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Teología natural y revelada
Investigación teológica (4)
Domingo 15 de junio de 2003.
Hola, amigos:
Los cristianos no debemos caer en la tentación de hacer Teología sólo natural, en el falso intento de lograr una supuesta mayor perfección científica.
Breve preartículo
Nos corresponde ahora analizar diversas modalidades que suele adoptar el desarrollo de la Teología. La realidad fundamental es que Dios es un ser personal, que conoce y ama, y que de hecho se ha comunicado con el hombre. Esta comunicación, o Revelación divina, comenzó históricamente antes de que el hombre iniciara el desarrollo de la Teología o estudio científico de Dios. Y también históricamente, los hombres que iniciaron la Teología lo hicieron sin saber bien que Dios ya se había revelado, aunque lo hubiera hecho con otros hombres.
Por tal motivo la Teología, como ciencia humana de Dios, se inició sin tener en cuenta la Revelación divina y contando sólo con el uso natural de la razón humana; esto sucedió entre los filósofos griegos pocos siglos antes de Cristo. Por supuesto, diversas religiones existían ya con milenios de anterioridad, pero el conocimiento de Dios no había gozado aún del carácter científico.
El hombre siempre necesitó de cosmovisiones globales que le permitieran ubicarse en el ámbito de todo lo real, y las había elaborado con bases mágicas, supersticiosas, mitológicas y religiosas, pero fueron los griegos quienes tuvieron la idea de fundamentar su cosmovisión racionalmente, intelectualmente, en base a un por qué o a una causa; mérito que se tribuye a Tales de Mileto (siglos VII-VI A. C.), a quien por tal motivo se considera como padre de la ciencia.
Debe también tomarse en cuenta que la metodología científica de aquella época era todavía incipiente. De otra parte hay que notar que Frege (1848-1925), el mayor lógico después de Aristóteles, sostiene que antes de él no se había logrado mayor rigor demostrativo que el exigido por Euclides (315-225 A. C.). La ciencia griega, por tanto, había logrado importantes desarrollos en algunos aspectos, y en muchos otros no.
Así pues, la Teología se desarrolló primero al modo griego, sin tener todavía conocimiento de la Revelación divina. Y cuando los destinatarios de la Revelación, judíos y cristianos, tuvieron noticia de la ciencia griega, y también, cuando los teólogos griegos tuvieron noticia de la Revelación divina, surgió un común deseo de conocer a Dios del modo más completo posible, aunando la razón humana y la Revelación divina, o tratando de entender la Revelación divina con los mejores desarrollos de la razón humana. Así fue como surgieron las dos grandes modalidades de la Teología, la natural y la revelada.
Aunque estos artículos pueden leerse independientemente, hay entre ellos una relación; debido a lo cual se aprovechará mejor la lectura de cada uno si previamente se han leído los anteriores, que pueden encontrarse activando el siguiente vínculo:
Investigación teológica
Cuerpo del artículo
Dios ha tenido la delicadeza de revelarse mostrando sus credenciales divinas a aquellos a quienes se les revela, y lo ha hecho con gran poder, mediante milagros y profecías; pero no lo ha hecho así con todos los hombres, uno por uno. Por eso, los testigos de particulares revelaciones divinas las han transmitido verbalmente o por escrito a las generaciones futuras, que han tenido que creerles. Dios también ha revelado cosas que no podemos comprender, o que no podemos comprobar, por quedar muy lejos en la historia o por otros motivos, como sucede con los relatos de la creación universal y la de nuestros primeros padres, Adán y Eva.
El hecho es que el hombre de hoy tiene que creer a fin de conocer la Revelación divina, ya sea que crea en Dios mismo como Uno y Trino, ya sea que crea en lo que Dios ha dicho, ya sea que crea en lo que nuestros antepasados le dicen que Dios ha dicho. Pero el hombre de hoy no suele tener buena disposición para creer, sobre todo en los contenidos de la Teología revelada.
En lo referente al conocimiento científico de Dios hoy no se quieren aceptar los testimonios de fe, aunque versen sobre acontecimientos naturales extraordinarios, como la apertura del Mar Rojo o los milagros de Cristo, contra todo carácter fidedigno de los testigos; y tampoco se quieren aceptar los raciocinios en que las premisas o las conclusiones versen sobre realidades espirituales, contra toda Lógica.
Parece haber una mala voluntad respecto al conocimiento científico de Dios. Parece haber un deseo de relegar a Dios al ámbito subjetivo de las opiniones y de las creencias personales, y de tal modo equiparar todo conocimiento de Dios a las opciones subjetivas en favor de las fantasías y de las supersticiones.
La fe en el desarrollo de las ciencias
A la Teología revelada se acostumbra llamarle simplemente Teología, y a la natural se acostumbra llamarle Teología natural, explícitamente, o también Teodicea, término acuñado por Leibniz. Como Dios no es un ser material, perceptible físicamente, su conocimiento científico requiere demostración en Teodicea; pero hoy se quiere dejar a Dios fuera de toda posible demostración y de todo posible conocimiento científico. De esto hemos hablado ya en artículos anteriores. Ahora trataremos de la no aceptación del conocimiento de fe en lo que, se objeta, sería un pretendido e inaceptable desarrollo científico de la Teología revelada.
Se arguye que la ciencia no admite datos o conocimientos de fe. Sin embargo, la fe es un modo humano legítimo de saber. Si no traigo reloj y otra persona, a petición mía, ve su reloj y me dice la hora, si no le creo, sigo sin saber la hora; en cambio, si le creo, ya sé qué hora es. Este modo de saber es humanamente legítimo. Y más aun, con frecuencia empeñamos nuestra vida en base a la fe, como cuando creemos que el médico que nos opera sabe lo que hace, cuando creemos que el piloto del avión nos llevará a salvo a nuestro destino, cuando creemos que nuestros padres realmente lo son, etcétera.
Pues bien, la fe también tiene un lugar destacado en el desarrollo de las ciencias, incluso de las más modernas. En efecto, los científicos se creen unos a otros sus avances y descubrimientos. Un científico no se pone hoy a comprobar personalmente las leyes de Newton, por poner un ejemplo, sino que le cree a Newton y a la comunidad científica. Y también nos creemos a nosotros mismos. Yo me creo a mí mismo que hice bien mi declaración de impuestos del año pasado, y en base a esa declaración y a ese saldo elaboro la declaración siguiente, sin ponerme a revisar detalladamente la declaración pasada con todos sus movimientos.
Y el científico hace lo mismo: se cree a sí mismo lo que ya demostró o comprobó en el pasado, de lo cual tiene precisos registros. No es el caso de que en cada nuevo avance revise todo su historial científico de lo que no tenga fresco en su mente es ese momento. Si en el mundo de las ciencias no hubiera una indispensable y continua fe, ningún científico en ningún momento podría tener mayor ciencia que la de los contenidos que fuera capaz de tener frescos simultáneamente en su cabeza. Todo se resolvería en no confío en mi memoria, no me creo, no te creo, no les creo, no estoy seguro, no logro avanzar, etcétera. La ciencia se reduciría a algo pequeñísimo, en vez de ser lo que es.
Se acaba de lanzar una nave espacial a Marte, en pleno ejercicio de la investigación científica. Y antes del lanzamiento se lleva a cabo una rutina para comprobar que todos los sistemas estén en orden. El jefe del proyecto pregunta a cada uno de los encargados de los diversos sistemas si están listos, y cada uno va respondiendo afirmativamente, ¡y se les cree! Los tripulantes de todas las naves espaciales dialogan con el personal que está en tierra, ¡y se creen unos a otros! De otra forma la investigación científica espacial no podría avanzar. Y lo mismo sucede con todas las otras investigaciones científicas.
La fe es esencial a la ciencia humana. ¿Por qué ha de ser rechazada justamente en la Teología revelada? ¿Por qué ha de dejar de creérsele justamente a Dios, como si Dios fuera, por excelencia, el indigno de fe? ¿Por qué ofender a Dios de esa manera? Hay mucha incoherencia en todo esto, y quizá una gran dosis de ingenuidad de parte de muchos, y quizá también una buena dosis de deshonestidad de parte de algunos.
¿Cuál Teología es más científica, la natural o la revelada?
Muchos piensan que la Teología revelada es menos científica que la natural, por el solo hecho de que la revelada incluye datos revelados, que se aceptan por fe. En conformidad con esta postura parecería que el objeto de la ciencia no es la verdad, sino la no-fe; que hacemos ciencia no para conocer la realidad con segura verdad, sino que hacemos ciencia para no creer. Y de hecho algunos científicos, por el solo hecho de serlo, se sienten casi obligados a renegar de su fe, efectivamente, como si hicieran ciencia para no creer.
Si Dios lo sabe todo y no puede mentir, o no puede engañarse ni engañarnos, o sabe lo que dice y dice lo que sabe, ¿por qué no creerle? Si Dios creo el universo, ¿quién mejor que Él sabe cómo fue creado? Si Dios creó al hombre y le dio un destino, ¿quién mejor que Él sabe del hombre y su destino? Si Dios le da a cada creatura, en cada instante, todo su ser y todo su obrar, ¿quién mejor que Él conoce la naturaleza y el obrar de toda creatura, y de la Creación entera? ¿Por qué rechazar la sabiduría del Sabio, que además es el Creador, el Conservador, el Premotor y el Providente?
Es comprensible que los que no tienen fe, en su afán de conocer a Dios, hagan sólo Teología natural, como sucedió con Aristóteles. Pero es verdaderamente tonto que los cristianos andemos cuidadosamente haciendo Teología natural, distinguiéndola de la revelada, como si la Revelación no existiera... ¡y todo en aras de lograr una Teología más científica! Los que hacen esto... verdaderamente... se exponen al ridículo, sobre todo ante la Corte Celestial. ¿Qué pensarán los ángeles y los santos al ver semejante actitud? ¿Se echarán a reír o se echarán a llorar?
Tanto más científico es un conocimiento cuanto más seguramente verdadero es. La Lógica nos enseña que en un argumento cualquier proposición puede hacer las veces de premisa, y que es proposición cualquier expresión que inequívocamente sea verdadera o falsa. Y también nos enseña que si las premisas son verdaderas y el raciocinio es correcto, entonces la conclusión tiene que ser verdadera. Y las premisas son verdaderas si se adecúan a la realidad, sin importar de dónde provengan.
Por tanto, todas las proposiciones reveladas por Dios, por el solo hecho de ser verdaderas, pueden ser premisas que contribuyan a lograr conclusiones verdaderas y hacer avanzar la Teología. Y por los mismos motivos, por el solo hecho de ser verdaderas, todas las proposiciones reveladas por Dios pueden ser premisas que contribuyan a lograr conclusiones verdaderas y hacer avanzar... ¡cualquier ciencia! No darse cuenta de esto es, en el fondo, no entender bien qué es la Lógica, y tampoco entender bien qué es la ciencia, y tampoco entender bien que la Lógica es el instrumento privilegiado de toda ciencia humana.
No tener en cuenta la Revelación divina, en cualquier tipo de saber, es semejante, toda proporción guardada y cambiando lo que hay que cambiar, a que un médico no tome en cuenta el testimonio del enfermo, quien, mejor que nadie, sabe cómo se siente. Y que los cristianos andemos haciendo Teología sólo natural, es semejante a que traigamos un ábaco en el portafolio, en vez de una calculadora electrónica. Es, en el fondo, andar dándole tributo al mundo, aun a precio de despreciar a Dios.
Un ejemplo de aplicación de datos revelados
Veamos lo que puede descubrirse a partir de una premisa revelada, de fe, y otras premisas de razón. El dato revelado afirma, en boca del salmista, la concepción del hombre en pecado. Aquí tenemos el argumento, que tiene 5 premisas y 5 conclusiones, separadas por una línea punteada:
(1) En pecado me concibió mi madre (premisa de fe: Salmos 51, 7).
(2) El pecado, o falta moral, sólo es imputable a personas (premisa de razón).
(3) En el momento de la concepción el concebido no es libre (premisa de razón).
(4) Quien no es libre no comete pecados personales (premisa de razón).
(5) Las personas tienen dignidad y derechos (premisa de razón).
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(6) Al concebido se le imputa pecado en el momento de la concepción (viene de 1).
(7) El concebido es ya persona en el momento de la concepción (de 2 y 6).
(8) El concebido tiene dignidad y derechos ya en el momento de la concepción (de 5 y 7).
(9) La persona no comete pecados personales en el momento de la concepción (de 3 y 4).
(10) La persona es concebida con un pecado que no es personal (de 6 y 9).
La premisa (1) es de fe, y su verdad no es nada clara.
Las premisas de razón, (2) a (4), son claras y verdaderas.
La conclusión (6) viene de (1), la premisa de fe.
La conclusión (7) viene de (6), y por tanto remotamente de (1).
La conclusión (8) viene de (7), y remotamente de (1).
La conclusión (9) viene sólo de (3) y (4), no de (1).
La conclusión (10) viene de (6), y remotamente de (1).
La conclusión (9) nos ha servido sólo como un paso para llegar a la (10), por lo que no nos interesa mucho en sí misma. Todas las otras conclusiones tienen su apoyo en (1), que es la premisa de fe, que no es nada clara, sino muy obscura. Aun así, si la consideramos como verdadera por fe, por pertenecer a la Sagrada Escritura, que tiene a Dios como autor principal, es muy notable todo lo que llegamos a conocer como verdadero, por poder demostrarse a partir de una verdad de fe.
La conclusión (10) nos dice que la persona humana es concebida con un pecado que no es personal. La verdad de (10) es muy oscura, pero nos ayuda enormemente en Teología, porque nos hace comprender que la doctrina del pecado original es creíble, ya que explica ese oscuro pecado con el que somos concebidos; lo cual nos ayuda también a comprender que tengamos tendencias desviadas, aclarando así muchas cuestiones psicológicas y sociológicas.
Las conclusiones (7) y (8) nos dicen que al momento de la concepción el ser humano ya es persona, y que ya tiene dignidad y derechos. Estas conclusiones resuelven de golpe los problemas del aborto voluntario y del manejo de embriones, que traen hoy al mundo de cabeza. Se resuelven cuestiones morales, médicas, psicológicas, sociológicas, legislativas, ejecutivas, judiciales, pedagógicas, de medios de comunicación, etcétera.
Una premisa revelada no sólo ayuda a la Teología, sino a muchas otras ciencias y disciplinas, a los gobiernos y la convivencia social. Y esto es así por el solo hecho de que la premisa es verdadera; y es verdadera por el solo hecho de ser revelada por Dios. Y nuestro mundo actual no se aprovecha de ella porque no quiere creerle a Dios. ¿Cuál no será el provecho de toda la Teología revelada, cuya misión es desarrollar las potencialidades de todas las verdades reveladas? Volvamos a la Teología científica. Y los laicos, animémonos a lanzarnos al estudio de la Teología.
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