Menu




Autor: | Editorial:



La grandeza del matrimonio

CAPITULO 1: LA GRANDEZA DEL MATRIMONIO




6. La riqueza del matrimonio no puede entenderse y vivirse plenamente fuera de la fe. Su belleza, su grandeza y su lugar en la creación y en la Redención son difíciles de captar si no se ve en él algo más que una costumbre social. El matrimonio tiene obviamente una importancia social, y es normal que sea una costumbre social, pero es más que eso. Cuando el ateísmo teórico y práctico hace su aparición, se considera falsamente al matrimonio como el producto de una idea o institución humana, la realidad es que es una institución divina:


    "… el matrimonio no fue instituido ni restaurado por obra de los hombres, sino por obra divina; que no fue protegido, confirmado, ni elevado con leyes humanas, sino con leyes del mismo Dios, … Esta es la doctrina de la Sagrada Escritura, ésta es la constante tradición de la Iglesia universal, …" (Papa Pío XI, carta Encíclica: Casti Connubii -Sobre el Matrimonio Cristiano-, n. 4).


    "El mismo Dios […] es el autor del matrimonio" (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1603).


7. El matrimonio, en el plan de Dios, tiene como finalidad que los seres humanos, que son imágenes de Dios (cf. Génesis 1, 26-27), sean traídos a la existencia como fruto del amor, Amor que es Dios mismo (cf. 1 Juan 4, 8). El sentido de la existencia es el amor, fuera de él no hay vida ni felicidad auténticas. El matrimonio es un maravilloso diseño de Dios para que las imágenes de Él sean recibidas en el excelente amor humano de un varón y una mujer que se aman verdaderamente para toda la vida. El amor divino que crea el alma de la nueva persona humana (3), y el amor conyugal de los padres, dan por resultado el nuevo ser humano, don de Dios, ¡gloria de Dios! (4). Este hijo del amor debe ser educado en el amor y para el amor.


    "También el nuevo ser humano, igual que sus padres, es llamado a la existencia como persona y a la vida «en la verdad y en el amor»." (Juan Pablo II, Carta a las Familias, n. 9).


8. Esta realidad del matrimonio es tan fascinante y maravillosa que para vivirla es necesario estar unidos a Cristo: "separados de mí no podéis hacer nada" (Juan 15, 5).

9. Los jóvenes deben saber esta realidad del matrimonio; no saberla los llevará a la indiferencia y al desprecio del mismo. No son las diversiones juveniles, ni los viajes, ni el placer, ni el dinero lo que puede llenar la vida de un joven o una joven, o de cualquier ser humano; es la entrega a Dios-amor y el realizar su Voluntad lo que llena la vida y da sentido a cualquier existencia personal. Por eso, cuando Dios nos llama a algo no debemos decir que no; la vocación particular, sea para el matrimonio, sea para el sacerdocio o para lo que Dios quiera, son realizaciones en el amor, porque lo pide el Amor mismo. Despreciar las vocaciones que Dios nos llama a realizar, retenerlas o atrasarlas no es la actitud correcta. Si de algo sufre este mundo contemporáneo, es precisamente de una falta de respuesta amorosa y confiada a su Creador; sólo en Él está la vida verdadera.

10. El matrimonio es por tanto una manera de ser llamado al amor, de ejercitarlo y desarrollarlo; que se concretiza en el amor conyugal, es decir, amor entre esposos, el cual es la base del matrimonio y éste de la familia. De esta manera el matrimonio no es algo que se deja para cuando ya no existan otras cosas que hacer; ni ya estando casado para buscar los lujos en los diferentes aspectos: coches, ropa, comida, casa o casas, viajes, etcétera, sino para hacer lo que Dios nos pide, haciendo las cosas propias del matrimonio tal como su fundador y Creador ha querido. ¿Cómo ha querido que se hagan?, es lo que trataremos de explicar a través de estas páginas.

Reportar anuncio inapropiado |

Another one window

Hello!