemos conciencia de la grandeza de esta fiesta de amor, fiesta de salvación, y veamos cómo estamos participando en ella. ¿Somos invitados?, ¿Somos familiares o participamos del motivo del Pueblo que celebra y vivifica su fe?

Hemos visto que las fiestas son momentos importantísimos de la vida y del regocijo de un pueblo, de una familia. Por esto es bueno que nos cuestionemos: ¿Son nuestras Eucaristías un momento de fe viva y gozosa? ¿Son el momento privilegiado de encuentro, comunicación y fortalecimiento de nuestra vida como hijos de Dios?

La Misa requiere una participación activa y alegre, pues estamos en una fiesta.

La Misa es en realidad una fiesta. Hay signos externos que nos ayudan a estar en ambiente de fiesta. Encontramos flores, cantos, asientos preparados para que quien asista se encuentre acogido. Hay una mesa de la que participamos todos los invitados al banquete.

Ya está todo dispuesto. El Señor que nos invita nos espera para el encuentro. Y la mejor manera de ser fieles que aceptan la invitación de su Señor, es la participación. Se requiere para esto una doble actitud. A la vez una disposición pasiva de quien sabe escuchar, acoger, estar en espera, y por otra parte la respuesta dinámica de quien responde, dialoga, se alegra, canta.

ACTUEMOS


Al principio de nuestro tema decíamos que hay diferentes maneras de estar y participar en una fiesta, debido a los diferentes motivos, necesidades o a la relación que tenemos con la fiesta.

Ahora nos podríamos preguntar:

- ¿Cuáles son los motivos principales por los que las personas van a Misa?

Nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica en el número 1136:

“Quienes celebran esta acción,... participan ya de la Liturgia del Cielo, allí donde la celebración es enteramente comunión y fiesta”.

- ¿Qué te exige a tu vida personal?

- ¿Qué te ayudaría en tu parroquia para que la Eucaristía fuera más alegre, viva y participativa?

CELEBREMOS


Dar a cada participante algo de los elementos festivos: flores, luces, música, etc. Se hacen grupos de cinco personas y que compartan lo que les significa lo que les tocó llevar para la participación en la celebración, lo que tiene que ver esto con la vida.

Hemos visto lo que es la fiesta como un momento cúlmen de la vida. Hemos profundizado en la necesidad de participar activamente en las celebraciones litúrgicas, para llevar a Dios en nuestras vidas y presentarle nuestras vidas a Dios.

Vamos a vivir un momento celebrativo, el cual lo vamos a organizar entre todos. Cada uno es un elemento de esa celebración, y sería más hermoso si las flores encuentran el florero para unirse; el cerillo y las veladoras se funden, así vamos a unir nuestros corazones para alabar a Dios con un canto o porra u oración, como el grupo lo decida.


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